La Reserva Federal de Estados Unidos decidió incrementar nuevamente su tasa de interés de referencia en 25 puntos básicos, llevándola a un rango de 3,75%-4%. Esta acción confirma un panorama que muchos analistas ya anticipaban: un entorno donde las tasas de interés han vuelto a ser altas, lo cual ha modificado las formas de evaluación de las inversiones en renta fija.
Un análisis de BIND Inversiones subraya que esta transformación demanda un nuevo enfoque hacia los bonos corporativos argentinos. Estos instrumentos no han perdido su atractivo, pero el margen para generar ganancias exclusivamente a partir de mejoras en los precios se ha reducido considerablemente en comparación con meses anteriores.
Cuando se emite un bono en dólares por parte de una empresa, los inversores no evalúan su rendimiento de manera aislada, sino que siempre lo comparan con el de los bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados como los activos más seguros del planeta. La variación entre el rendimiento de ambos se denomina spread o “prima de riesgo”. Este representa el incentivo que el mercado demanda para prestarle dinero a una empresa en lugar de a la administración gubernamental.
Por ejemplo, si un Treasury rinde 5% anual y un bono corporativo argentino ofrece 8%, el spread resulta ser de tres puntos porcentuales (300 puntos básicos).
A lo largo de este año, los rendimientos de los bonos soberanos se han incrementado prácticamente en todas las economías desarrolladas. En Estados Unidos, el Treasury a 10 años alcanzó el 5% anual, la cifra más elevada desde 2007, mientras que el bono a dos años mostró un aumento cercano a 125 puntos básicos desde principios de año.
Este incremento se atribuye al choque energético derivado del conflicto en Medio Oriente, una inflación más persistente de lo esperado y un significativo incremento en las necesidades de financiamiento del Tesoro estadounidense, cuyo déficit fiscal y nivel de deuda siguen siendo elevados.
Este fenómeno no se limita solo a Estados Unidos. Japón ha comenzado un proceso de normalización monetaria tras años de tasas cercanas a cero, el Banco Central Europeo ha mantenido un enfoque restrictivo y los rendimientos de la deuda británica han alcanzado máximos en varias décadas.
A juicio de BIND, esta situación establece un nuevo régimen global de tasas más elevadas, especialmente para los plazos largos, que también incluye a naciones emergentes como Argentina.
Lo curioso es que este cambio internacional no ha tenido un reflejo equivalente en los bonos corporativos argentinos. Mientras los Treasuries incrementan sus rendimientos, las empresas locales han continuado reduciendo el diferencial que ofrecen por sobre esos títulos.
Como ejemplo, BIND menciona la Obligación Negociable de Banco Macro, con vencimiento en noviembre de 2026. Desde 2017, este bono ha mostrado un spread promedio de 831 puntos básicos, con notoria volatilidad. En la actualidad, este spread se sitúa alrededor de 285 puntos básicos.
Para poner esto en perspectiva, dicho spread está incluso por debajo del que brindan actualmente muchos bonos corporativos estadounidenses con calificación “Single B”.
La disminución del riesgo país, una mejor organización macroeconómica y una percepción más favorable del crédito corporativo argentino han llevado a los inversores a aceptar rendimientos relativamente menores.
A través de un análisis estadístico de diferentes regímenes de mercado, BIND concluye que el spread corporativo se ha comprimido mucho más que el riesgo país.
La conclusión principal del informe no es que los bonos corporativos argentinos hayan perdido valor, sino que los rendimientos siguen siendo razonables en términos absolutos. Lo que realmente ha cambiado es la relación entre el riesgo y la recompensa. Con los Treasuries en niveles elevados y los spreads en mínimos históricos, el margen para seguir obteniendo ganancias solo porque el mercado reduzca aún más la prima de riesgo se ha vuelto considerablemente menor.
En esta situación, una posible reversión del contexto internacional o un incremento en la percepción de riesgo podría resultar en una ampliación de los spreads, afectando más a los bonos de mayor plazo. Por ello, BIND sugiere adoptar una estrategia más conservadora, recomendando priorizar el tramo corto de la curva y realizar una selección cuidadosa de emisores, resumida en la frase: “si vamos a comprar caro, preferimos comprar corto.”























