La salida del cepo cambiario luce cada vez más cercana, aunque en el Gobierno ya dieron muestras suficientes de no estar a favor de apurar los tiempos. Tanto el Presidente como el ministro de Economía coinciden en que no vale la pena arriesgar una salida de los controles cambiarios cuando el Banco Central aún tiene reservas netas negativas. No es en lo único que tienen coincidencias: también piensan que en la Argentina la flotación del tipo de cambio a la corta o a la larga conlleva graves problemas.
Por eso, entre los grandes fondos de Wall Street creen que lo más probable es que el régimen de salida de los controles se parezca poco a lo que ocurre en otros países de la región. El problema es que la dolarización lisa y llana ya fue descartada por la cúpula del FMI.
Esto significa que el modelo ecuatoriano que alguna vez tuvo en la cabeza Javier Milei no es aplicable en la Argentina. Al menos no mientras se mantenga un programa con el FMI, a quien se le debe más de USD 40.000 millones. Sencillamente porque el Fondo no estaría dispuesto a brindar fondos frescos ni a respaldar ese plan. Implicaría reemplazar todos los pesos en circulación por dólares, pero luego también avanzar con los depósitos en moneda local de la misma manera.
La “dolarización sintética” funcionaria como un esquema intermedio entre la dolarización plena y la flotación cambiaria. Se trata justamente de hacer convivir al peso y al dólar, dentro del concepto de “competencia de monedas”, pero con un detalle fundamental: el Banco Central dejaría de emitir pesos por cualquier concepto, no sólo para financiar al Tesoro como ocurre actualmente.



















