“Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices”, advirtió Rolón, señalando el peligro de quedar atrapados en la nostalgia o en la expectativa de una felicidad futura que puede nunca llegar.
Durante la conversación, Rolón destacó que la memoria tiene un carácter “particular y enigmático”, ya que en ella se almacenan las pérdidas que los individuos quieren preservar “para que no se lo lleve la muerte para siempre”.
Sin embargo, también indicó que esos recuerdos no siempre permanecen sin cambios. “Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos”, explicó. Con el paso del tiempo, las personas tienden a glorificar ciertos momentos, relaciones o etapas pasadas de sus vidas.
“Nuestros padres que ya no están se transforman en personas por ahí más nobles de lo que fueron, más sensibles. Nuestra infancia también se puede transformar en lugares más bellos”, comentó Rolón, reflexionando sobre cómo la memoria puede alterar nuestra percepción del pasado.
El psicólogo advirtió que el verdadero desafío se presenta cuando las personas se aferran demasiado a esta versión editada del pasado y dejan de esforzarse por construir su felicidad en el presente.
Rolón enfatizó que recordar momentos felices es válido, pero es fundamental entender que “lo que fue ya está perdido”. Según él, esos recuerdos poseen un valor intrínseco, ya que ayudan a dar sentido a la vida y a apreciar el camino recorrido, los esfuerzos realizados y las conexiones establecidas.
No obstante, subrayó que estos recuerdos no deberían obstaculizar la búsqueda del bienestar en el ahora. “No nos bajemos de la vida antes de tiempo”, instó.
El especialista observó que, con frecuencia, las personas se concentran en buscar una felicidad futura o añoran una felicidad que ya no existe, olvidando experimentar el presente. “Intentemos algo aquí, ahora”, sintetizó.
Por último, Rolón enfatizó la importancia de los proyectos y sueños en la vida. Si bien no cuestiona a quienes anhelan una felicidad en el futuro, alertó sobre el riesgo de posponer continuamente la posibilidad de sentirse bien en el presente. “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”, concluyó, subrayando que las experiencias y recuerdos moldean a cada individuo, pero no definen por completo su capacidad para construir una felicidad tangible en el aquí y ahora.
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