Una de cada cinco personas confiesa que procrastina con frecuencia, pero la forma en que lo hace puede desvelar aspectos más profundos de su personalidad, según estudios recientes.
¿Te identificas como un soñador o un rebelde? ¿Eres hedonista o buscas emociones intensas? ¿Qué implican esas categorizaciones y es posible cambiarlas?
Las raíces de la procrastinación pueden estar ocultas, según el doctor Itamar Shatz, académico de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y autor de un nuevo libro sobre el tema. Comprender el tipo de procrastinador que uno es puede ser de gran utilidad. Existen nueve perfiles posibles, que a menudo pueden manifestarse simultáneamente.
Los soñadores, por ejemplo, tienden a idealizar demasiado el futuro, mientras que los rebeldes sienten que han perdido el control, y su procrastinación se convierte en una forma de resistencia ante esa sensación. Los hedonistas se enfocan en obtener gratificación inmediata, mientras que los aventureros disfrutan del riesgo de ajustarse a plazos ajustados. También están los inconstantes, que cambian de actividad con frecuencia.
Adicionalmente, hay otros grupos: las personas preocupadas, los pesimistas, los perfeccionistas y los agotados, quienes están cansados de trabajar en exceso.
El psicólogo laboral Ian MacRae, de la Sociedad Británica de Psicología, sostiene que estas etiquetas son útiles, siempre que se reconozca que no son características fijas. “Recomendaría que las personas piensen en términos de ‘Hoy estoy actuando como un perfeccionista’ en vez de ‘Soy un perfeccionista’”, apunta.
La profesora Fuschia Sirois, experta de la Universidad de Durham (Reino Unido), se opone a clasificar de esta forma y sugiere que la procrastinación casi siempre tiene una causa común: la evasión de emociones negativas. “No estamos postergando la tarea, sino eludiendo las emociones desagradables que su ejecución conlleva”, explica. Investigaciones sobre la actividad cerebral en individuos propensos a procrastinar muestran diferencias significativas en las áreas que gestionan las emociones.
“Cuando se percibe una amenaza, la amígdala se activa, y esa respuesta es más rápida que la reacción de la parte racional del cerebro, la corteza prefrontal, que nos indica que no será tan malo”, aclara.
Sirois y Shatz comparten algunas recomendaciones:
MacRae también señala que, en ocasiones, la procrastinación puede resultar beneficiosa, ya que algunos problemas se solucionan por sí mismos sin necesidad de actuar de inmediato. Pero, ¿qué ocurre con esas tareas tediosas y necesarias?
El mayor desafío suele ser sencillamente comenzar. Es fundamental concentrarse en la acción, en lugar de buscar motivación previa. De acuerdo a MacRae, la motivación surgiría una vez que se dé el primer paso, añadiendo: “Puede que lo que necesites sea ese impulso para iniciar y seguir adelante”.
Además, hay guías de servicio disponibles que brindan consejos de expertos sobre cómo manejar diversos problemas cotidianos, que incluyen adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying, trastornos de la conducta alimentaria y más.























