En recientes encuentros, las delegaciones de ambos países lograron acercar posturas. México sugirió permitir la entrada de ciertos productos agroindustriales argentinos —como carnes, aceites y vinos— a fin de equilibrar un intercambio que ha sido históricamente desfavorable para Argentina. Desde el país sudamericano, la respuesta fue positiva, valorando esta propuesta como una apertura concreta, aunque limitada.
El proceso se encuentra actualmente en una fase decisiva. Argentina ha dado su aprobación preliminar y espera una confirmación formal de México, que dé paso a la firma del acuerdo en una fecha aún por determinar.
La suspensión del esquema vigente ha tenido repercusiones directas en el sector automotriz. La falta de un acuerdo ha llevado a las marcas a limitar sus operaciones, ajustar inventarios y reorganizar su oferta ante la incertidumbre regulatoria.
El tratado bilateral en discusión prevé un sistema de cupos que facilita la importación de vehículos sin aranceles hasta alcanzar un volumen determinado. De no contar con este marco, cada unidad deberá tributar un 35%, lo que incrementa notablemente los precios finales y perjudica la competitividad de los modelos procedentes de México.
El estancamiento en las negociaciones ha evidenciado un problema estructural: el evidente desequilibrio comercial, dado que Argentina prácticamente no exporta vehículos a México, mientras que depende de ese mercado para abastecerse de varios modelos esenciales.
Diversas automotrices dependen del flujo de vehículos provenientes de México para mantener su portafolio en Argentina, especialmente en segmentos clave como SUV, sedanes y pick-ups.
La normalización del acuerdo es fundamental para evitar tensiones en el suministro. Entre los modelos afectados están aquellos de marcas como Volkswagen, Nissan, Ford y Chevrolet, en muchos casos productos que no se fabrican localmente o que han reemplazado líneas industriales en el país.
Adicionalmente, el debate incluye otros aspectos sensibles, como la duración del nuevo acuerdo. Mientras que el convenio anterior se renovaba periódicamente, el sector privado aboga por una solución más estable y a largo plazo, que ofrezca previsibilidad y eluda renegociaciones constantes.
Pese a los recientes avances, el cierre definitivo aún depende de la aceptación política de México. El acuerdo potencial no solo permitiría reactivar la entrada de vehículos sin aranceles, sino que también ayudaría a organizar una relación comercial crucial para la industria automotriz en la región.























