Con la tasa de referencia en Estados Unidos ubicada entre 3,75% y 4% y el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años alcanzando el 5,03%, la vulnerabilidad de los bonos de larga duración a cambios en las tasas se ha ampliado. Para los inversores argentinos, la situación se complica adicionalmente dado que el riesgo país ha superado los 500 puntos básicos y los costos de financiación en dólares a diez años son ahora de dos dígitos.
En este marco, muchos inversores optarán por una postura defensiva a corto y mediano plazo. La duración se convierte en un concepto clave para comprender la reacción de los bonos ante fluctuaciones en las tasas de interés. Este término mide la sensibilidad del precio de un bono ante variaciones en las tasas. Cuanto más alta es la duración, mayor es el efecto sobre el precio en caso de un ajuste de tasas.
Por tanto, un bono con vencimiento a corto plazo experimentará cambios de precio relativamente limitados ante ajustes en las tasas, a diferencia de un título a varios años, que es mucho más susceptible a tales movimientos. En este contexto, la diferencia en duración es crucial. Se señala que la curva de los bonos en Estados Unidos, los Treasuries, ha aumentado recientemente, siendo el tramo corto el más afectado: a fecha del 18 de septiembre, el bono estadounidense a dos años ofrecía un rendimiento próximo al 4,8%, en comparación con el de diez años que rondaba el 5%.
Además, el mercado ha comenzado a considerar una mayor posibilidad de nuevas subidas por parte de la Fed: para la reunión programada el 28 de octubre, las expectativas asignaban más del 55% a una posible nueva alza.
Ante esta situación, extender demasiado los plazos supone un mayor riesgo ante un eventual aumento en las tasas. Para aquellos interesados en construir una cartera conservadora en dólares, se menciona el AO27, un Bonar con vencimiento en octubre de 2027, que presenta un rendimiento aproximado del 3,8% TNA y una duración acotada.
Según la estrategia recomendada, esto permite mitigar la exposición ante un posible cambio de gobierno y concentrar el riesgo en un vencimiento considerado más manejable. La distinción con los bonos de largo plazo es significativa, ya que estos podrían ofrecer mayores rendimientos en un escenario de compresión del riesgo argentino, pero, a su vez, son más vulnerables a las fluctuaciones de las tasas y los diferenciales.
Para los inversores de perfil más agresivo, se menciona el AL35, con un rendimiento cercano al 11% TNA, como una alternativa a considerar, aunque se advierte que el momento actual de la deuda emergente es negativo, por lo que se sugiere precaución.
No obstante, la estrategia conservadora no se limita únicamente a los bonos soberanos. También se recomienda complementar el AO27 con deuda corporativa de empresas de alta calidad crediticia, con vencimientos entre 2029 y 2031. Entre las opciones citadas se encuentran YPF, Tecpetrol y Banco Macro.
La lógica aquí es distinta a la de los bonos soberanos; en este caso, se busca aprovechar el cuponazo de empresas con capacidad para generar flujo de fondos, en lugar de centrarse únicamente en la reducción del riesgo país. El informe aclara que la estrategia en el crédito argentino en dólares se centra en “devengar cupón con baja volatilidad antes de buscar compresión”.
Se enfatiza la advertencia de no extender la duración en exceso, dado que estos títulos continúan expuestos a las tasas largas de Estados Unidos.
Este criterio también se refleja en las carteras en moneda local. Se privilegia el tramo corto de la curva CER, a través de instrumentos como X30N6 y TZXD6, complementándolo con un fondo de liquidez. Esta preferencia se basa en que la inflación esperada de estos instrumentos, alrededor del 1,6% mensual para septiembre y octubre, es inferior al escenario inflacionario previsto.
Para aquellos con mayor tolerancia al riesgo, se sugieren bonos duales CER/TAMAR, especialmente el TXMD, así como el BONCAP T31Y7, como una opción táctica en función de una posible compresión. En cuanto a acciones argentinas, se mantiene exposición en el sector bancario y en Oil & Gas. En el ámbito estadounidense, la recomendación es adoptar una postura selectiva en tecnología y, al mismo tiempo, considerar sectores menos afectados por gastos en inteligencia artificial y por ciclos de tasas, como consumo básico y servicios públicos. Entre las opciones diversificadoras se encuentran Berkshire Hathaway, Spotify y Nu.























