Estuve presente en esa jornada memorable. Años antes de mi ingreso a una agencia de noticias, tuve la oportunidad de cubrir mis primeros Juegos Olímpicos, y la atmósfera en el Arena Carioca 2 fue indescriptible. Lo que ocurrió allí fue comparable a la famosa victoria de la Generación Dorada en Atenas 2004 y a la reciente hazaña de la selección de fútbol en el Mundial. Sin dudas, presenciamos un acontecimiento histórico.
Sin embargo, antes de alcanzar el triunfo por waza-ari contra la coreana Bokyeong Jeong en la final de la categoría -48 kilos, Paula recorrió un extenso camino que comenzó mucho antes de su medalla de bronce en Beijing 2008. Aquella aparición en un programa de televisión para hacerse conocida, tras un memorable enfrentamiento con un personaje de comedia, se suma a su trayectoria.
El ciclo olímpico previo a su tercera participación fue casi perfecto. Junto a su entrenadora, Laura Martinel, casi no dejaron título por conquistar. Con la asistencia de su psicólogo Gustavo Ruíz, conoce a su nueva estrategia que la llevó a ser campeona del mundo en 2015 y a conseguir la plata en los Juegos Panamericanos en Toronto, consolidándose entre las mejores judocas del planeta. De esta manera, llegó a la Cidade Maravillosa días antes que el resto de los competidores; el 25 de julio llegó a Río, acompañada de su equipo, que incluía a su sparring, Oritia González.
Ajustó su preparación para alcanzar el gran éxito en su carrera deportiva y completó su camino hacia la gloria eliminando a la rusa Irina Dolgova por ippon y a Eva Csernovickzki de Hungría con un waza-ari en un enfrentamiento tenso. Antes de avanzar a las semifinales, Paula enfrentó un inconveniente con su judogui. En conversaciones previas, Paula indicó que este contratiempo la motivó a enfocarse aún más en su meta, la que había anhelado desde pequeña.
Luego de la pausa del mediodía, el combate hacia la final del oro la enfrentó a la japonesa Ami Kondo, una de sus principales rivales. La lucha comenzó con Kondo avanzando gracias a un waza-ari. Sin embargo, Paula demostró su destreza al resistir los ataques de la deportista nipona, asegurando así la primera medalla de la delegación argentina en estos Juegos Olímpicos. Un resultado superlativo.
“Nunca había llegado a una final olímpica, así que me emocioné. Pero sabía que quedaba una lucha más para ser más feliz. Me intenté concentrar en eso”, compartió Paula tras recibir su medalla, reflejando la importancia de ese momento.
Con el combate final en marcha, el estadio vibraba de emoción, lleno de fanáticos brasileños que esperaban ver a sus atletas locales. Sin embargo, un grupo de argentinos se destacó en medio de la multitud, entre ellos su madre Mirta, su hermano Marco, por quien eligió judo, y su hermana Estefanía, acompañados de amigos y la pequeña Juana, su sobrina.
Con el inicio del combate, miles de argentinos siguieron con intensidad la transmisión. Cuando Paula sufrió un corte en el labio debido a un golpe, la tensión se palpó en el aire. Pronto, Paula, con su judogui azul, se lanzó a la búsqueda de su sueño y alcanzó la ventaja. Los últimos segundos parecieron eternos hasta que el silbato final la decretó como campeona. Fue un momento de catarsis entre Paula y su entrenadora, quien la animaba desde la esquina del tatami.
A partir de ese instante, su vida dio un giro radical, pero Paula mantuvo su humildad. “Mi mamá me dijo que me quería mucho”, comentó sobre el emotivo reencuentro con su madre. Más tarde, antes de portar la bandera en la ceremonia de clausura de Río 2016, conversamos en la Villa Olímpica, donde compartió un recuerdo imborrable: “Es como que querés volver a ese momento. Hasta me dio tristeza no poder volver ahí. Digo, por mí viviría en ese momento. No lo puedo describir, pero creo que es como un estado de felicidad que está bueno haberlo vivido, pero que no se puede expresar”.
Además, dejó una reflexión que la define: “Les digo que crean en uno y que crean que cualquiera lo puede hacer, porque yo soy una más del montón y pude lograr esto que para mí es un sueño. Todavía no lo creo, pero bueno, se pudo”. Esta filosofía la transforma en algo más que una atleta; la convirtió en un símbolo del deporte argentino.
Durante la pandemia, se volvió viral en las redes por sus desafíos de ejercicio en casa, pero antes de eso, se había ganado el cariño del público al transformarse de campeona olímpica a doctora, comprometida con ayudar al prójimo. Se unió a diversas causas sociales y, recientemente, inauguró un espacio gastronómico llamado Pareto Gluten Free en San Fernando, destinado a quienes siguen dietas sin gluten.
Hace una década, una deportista conquistó para siempre el corazón de los argentinos. Logró una actuación excepcional en una disciplina poco popular en el país. Al igual que otros momentos destacados en la historia del deporte nacional, el nombre de Paula Pareto tiene un lugar privilegiado, no solo por sus logros en el tatami, sino por su esencia y la capacidad de tocar la vida de quienes la rodean con su simpleza y calidez.























