El sonido del timbre en un hogar suele ser un elemento cotidiano para muchas personas, pero para los perros representa mucho más: puede simbolizar la llegada de alguien, un cambio en el ambiente o una situación que no logran comprender del todo. Como resultado, algunos perros empiezan a ladrar, se dirigen hacia la puerta o se alteran notablemente al escuchar ese sonido. Víctor Padilla, educador canino y cofundador, junto a Alba Fernández, de la escuela Olfateando el mundo, destacó que detrás de esta conducta pueden encontrarse diversas asociaciones. Juntos han publicado el libro Tu perro habla. Aprende a entenderlo, el cual se centra en desentrañar las señales que los perros utilizan para comunicarse. Según Padilla, el timbre no solo es un sonido para los perros, sino una señal que puede presagiar un evento inminente. A menudo se relaciona con la llegada de un visitante, y esta asociación puede repetirse innumerables veces a lo largo de la vida del animal. “Alrededor del timbre se acumulan muchas asociaciones diferentes”, precisó el educador canino. Indicó que algunos perros poseen una predisposición genética a alertar frente a cambios en su entorno, mientras que para otros, el sonido puede evocar emociones como miedo, incertidumbre, excitación o entusiasmo. Por lo tanto, dos perros pueden reaccionar de forma completamente distinta ante el mismo timbre. Mientras que uno puede acercarse con calma a la puerta, otro puede ladrar, saltar, correr de un lado a otro o incluso esconderse. Los especialistas subrayan que los perros no solo perciben el timbre, sino todo lo que sucede a su alrededor en ese momento. El comportamiento de los habitantes de la casa también puede ser una señal para el animal. Si cada vez que suena el timbre los dueños muestran nerviosismo, corren hacia la puerta o tienen una reacción intensa, el perro puede aprender a asociar el sonido con una situación significativa. Con el tiempo, puede entender que el timbre señala algo importante. “Nuestra propia reacción influye mucho”, afirmó Padilla. Así, no basta con observar solo al perro; es igual de importante tener en cuenta cómo reaccionan las personas antes y después de que suene el timbre. Esta situación puede transformarse en una cadena de asociaciones: suena el timbre, el perro asocia que alguien llegará, los dueños se levantan rápidamente y el animal responde con mayor excitación. Si esta secuencia se repite, dicha reacción puede consolidarse. Fernández y Padilla advierten que uno de los errores comunes de los tutores es pensar que la comunicación con sus perros se produce solamente cuando se les da una orden o cuando el animal realiza una acción específica. “El perro se está comunicando constantemente con nosotros, y nosotros también nos comunicamos con él todo el tiempo”, aclaró Fernández durante la presentación de su libro. Cada movimiento y reacción puede transmitir información sobre sus sentimientos o lo que intenta expresar. Desde esta perspectiva, ladrar al sonar el timbre no necesariamente indica que el perro esté actuando mal. Esta conducta puede estar relacionada con excitación, miedo o una alerta, y comprender sus razones es un paso fundamental para abordarla de manera adecuada. Los especialistas sugieren observar el comportamiento del perro en su conjunto, sin limitarse solo a los ladridos. La postura corporal, movimientos, distancia a la puerta y la forma en que interactúa con los visitantes ofrecen pistas sobre su estado emocional. Además, resulta crucial prestar atención a lo que sucede tanto antes como después de que suena el timbre. Si el perro se altera incluso antes de la llegada de una persona, puede existir una asociación muy fuerte entre el sonido y la llegada de visitantes. La educación canina no se reduce a hacer que el perro deje de ladrar. Entender por qué reacciona de una determinada manera permite abordar la situación, reconociendo lo que el animal intenta comunicar.
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Nº Edición: 75























