Actualmente juega en SUNY Canton, en Nueva York, donde también estudia. Desde allí, computadora de por medio, repasó su recorrido desde el roller porteño hasta el hockey universitario, los desafíos de vivir lejos y su sueño de continuar en Europa, con la meta de disputar algún día un Mundial con la Selección Argentina.
“Para mí significa cumplir un objetivo que tengo desde chiquita. En las primeras concentraciones nacionales de la selección junior de roller, antes del Mundial que jugamos en Argentina en 2022, nos hicieron escribir nuestros objetivos”, recordó sobre el momento en que surgió la meta que da origen a esta historia.
Todo comenzó en Buenos Aires, cuando tenía diez años. Después de mudarse con sus padres a un barrio con distintas actividades, encontró el roller hockey en una lista. Ya sabía patinar, se sumó y le encantó. Había pocos clubes, entre ellos Club 7 y Perú Beach, en San Isidro.
Su primer contacto con el hielo fue en julio de 2021, cuando una amiga la invitó a un campamento en Hungría. “Yo pensé, ¿qué tan distinto puede ser? Al cuarto día varias nos contagiamos de COVID, se cerró el campamento y terminamos varadas un mes. Además, me había costado mucho entrenar, el hielo es muy distinto de los rollers, cambian los filos, el juego es más rápido y todo se siente diferente. Volví y dije ‘nunca más hielo’”.
Continuó con el roller, pero cada vez que probaba el hielo notaba avances. “Empecé a preguntarme hasta dónde podía llegar si entrenaba todos los días sobre hielo. Es un deporte más desarrollado en otros lugares, muy conocido en Norteamérica, así que empecé a investigar qué oportunidades podía tener”, explicó.
La oportunidad concreta apareció en una exhibición en Miami. Allí le hablaron de una academia que comenzaba en Canadá, Purcell Hockey Academy. Cursaba quinto año y sabía que irse implicaba perderse momentos de su último año escolar. “Irme significaba perderme el UPD (Último Primer Día), el viaje de egresados, el cierre con mis compañeros y mi familia. Pero si me iba más tarde también perdía meses de entrenamiento. Finalmente, viajé e hice media temporada. Me encantó, aunque fue muy desafiante porque estaba con chicas de distintas partes del mundo que llevaban años. Fue frustrante, pero decidí hacer otra temporada y terminé pasando un año y medio en Canadá”.
“Hubo momentos en los que me preguntaba qué hacía ahí, cuándo podría estar en Buenos Aires, con mis amigos y mi familia, hablando español y empezando la universidad. Pero en la segunda temporada compartí con otro grupo y generé amistades muy lindas. Hoy, hablando con mis viejos, pienso que fue muy bueno haber pasado por una academia antes de ir directamente a la universidad. Me ayudó a mejorar deportivamente y a manejar mucho mejor la frustración y la exigencia”.
La familia que la alojó en Canadá y la psicóloga con quien sigue trabajando fueron importantes para ella. Aun así, las dificultades no desaparecieron. “Me pasó la semana pasada, ayer y probablemente me vuelva a pasar la semana que viene. Estar acá implica estudiar y entrenar en inglés, adaptarme a la cultura de Estados Unidos y a las chicas. A veces me pregunto si esto es lo que quiero. El hockey me encanta, pero también está todo lo demás”.
La academia le abrió las puertas del hockey universitario. En SUNY Canton, que compite en la conferencia SUNYAC, valoraron su dedicación. “Creo que vieron mi dedicación y el esfuerzo que le pongo al deporte. Siempre intento dar el cien por ciento, ya sea en el gimnasio, en un entrenamiento sobre hielo o en cada partido y cada cambio en la cancha. También mi actitud positiva. Hace poco tuvimos charlas individuales antes de empezar la temporada y ella también me dijo que soy muy coachable, recibo una devolución o una crítica constructiva y trato de aplicarla enseguida”.
A sus padres les reconoce un papel central. “Siempre me bancaron y me apoyaron en un deporte del que no tenían mucha idea, pero sabían que me gustaba, que era mi pasión y que me hacía feliz. Ellos jugaron al vóley, fueron deportistas de alto rendimiento y se conocieron jugando. Siempre me llevaron a entrenamientos y torneos, me apoyaron económicamente con los viajes y entendieron que era lo que me hacía feliz. También tuvieron que afrontar lo difícil que es tener una hija lejos”.
También destaca a Brian Sobel, su entrenador en Namibia. “A los 16 años me fui tres meses a entrenar allá, a jugar hockey sobre rollers, después del Mundial. Esa experiencia me cambió como persona y como jugadora, volví siendo otra. Brian creyó en un potencial que yo no veía en mí misma. No solo trabajó conmigo en lo deportivo, sino también en lo mental. En Buenos Aires quizá estaba entre las mejores, pero allá llegué siendo de las más lentas y con el tiro más débil”.
Además, recuerda a sus primeros entrenadores, Fede y Lu. “Vieron algo en mí, me invitaron a sumarme al club y a jugar con categorías más grandes. Siempre me apoyaron y lo siguen haciendo”.
En SUNY combina el deporte con materias de primer año de la carrera de Administración de Empresas. “A veces ya pienso en inglés y me cuesta traducir algunas cosas al español. Me pasa mucho cuando hablo con amigas y ellas me cargan porque me olvido de mi propia lengua materna”.
Las clases son por la mañana y por la tarde alterna entre la bicicleta y el gimnasio. Los viernes y sábados suelen ser días de partido. Sus metas inmediatas son sumar minutos, mantener la regularidad y aportar goles. “Realizada no me voy a sentir nunca, porque siempre voy por más. Paso a paso, primero quiero jugar los partidos. Después quiero mejorar y que las entrenadoras me vean consistente, fuerte y segura. También me gustaría sumar puntos, dar asistencias, hacer goles”.
A más largo plazo, quiere seguir jugando en Europa. “No sé si voy a llegar a la PWHL. Siendo sincera, no creo. Pero sí me imagino jugando en una muy buena liga profesional de Europa. Hay ligas competitivas en Suecia, Suiza y Finlandia. España me gusta mucho. Tengo amigas que están jugando en un club y me dijeron que es hermoso. Me gustaría vivir ahí por la cultura, el idioma y la gente”.
“Jugar un Mundial con la Selección de Hielo sería espectacular. El único requisito que nos falta es tener una cancha grande y techada. Tenemos una cancha cubierta, que es la de Fantasy, pero es chica. También tenemos una cancha grande en Ushuaia, aunque no está techada. Una cancha grande y techada nos permitiría entrenar más. También es importante que haya chicas que viajen al exterior para jugar y que, cuando vuelvan, compartan sus conocimientos”.
Lo que más le cuesta es la distancia con sus seres queridos. “Lo que hago es recordarme que esto es lo que me gusta y lo que quiero hacer. También intento mantenerme en contacto mediante videollamadas y mensajes. Me siento muy afortunada de vivir en una época en la que la tecnología nos permite estar cerca. Saber que Argentina siempre va a ser un lugar al que puedo volver en cualquier momento también me ayuda”.
Si pudiera darse un consejo, ¿qué se diría? “Me diría confiá en vos y querete. Siempre fui, y sigo siendo, muy exigente conmigo misma. Creo que tener un poco más de amor propio y confianza durante el proceso habría estado bueno para atravesar esos momentos difíciles de una manera menos complicada”.























