La neuropsicóloga Begoña del Campo explicó que los recuerdos no siempre reproducen con exactitud lo sucedido años atrás. La memoria, señaló, no conserva todas las vivencias de manera intacta y también puede reconstruir el pasado.
“Por ejemplo, personas que no recuerdan bien su infancia y dicen: ‘¿Cómo es que no recuerdo nada?’. No te preocupes, la memoria es tremendamente constructiva. De hecho, lo que recuerdas, más de la mitad es construido. No es verdad, no ha pasado”, afirmó durante una entrevista.
En esa conversación, Del Campo también habló de las experiencias difíciles que alguien pudo atravesar durante la niñez. La forma de recordar una situación, explicó, está relacionada con las emociones que se vivieron en ese momento.
Una manera de trabajar sobre esas experiencias, detalló, consiste en regresar mentalmente a la escena e imaginar que “recibís ese cariño que no recibiste por parte de esa persona que para vos era importante y no estuvo a la altura bajo tu criterio en ese momento”.
La especialista sostiene que es posible cambiar la manera de recordar ciertos episodios de la infancia. A ese ejercicio lo denomina memorias amables: reconstruir las escenas e incorporar el cariño o la protección que faltaron entonces.
“Tu cerebro lo procesa como real porque no distingue entre pasado, presente y futuro. Entonces, si le vas dando memorias amables, construís una infancia más amable”, indicó.
Del Campo también relacionó el modo de recordar el pasado con el autoconcepto, es decir, la imagen que cada persona tiene de sí misma. La interpretación de las experiencias anteriores, explicó, influye en la percepción que alguien tiene de sí en el presente.
“El pasado es algo que estás construyendo todo el tiempo. Entonces tu autoconcepto depende de tu pasado”, señaló.
Además, subrayó la importancia de reconocer cuánto cambió una persona con los años: “Tenés que mirar por el espejo retrovisor y estar superorgulloso de las versiones que has dejado atrás. Yo estoy superorgullosa de la mujer que he sido los últimos años porque estoy aquí gracias a ella”.
Por último, la neuropsicóloga abordó la culpa que muchas personas sienten por decisiones o errores del pasado. En ese marco, distinguió esa emoción de la responsabilidad de reconocer lo ocurrido y reparar sus consecuencias.
“Para soltar el pasado, la culpa es la emoción más inútil que existe en el mundo. La responsabilidad es importante para enmendar tus errores, pero la culpa no sirve de nada. Cuando mirás atrás, tenés que decir: ‘Me he equivocado muchas veces. Me perdono con amor, pero yo ya no soy esa persona’”, concluyó.























