Un estudio realizado en octubre de 2025 por el Foro de Sociedades Médicas Argentinas, que abarcó 23 sociedades científicas y casi 3.000 profesionales médicos, reveló que el 64,5% de los encuestados sufre de burnout o se encuentra en riesgo, siendo más notorio entre residentes y aquellos menores de 50 años.
Casi la mitad, un 49,8%, consideró la posibilidad de emigrar debido a las condiciones laborales. Solo el 52% afirmaría elegir nuevamente la medicina como su profesión. La realidad material que subyace a estos datos es preocupante: la mayoría de los profesionales reportó tener al menos tres o cuatro trabajos remunerados para mantener su nivel de vida.
Asimismo, el resto del personal de salud, que incluye enfermeros, técnicos, camilleros y personal administrativo, no escapa a esta situación. Un estudio realizado por ATSA y la Fundación Friedrich Ebert, centrado en el personal no médico del área metropolitana de Buenos Aires y que abordaba el impacto de la pandemia, encontró que el 39% de los participantes manifestó experimentar burnout. Este análisis destacó que las mujeres, que predominan en el sector salud, enfrentan también una mayor responsabilidad en el hogar, lo que contribuye a que el fenómeno del pluriempleo sea más común entre los varones. Este estudio es de cinco años atrás, y el vacío de información es significativo, ya que forma parte del problema en sí.
Dos incidentes recientes ejemplifican esta realidad. El primero corresponde al Hospital Garrahan, un centro pediátrico de referencia en el país, donde entre mayo y julio de 2025, médicos, residentes y otros trabajadores realizaron paros y movilizaciones exigiendo salarios que, en el caso de los residentes, se encontraban por debajo de la línea de pobreza. Las renuncias, que oscilaban entre 46 y 56 por año entre 2022 y 2024, se dispararon a más de 220 en 2025, alcanzando hasta 250 para fin de ese año, con una caída del poder adquisitivo cercana al 50%.
El segundo caso involucra a los médicos de cabecera de PAMI, donde en abril de 2026 se implementó una resolución que recortó drásticamente los honorarios de estos profesionales, lo que provocó numerosas renuncias. En la ciudad de Mar del Plata, se denunciaron al menos 3.000 afiliados sin médico de cabecera, mientras que en Bahía Blanca, entre cinco y ocho médicos abandonaron carteras de pacientes que oscilaban entre 600 y 700.
No es necesario presentar otro estudio para confirmar lo que ya conocemos de manera fragmentada: el sistema de salud argentino exige a su personal un compromiso que no se puede sostener en condiciones laborales adecuadas. Lo que se requiere es que las autoridades de salud, tanto a nivel nacional como provincial, se hagan responsables de establecer un conjunto mínimo de indicadores sobre las condiciones laborales en salud, que incluya carga horaria, pluriempleo, licencias por salud mental y violencia laboral, entre otros aspectos. Esto permitiría un monitoreo sistemático, actualizado y comparable del sector.
Es crucial que se tomen decisiones a partir de esta información. Sin un marco común, los conflictos seguirán siendo discutidos como si fueran situaciones nuevas, cuando en verdad son manifestaciones de un problema crónico y estructural.























