Con casi tres años de mandato, el Presidente se enfrenta al tramo final de su gestión con un conjunto de logros que resultan difíciles de cuestionar. La inflación ha dejado de ser un tema de preocupación inmediata, el déficit fiscal ha dejado de ser el foco del debate, el dólar ya no acapara las conversaciones en los hogares y la economía ha comenzado a mostrar, aunque de modo desigual, signos de crecimiento. Estos cambios son significativos para un país que ha estado acostumbrado a vivir en un estado de emergencia constante.
No obstante, tras esta fase de estabilización, existe una Argentina que se presenta mucho menos homogénea, caracterizada por una economía de ganadores y perdedores.
A continuación, se presenta un resumen de los informes elaborados por el consultor Fernando Moiguer y la socióloga Mora Jozami, que analizan la nueva estructura económica y social, así como las expectativas hacia el futuro.
Moiguer destaca que los sectores relacionados con la energía, la minería, la economía del conocimiento, las finanzas, el agro y gran parte de los servicios modernos muestran un incremento en sus ingresos, acceso al crédito y capacidad de consumo. En contraste, sectores de actividades tradicionales, trabajadores informales, jubilados y un amplio espectro de asalariados aún tienen sus ingresos rezagados frente al nuevo costo de vida.
Si bien la estabilización ha conseguido organizar ciertas variables macroeconómicas, no logra reflejarse en una percepción social ordenada. Esta disparidad podría ser determinante en las elecciones presidenciales de 2027.
Los estudios realizados por el consultor indican que la pirámide social argentina ha experimentado cambios significativos en la última década. Actualmente, solo el 6% de los hogares pertenece a la clase alta (ABC1), mientras que el 44% corresponde a la clase media, y más de la mitad de la población se clasifica en los sectores bajos.
En términos de ingresos, la clase media típica (C2 y C3) recibe entre $2 millones y $3,8 millones mensuales. Aunque estas familias mantienen una capacidad de consumo, su enfoque ya no está en el ascenso social, sino en el intento constante de evitar el descenso. Por otro lado, el 50% restante de los hogares (sectores D1, D2 y E) deben enfrentar sus gastos cotidianos con ingresos que oscilan entre $1,35 millón y $710 mil.
La antigua clase media argentina ha dejado de enfocarse en el progreso para concentrarse en la administración de riesgos. Esto no se limita únicamente a gastos en supermercado o tarifas, sino que también abarca cuotas escolares, seguros de salud, alquiler, automóvil y créditos hipotecarios. Todas estas obligaciones compiten por un ingreso que, aunque crece, sigue siendo limitado frente al nuevo panorama de precios.
Por otro lado, otro cambio significativo observado recientemente se relaciona con el financiamiento. Los datos de Mora Jozami revelan que la carga de deuda de las familias en relación con la masa salarial ha alcanzado cifras récord. Nunca antes los hogares habían destinado tanto de sus ingresos al pago de préstamos personales, tarjetas de crédito y otros créditos. Actualmente, las familias dedican un 20% de sus ingresos a saldar deudas, el doble que en 2023.
Este fenómeno, a pesar de su complejidad, no necesariamente indica deterioro. También puede verse como un proceso de normalización. Tras años de inflación extrema, el crédito ha comenzado a existir nuevamente.
No obstante, una economía con inflación baja también expone limitaciones que durante años estuvieron ocultas tras la continua licuación de precios. Las cuotas ya no se desvanecen con el paso del tiempo. Tienen que ser pagadas, lo que transforma radicalmente el comportamiento de los consumidores.
Las encuestas demuestran un gasto más selectivo, orientado hacia experiencias, promociones, viajes puntuales o bienes duraderos financiados, al tiempo que el consumo básico sigue ajustándose. Aunque hay cierta recuperación, esta es fragmentada.
En la actualidad, el consumo en Argentina no es uniforme. Mientras ciertos sectores experimentan un retorno a la compra de inmuebles, otros enfrentan la necesidad de financiar sus alimentos. Esta coexistencia de realidades contribuye a explicar la situación política actual.
El oficialismo se enfrentará, durante los próximos meses, a un desafío que va más allá de si la inflación continuará a la baja. Deberá convencer a una vasta porción de la clase media de que el esfuerzo realizado finalmente se traduce en bienestar.
La clase media argentina tiende a votar no solo en función de la situación actual, sino también al observar la trayectoria futura. Acepta ajustes cuando percibe posibilidades de movilidad, pero se vuelve impaciente ante la sensación de que el sacrificio no repercute en su posicionamiento relativo.
En este contexto, la oposición enfrenta su propio desafío. Su tarea no se limita a cuestionar la dirección económica del país, sino que debe presentar una alternativa que mantenga los logros conseguidos —estabilidad, equilibrio fiscal y menor inflación— sin reactivar los desequilibrios que son percibidos por el electorado como responsables de la crisis anterior.
De esta manera, el debate electoral a futuro probablemente girará en torno a cómo gestionar una economía estable pero con tensiones sociales, en lugar de simplemente interpelar a favor del gasto o el ajuste.
La discusión se tornará más profunda y compleja en comparación con elecciones pasadas. No bastará con prometer un aumento en el consumo o enfatizar la disciplina fiscal.
Será necesario explicar cómo reconstruir una sociedad en la que la principal preocupación ha pasado de la inflación a la calidad del ingreso, la accesibilidad a oportunidades y la posibilidad de volver a progresar.
En suma, el Gobierno concluye su mandato con una macroeconomía notablemente ordenada en comparación con la que recibió. Sin embargo, la política rara vez se define únicamente por indicadores macroeconómicos; gran parte de la definición se lleva a cabo en el ámbito de la economía doméstica.
Ese diálogo que se da al final de cada mes en torno a la mesa familiar. En decisiones como endeudarse o no, así como en la posibilidad de cambiar de vehículo, alquilar un departamento, pagar la universidad de un hijo o simplemente llegar más tranquilo al próximo sueldo. En esos aspectos, más allá de cualquier indicador financiero, comenzará a delinearse el resultado de la elección presidencial de 2027.























