En 2025, la Fed comenzó a reaccionar ante las señales preocupantes sobre el mercado laboral, que ya se han normalizado. Aunque la reciente guerra en el Golfo no impactó significativamente el empleo ni la actividad económica, generó un nuevo repunte inflacionario. Sin embargo, bajo la dirección de Jerome Powell primero, y luego de Warsh, la Fed optó por esperar y ver. Se mostraron reticentes a reaccionar de inmediato ante un fenómeno que podría resultar ser transitorio. No obstante, la tregua y el acuerdo provisional con Irán se desmoronaron, lo que resultó en un nuevo incremento en los precios de la energía, con el crudo Brent acercándose a los 100 dólares por barril. Así, los shocks temporales se han acumulado. Además, la administración anterior retorna a la carga con aranceles, modificando algunos y aumentando otros. La inminente presión de la inteligencia artificial (IA) se suma, afectando desde los centros de datos y los chips, hasta el consumo eléctrico. En resumen, desde abril de 2025, un fenómeno en cadena de choques económicos mantiene un fuerte y persistente frente inflacionario. Warsh ha indicado que esta situación no será tolerada.
En su primera reunión a mediados de junio, pocos días después de asumir, el presidente mantuvo las tasas de interés sin cambios y limitó la comunicación sobre futuras decisiones. Canceló la herramienta de forward guidance, lo que significa que ya no se anticiparán los próximos pasos de la política monetaria. Sin embargo, enfatizó repetidamente en el comunicado y en la conferencia de prensa sobre la obligación de garantizar estabilidad de precios. Esto se interpreta como una fuerte crítica al accionar de su antecesor, Jay Powell, quien se ha mantenido en la Junta de Gobernadores, desde los tiempos de la pandemia de Covid. Asimismo, refleja su intención de volver a llevar la inflación a su meta del 2%. No se puede considerar aceptable un 4,1% (que corresponde a mayo, según el deflactor del consumo personal) ni un 3,5% (que se observó en junio en los precios al consumidor). Desde 2021, la Fed se encuentra fuera de su mandato, y Warsh está decidido a corregir esta situación.
Aún no se sabe qué decisiones tomará la Fed en su reunión del próximo martes y miércoles, ya que no hay una guía oficial. La verdadera prueba para Kevin Warsh será alzar la mano y ejercer su liderazgo al frente del comité responsable de las decisiones. ¿Es el halcón que afirma ser — como lo fue en la era de Ben Bernanke, incluso en plena crisis de Lehman Brothers — o es una paloma enérgica, a favor de las políticas de la administración anterior que lo designó con el beneplácito del Congreso? ¿Incrementará las tasas y acompañará el ascenso de los bonos? O, por el contrario, buscará justificaciones para prolongar su espera y continuar inactivo?
Los inversores en bonos también han mostrado su falta de paciencia respecto a la inflación. Se mueven con hechos, no palabras, expresándose a través de la curva de rendimientos. Desde el inicio del conflicto en Irán, las tasas del Tesoro a dos años han escalado del 3,40% al 4,35%, un aumento de 95 puntos básicos, de los cuales 17 ocurrieron en la última semana. La tasa de fondos federales, que es la tasa a 24 horas sobre la cual opera la Fed, se estabilizó en 3,75% desde diciembre. El mensaje es evidente: lo que era suficiente — e incluso sobrante en marzo — ahora se siente inadecuado. La situación no es una orden, pero parece un claro recado para Warsh y su equipo. Los contratos de futuros de Chicago proyectan dos incrementos de 25 puntos básicos en la tasa de fondos federales antes de diciembre, lo que la dejaría en 4%.
La curva también se ha ajustado en su segmento más prolongado. Las tasas a 30 años ahora superan el 5%. Las de 10 años, que son la mejor referencia debido a su amplia liquidez, oscilaron durante el conflicto bélico entre 3,95% y 4,70%. Este trayecto de 75 puntos básicos ha conseguido mantener la pendiente de la curva de rendimientos positiva en todo momento, sin que haya resaltado la sospecha de una recesión inminente o de estanflación por causa de la crisis internacional de energía.
Es importante señalar que la energía ha incrementado notablemente su costo desde principios de año, y las expectativas de inflación a largo plazo, tal como se refleja en la curva de bonos, no han mostrado alteraciones. El precio del crudo Brent ha aumentado un 50%, pasando de 60 a más de 90 dólares, mientras que la inflación esperada — por ejemplo, a diez años — se ha mantenido estable. Este aumento en las tasas nominales se traduce en un incremento sustancial de las tasas de interés reales. Las tasas de los títulos del Tesoro (TIPS) que ofrecen protección contra la inflación han estado subiendo. Esto refleja una economía sólida, impulsada por el auge de la IA y una creciente demanda de capital. Se observa un fenómeno de desplazamiento, conocido como crowding out, donde las tasas reales deben incrementarse para racionar el ahorro disponible frente a la explosión en la inversión relacionada con la IA y un gasto fiscal que no responde a variaciones en las tasas de interés. Esto no refleja un temor a un descontrol inflacionario. Los inversores en bonos confían en que la Fed cumplirá con su papel, sin importar si prevalecen las posturas halconas o palomas. Tanto en el periodo de Powell como en el de Warsh, han depositado su confianza. Si esa fe se ve debilitada, y las expectativas deben ajustarse para no quedar atrás del incremento inflacionario, entonces sí es probable que el curso de las tasas necesite acelerarse.
Los futuros sugieren que la Fed podría optar por mantener la tasa en esta reunión, aunque se estima un aumento de 25 puntos básicos para la siguiente (dentro de septiembre). Sin embargo, este pronóstico viene rodeado de crecientes dudas, y se espera que la probabilidad de un ajuste en la reunión del miércoles alcance un 34%. Hasta ahora, Warsh ha logrado mantener un equilibrio que satisface a todas las partes. Es un halcón que aún no ha dado el paso. Sin embargo, el orden de los factores — si decide subir la tasa ahora o postergarlo — impactará notablemente en el resultado. Inicialmente, tendrá implicaciones para la Casa Blanca. La forward guidance que Warsh no ofrece, proviene involuntariamente de sus mentores, incluyendo a Trump o su asesor Kevin Hasset. El mensaje es claro: Warsh no pretende modificar las tasas en este momento, enfrentando un comité que podría estar inclinado a tomar decisiones que él considera erróneas.
La Fed se encuentra lista para aumentar las tasas en 25 puntos básicos si el presidente lo propone. El contexto, tras tanta espera, sería propicio. Lo más probable es que esto derive en una votación unánime. Pero la decisión debe contar con la aprobación explícita de Warsh, constituyendo así una prueba de su liderazgo frente a una Junta en desacuerdo. Warsh tendrá que comunicar a su equipo y a Trump que esta maniobra es conveniente. Sería poco favorable para la administración que la reputación de su presidente se vea afectada en sus inicios. Una reacción adversa del mercado de bonos podría ser devastadora. En cambio, si logra consolidar su credibilidad en esta reunión, ganará un margen de maniobra que utilizará en noviembre, cuando se llevarán a cabo las elecciones de medio período.
Por supuesto, la Fed podría también ajustarse a lo esperado. Optará por no realizar cambios en la tasa si así lo decide Warsh, aunque esto podría acarrear al menos un par de disidencias (es probable que Logan y Hammack se opongan). ¿Qué decisiones tomarán los demás gobernadores? ¿Qué hará el persistente Powell? Quizás una postura diplomática y responsable les disuada de presentar desacuerdos públicos mientras el nuevo líder comienza su mandato. Ellos no intervendrán de forma que altere la balanza. La decisión final corresponde unicamente a Warsh. Si quiere cimentar su reputación como halcón — una imagen que ha cultivado por su propia voluntad y que hasta ahora no se le ha exigido — no habrá mejor momento que este.























