En un comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, Itamaraty, anunció que su titular, Mauro Vieira, convocó al embajador argentino en Brasil, Daniel Raimondi, para comunicarle oficialmente el rechazo a las declaraciones del presidente argentino. Esta reunión también tuvo como propósito solicitar explicaciones acerca de la conducta de Milei durante su visita a San Pablo el pasado 25 de julio.
Además, Vieira ordenó que el embajador de Brasil en Argentina, Julio Bitelli, regrese a Brasilia para hablar con él. Se espera que Bitelli llegue a la capital brasileña este lunes y que, posiblemente, se reúna con Lula, quien fue el blanco directo de los ataques de Milei.
El comunicado del gobierno brasileño enfatizó: “No hay precedentes de un presidente extranjero que, en territorio nacional, haya acumulado agresiones y ofensas contra el Jefe de Estado, las instituciones democráticas, incluido el Poder Judicial, y el pueblo brasileño”.
Asimismo, el texto calificó como “especialmente lamentable” que este episodio involucrara al presidente argentino, considerando que Brasil y Argentina mantienen 203 años de amistad y cooperación, con Argentina siendo el principal socio comercial de Brasil.
Este pronunciamiento se produce tras que Milei etiquetara a Lula como “zurdo”, “ladrón” y “presidiario” en el lanzamiento de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro en San Pablo, de cara a las elecciones del 4 de octubre.
La convocatoria a consultas, como se explicó, representa una medida diplomática de conflicto intermedia que señala tensiones en las relaciones bilaterales. A través de este mecanismo, un país solicita el regreso temporal de su embajador para analizar una situación crítica con sus autoridades. Esto expresa un profundo descontento y permite revisar estrategias geopolíticas sin llegar a romper relaciones diplomáticas.
No es la primera ocasión que un país llama a consulta a su embajador durante la gestión de Milei. En mayo de 2024, el gobierno de España había retirado temporalmente a su embajadora en Buenos Aires, María Jesús Alonso Jiménez, después de que el presidente argentino calificara de “corrupta” a Begoña Gómez, esposa del presidente español, Pedro Sánchez.
Este incidente resultó en una fuerte crisis diplomática, ya que el gobierno español exigió una disculpa pública que nunca se presentó, lo que llevó a que la embajadora permaneciera en Madrid sin regresar a Argentina. Posteriormente, España consideró cerrado el conflicto al designar a un nuevo representante diplomático, Joaquín María de Arístegui Laborde, quien asumió en noviembre de ese año.























