“Estoy tranquilo y seguro de mi decisión”, aseguró a un medio durante una entrevista el año pasado en su hogar de Montevideo. Nacido el 5 de agosto de 1986 en el barrio de Palermo, Pablo era el único argentino en una familia uruguaya compuesta por cuatro hermanos.
Con su fallecimiento, Pablo concluye una larga y dolorosa batalla, pero también una de dignidad y paz. “Se despidió con el humor que lo caracteriza hasta sus últimos minutos. Lo vamos a extrañar mucho”, agregó su hermano. Para recordar su vida, Eduardo creó un video homenaje que incluye imágenes de su infancia y de su carrera como diseñador gráfico.
La legalización de la eutanasia en Uruguay se produjo el 15 de octubre de 2025, tras la aprobación de la ley de Muerte Digna, convirtiendo al país en el tercer país de América Latina en hacerlo, después de Colombia y Ecuador. El 15 de abril, el presidente Yamandú Orsi firmó el decreto que permitió la plena implementación de la normativa. La primera persona en beneficiarse de esta ley fue una mujer de 69 años con cáncer de páncreas, quien accedió a la eutanasia el 22 de mayo.
Pablo Cánepa se destacó en el ámbito del diseño gráfico; aunque no logró graduarse en la Universidad de Montevideo, su talento se hizo notar al ganar varios concursos y recibir múltiples premios, incluso participando en congresos, algunos de los cuales se llevaron a cabo en Buenos Aires.
El calvario de Pablo comenzó en 2022, cuando llevó una vida normal hasta que empezó a experimentar mareos. Posteriormente, visitó un hospital donde le sugirieron que podría tratarse de un accidente cerebrovascular. “Fue gradual y rápido, en dos o tres meses quedé así”, relató en su momento. A pesar de la parálisis que afectó su cuerpo, conservó una mente clara y lúcida, capaz de reír y hacer chistes.
Los médicos no lograron determinar la causa exacta de su malestar. Después de realizar numerosas pruebas y una estadía de un mes en el Fleni de Escobar, donde se descartaron orígenes genéticos o virales, su hermano comentó que “lo más probable es que sea autoinmune, pero no tiene una explicación. Mueren las neuronas motoras y no se regeneran”. Pablo no tenía interés en una vida limitada por la enfermedad, cuyo impacto le dificultaba incluso mover los ojos.
Frente a su situación, Pablo probó diversos tratamientos, desde hierbas hasta terapias alternativas y biomagnetismo. En uno de sus intentos finales, su familia envió muestras de sangre a la Mayo Clinic en Estados Unidos, pero los resultados fueron normales. “Ya no tengo esperanzas. La tuve clara desde el principio, me imaginaba que no tenía cura”, afirmó Pablo en octubre de 2022, sintiéndose atrapado en un cuerpo que ya no podía mover.
La familia de Pablo, especialmente su madre, Mónica, quien lo cuidó a diario, lo apoyó en su decisión de buscar la eutanasia, siendo partícipes de la lucha por la aprobación de la ley. Pablo vivió de acuerdo con sus propias reglas, y decidió poner fin a su vida de la misma manera. Cuando se le preguntó si le quedaba algo pendiente, su respuesta fue sencilla y clara: “Confieso que he vivido.”






















