“Tradicionalmente, los psicólogos encuentran que la gente prefiere amigos que sean confiables o generosos. Lo que vimos, usando una perspectiva evolutiva, es que no son características que queremos que pongan en juego con todos por igual”. Estas declaraciones corresponden al investigador argentino Daniel Sznycer, reciente ganador del Ig Nobel de la Paz 2026. Su trabajo desafía una aparente contradicción que el título del artículo por el que fue premiado aclara de manera contundente: “A veces queremos amigos crueles: preferimos que nuestros amigos se comporten de manera diferente con nosotros que con los demás”. Sznycer, antropólogo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y doctor en Psicología Evolutiva por la Universidad de California, en Santa Bárbara, logró el galardón junto a las investigadoras Jaimie Krems y Keelah Williams en esa única categoría de unos premios científicos que se instauraron en 1991 por iniciativa de Marc Abrahams, un matemático y divulgador estadounidense, que además es fundador de “Improbable Research”, una entidad dedicada a difundir investigaciones curiosas o inesperadas. Los premios, comúnmente denominados Anti Nobel, buscan premiar aquellos trabajos que “primero hacen reír y después hacen pensar”. El nombre de este galardón juega con la noción del “noble” (Nobel, en inglés), cambiando la “n” por la “i” para resaltar el concepto de “ignoble”. La investigación de Sznycer aborda un aspecto esencial sobre la amistad: cómo esperamos que nuestros amigos nos traten. La respuesta lógica sería “bien”, pero al considerar cómo queremos que ese mismo amigo se comporte con un enemigo o rival, los deseos cambian. “Con él quiero que sea menos generoso y más agresivo”, expresó el investigador al perfil de este estudio, más allá de que “tradicionalmente, los psicólogos encuentran que la gente prefiere amigos que sean confiables o generosos”. A través de una serie de estudios llevados a cabo con más de mil participantes de Estados Unidos e India, el trabajo de Sznycer mostró que las características que buscamos en nuestros amigos no son necesariamente virtudes que deseemos que ejerzan con todos. Buscamos que sean generosos y confiables con nosotros, pero podemos preferir exactamente lo opuesto cuando interactúan con nuestros adversarios. El trabajo fue publicado en la revista científica Evolution and Human Behavior y presenta resultados que superan una simple curiosidad sobre la amistad. Desde la perspectiva de la psicología evolutiva, los investigadores sugieren que conceptos como “generoso”, “confiable” o “amable” podrían no funcionar en nuestra mente como evaluaciones completamente objetivas de las personas; además, estarían influenciados por nuestros propios intereses. Sznycer explicó esta idea con un ejemplo crucial: “Supongamos que mi amigo realiza dos actos generosos: uno que me beneficia a mí y otro que beneficia a mi enemigo. Objetivamente, está siendo más bondadoso en el segundo caso que si solo realizara el acto amable en mi beneficio. Sin embargo, lo consideramos más gentil cuando solo me beneficia a mí”. Para los autores del estudio, este fenómeno sugiere que la selección natural pudo contribuir a moldear estos juicios sociales, no únicamente para caracterizar a otras personas, sino también para dirigir comportamientos que resulten beneficiosos para quien realiza la evaluación. Sznycer, originario de Argentina y formado en el país, abandonó Buenos Aires en 2003, radicándose primero en Canadá y posteriormente en los Estados Unidos. Hoy se desempeña como profesor en la Universidad Estatal de Oklahoma, donde lidera un laboratorio que investiga, entre otros asuntos, la forma en que las personas asignan valor, así como las emociones, la moral y las instituciones sociales. En un emotivo momento, subió al escenario del Palacio de Congresos de Zúrich, en Suiza, para recibir el premio junto a Krems y Williams. La ceremonia fue coherente con la tradición del Ig Nobel: Sznycer apareció con una aureola de ángel, mientras que sus colegas lucieron vestimentas alusivas a “diablitas”. El galardón de este año, por otra parte, no fue convencional: consistió en una escultura de un pie con hongos. La entrega fue realizada por Michel Mayor, quien ganó el Nobel de Física en 2019 por descubrir el primer exoplaneta que orbita una estrella similar al Sol. “Ganar este premio fue gratificante. La ceremonia fue divertida y fue interesante conversar con los demás ganadores e intercambiar perspectivas sobre nuestros trabajos”, mencionó Sznycer en relación al premio que lo consagró como el tercer investigador formado en Argentina en recibir un Ig Nobel en los 36 años de historia de este prestigioso reconocimiento. El primer argentino en lograr esta distinción fue el biólogo y especialista en cronobiología Diego Golombek, quien junto a su equipo de la Universidad Nacional de Quilmes recibió el Ig Nobel de Aviación en 2007. En esa oportunidad, demostraron que el sildenafil —el principio activo del Viagra— ayudaba a los hámsters a recuperarse más rápidamente del jet lag. En 2023, el premio fue otorgado al neurocientífico Adolfo García y su equipo de la Universidad de San Andrés, que fueron reconocidos en la categoría Comunicación por investigar lo que sucede en el cerebro de las personas que son capaces de hablar al revés. Esta ceremonia marcó una novedad importante: por primera vez desde la creación de los Ig Nobel, la entrega se llevó a cabo fuera de Estados Unidos, específicamente en Suiza, puesto que tradicionalmente la ceremonia se celebraba en el ámbito de la Universidad de Harvard. De acuerdo con los organizadores, la decisión se debió a diversas dificultades para viajar a Estados Unidos y a la obtención de visas, que se complicaron bajo las estrictas políticas migratorias del gobierno anterior. Para el equipo de Improbable Research, no tenía sentido llevar a cabo una ceremonia internacional a la que algunos de los científicos premiados no pudieran asistir. Cabe destacar que el objetivo de los Ig Nobel no es distinguir investigaciones científicas mediocres o disparatadas; de hecho, gran parte de los trabajos galardonados aparecen en revistas académicas, muchas de ellas de renombre. Sin embargo, estos estudios son parte de la premiación porque, aunque abordan preguntas científicas genuinas, su objeto de análisis, su metodología o sus resultados pueden sonar absurdos fuera de su contexto. Como se puede observar en la lista de premiados, esa singular combinación se hizo evidente en los trabajos de este año, que celebraron temas de considerable originalidad y humor. En la categoría de Ciencias del suelo, Franz Bender, Marcel van der Heijden, Atlant Bieri y Pia Viviani recibieron el premio por enterrar mil pares idénticos de calzoncillos en más de 25 países, desenterrándolos dos meses después para estudiar el efecto de la degradación. En Economía, Paul Piff, Daniel Stancato, Stéphane Côté, Rodolfo Mendoza-Denton y Dacher Keltner fueron premiados por acumular evidencia de que las personas de clase alta son más propensas a quitarle caramelo a los niños y a incurrir en otras conductas poco éticas. En Medicina, se realizó un reconocimiento póstumo a Tokuji Unno, por su artículo “Cómo sonarse la nariz: un estudio aerodinámico sobre el acto de sonarse la nariz”. En Biomecánica, Matilda Brindle, Catherine Talbot y Stuart West se destacaron por elaborar una definición más precisa del beso en hormigas, aves, osos polares y seres humanos, definiéndolo como “interacciones no agonísticas que implican un contacto oral-oral dirigido e intraespecie, con cierto movimiento de los labios o de las piezas bucales y sin transferencia de alimento”. En Química, un grupo compuesto por Sanchari Banerjee, Nathan Coussens, François-Xavier Gallat, Nitish Sathyanarayanan, Jandhyam Srikanth, Koichiro Yagi, James Gray, Stephen Tobe, Barbara Stay, Leonard Chavas y Subramanian Ramaswamy fue premiado por descubrir que las proteínas de la leche de las cucarachas vivíparas contienen tres veces más energía que las proteínas de la leche de vaca. En Biología, João Miguel Alves-Nunes, Adriano Fellone, Selma Maria Almeida-Santos, Carlos Roberto de Medeiros, Ivan Sazima y Otavio Augusto Vuolo Marques fueron reconocidos por sus experimentos, en los que pisaron con suavidad varias partes de serpientes venenosas —de forma repetida, a distintas temperaturas y en diferentes momentos del día— para analizar qué factores podrían provocar o no que una serpiente venenosa mordiera a un ser humano. En Física, Randy Hurd, Zhao Pan, Tadd Truscott y Kaveeshan Thurairajah se destacaron por sus intentos teóricos y experimentales para diseñar un urinario que evite las salpicaduras. Por último, en Tecnología, Justin Puma, Zhen Yang, Evan Johnston, Zixin Zhang, Xiaoyi Lan, Lingzhi Zhang, Hongyu Hou, Zixin He y otros, fueron galardonados por ser pioneros en el uso de las probóscides de los mosquitos como boquillas de impresión 3D de alta resolución, un proceso denominado “Necroprinting”. En lo que respecta al sentido del olfato, Ilona Croy, Tomasz Frackowiak, Thomas Hummel y Agnieszka Sorokowska fueron premiados por recopilar evidencias que sugieren que los bebés son capaces de oler maravillosamente bien para sus padres, aunque los adolescentes no.
PROPIETARIO: Zona Mixta SRL
Dirección: Avenida Caseros 781 1ro. B, CABA
Nº Edición: 75























