Amante del tenis y el golf, apasionado por el arte y guardián de los secretos del poder, García impuso su sello en la redacción de su medio, convirtiéndolo en una referencia obligada en el ámbito informativo de habla hispana. Su estilo riguroso y sensible no solo estableció a su publicación en la élite de los medios económicos, sino que también lo posicionó como una voz influyente en la agenda de actualidad de Argentina. Se dedicaba a brindar insumos a sus colegas, mejorar sus notas y compartía con naturalidad eventos, tanto sociales como deportivos, junto a empresarios y figuras del mundo del negocio. Jugaba al golf con sindicalistas y al tenis con Carlos Menem en su residencia en Olivos. Su cercanía con importantes líderes políticos era notable y su destreza periodística lo hacía destacar.
A pesar de su alineación con teorías polémicas, en la última dictadura cívico-militar se preocupó por resguardar a sus colegas. Se integró de tal manera en los círculos de poder que logró convertirse en un observador privilegiado de la dirigencia política y empresarial. Su amor por Racing Club perduró a través de los años, transmitido a sus hijos. En la década de los 90, desde la casa de Julio Ramos en Punta del Este, García introdujo las Charlas de Quincho, una sección icónica que revolucionó el periodismo político y económico en Argentina, transformando las narrativas de eventos sociales y festividades en contenido atractivo para los lectores, un enfoque que fue replicado por numerosos medios.
García supo condensar hábilmente la intersección entre política, alta sociedad y relaciones públicas, fusionándose con la élite nacional. Su estilo personal e incisivo hizo que sus textos se convirtieran en piezas clave del medio, fuente de consulta no solo para lectores exigentes, sino también para otros periodistas. Conocido por su rigor, también brindaba apoyo a nuevas generaciones, motivándolos a alcanzar la excelencia con un insaciable deseo de competencia.
Durante su dirección, su presencia diaria en la redacción infundía admiración y respeto entre los jóvenes redactores. Siempre estaba dispuesto a proteger a quienes mostraban dedicación en la búsqueda de información. La persona que narra esta historia comenzó su trayectoria en el medio en 2005 tras una entrevista con Julio Ramos, y la figura de Roberto en el entorno laboral generaba un profundo orgullo periodístico. Su incansable impulso buscaba mejorar el periodismo, animando a los demás a evitar el camino fácil en las narrativas. Estaba en contra del periodista que se limitaba a cumplir horarios y evitar riesgos.
“¿Qué hacés acá sentado Rudman?, la información está afuera, en la calle”, era la frase motivacional que García dirigió a este redactor en sus inicios. Crítico de las salas de prensa, exigía que su equipo generara información propia antes que otros medios. Su legado periodístico perdura y su estilo único sigue vivo en el medio y entre los colegas que tuvieron el honor de trabajar y aprender a su lado. Hasta siempre, maestro.























