La situación plantea la pregunta: ¿cuáles fueron las razones detrás de esta caída en los activos locales?
El término de septiembre deja al mercado con una mayoría de pérdidas en sus activos financieros, ya que tanto los bonos como las acciones operaron a la baja, afectadas por factores tanto locales como globales. En particular, los bonos Globales argentinos cerraron el mes con un saldo claramente negativo, siendo los títulos de mayor duración los más impactados por el ajuste.
Así, el GD29 fue el que mejor se comportó, con una baja de solo 1,24%, mientras que el GD30 sufrió un retroceso del 2,31%. A medida que se analiza la curva de bonos, se observa que el castigo se intensificó en el tramo medio, donde el bono que vence en 2035 (GD35) cayó un 6,74%, y el bono a 2038 (GD38) perdió un 6,22%. En el extremo más largo de la curva, las bajas fueron aún más pronunciadas: el título que vence en 2041 (GD41) retrocedió un 6,96%, y el Global 2046 (GD46) acumuló una caída de 6,83% durante el mes.
La lectura de la curva indica que, a mayor plazo, mayor deterioro de precios. Los bonos más cortos, por su parte, registraron pérdidas relativamente menores, mientras que aquellos con vencimientos de 2035 en adelante experimentaron descensos de entre 6,2% y 7%.
En el ámbito de las acciones, el mercado argentino profundizó su ajuste en el último mes, con el S&P Merval cayendo un 9% en dólares en septiembre. La situación se acentuó con una caída generalizada entre los principales ADR que cotizan en Wall Street, donde las entidades financieras concentraron algunas de las mayores pérdidas. Así, las acciones del Grupo Supervielle lideraron las caídas con un descenso del 18,4%, seguidas por BBVA Argentina (-15,6%), Banco Macro (-15,1%), Globant (-15,1%) y Grupo Financiero Galicia (-14,5%).
Con esto, los principales bancos argentinos acumularon pérdidas que oscilaron entre el 14% y el 18% en solo un mes. El deterioro también se hizo presente en las empresas de servicios públicos y energía, con Edenor cayendo un 12,1%, Central Puerto perdiendo un 11,5% y Transportadora de Gas del Sur retrocediendo un 10,4%. MercadoLibre mostró un retroceso del 10,7%, mientras que las bajas también se extendieron a otras compañías como Telecom Argentina (-8,4%), Loma Negra (-8,8%), IRSA (-7,2%), Vista Energy (-7,1%) y Pampa Energía (-6,2%). Entre las empresas de mayor capitalización, YPF destacó por su resistencia, con una caída de solo 1,9% en el período.
Así, el resumen de la operatoria en septiembre indica que el comportamiento del panel local en Wall Street fue predominantemente negativo, con 15 de las 17 acciones analizadas terminando el mes en números rojos. Las únicas excepciones fueron Cresud, que avanzó 0,9%, y Corporación América Airports, que mostró un incremento notable del 10,6%.
La mala tendencia del S&P Merval se encuentra alineada con la dinámica global, aunque las acciones argentinas tuvieron un desempeño peor. Mientras el S&P Merval medido en dólares tuvo una caída del 9%, la bolsa de México perdió un 7,13%, las acciones en Francia cayeron un 6,76%, las de Chile un 6,62% y el mercado alemán se redujo un 6,33%. En el ámbito latinoamericano, Colombia cayó un 2,47%, Perú un 2,53% y México un 7,13%, mientras que Brasil se destacó como una de las excepciones al registrar una subida del 3,33%.
En términos de caídas, también se observaron descensos en otros mercados internacionales como Australia (-5,36%), Italia (-5,30%), Europa del Euro Stoxx 50 (-4,79%), España (-4,76%) y Canadá (-4,64%). En Estados Unidos, la discrepancia se agravó, ya que el S&P 500 prácticamente no presentó variaciones en el mes (-0,02%), mientras el Dow Jones cayó un 3,83% y el Nasdaq 100, aunque no incluído en la lista, acumuló un incremento del 3,60%.
La caída de los bonos llevó al riesgo país a alcanzar los 610 puntos, luego de haber superado los 635 puntos, el mayor valor desde abril y mayo pasados. El deterioro de la deuda soberana argentina se produce en un contexto internacional poco favorable para la renta fija, con presión sobre los precios de los títulos y, como consecuencia, un aumento en los rendimientos demandados por los inversores.
En Estados Unidos, las tasas de los bonos del Tesoro aumentaron considerablemente tras una subida de la Reserva Federal (Fed), que incrementó la tasa de interés en 25 puntos básicos a mediados de mes. Las preocupaciones sobre la situación fiscal estadounidense también aumentaron, incrementando la percepción de riesgo sobre su deuda y llevando a los inversores a exigir rendimientos más altos para mantener su exposición a los bonos del Tesoro.
Este contexto de tasas internacionales más elevadas ha encarecido el financiamiento a nivel global y añade una presión adicional sobre los activos de renta fija, incluyendo los bonos argentinos. Los bonos del Tesoro de EE.UU. a 10 años superaron el 5,2%, mientras que la tasa a 30 años alcanzó su nivel máximo desde 2002, lo que ejerce una presión negativa sobre la deuda global, y particularmente sobre la argentina.
Desde la firma de inversiones, coinciden en afirmar que la dinámica externa sigue complicando los activos financieros locales. En este sentido, comentan: “El frente externo marcó el tono de la semana. La Fed subió la tasa y los rendimientos largos de EE.UU. siguieron en máximos, un marco que castigó a la deuda en dólares y llevó al riesgo país al nivel más alto en un mes, arrastrando al Merval, que borró la ganancia que traía en septiembre”.
Por otro lado, los analistas de otra firma indican que la curva soberana continuó mostrando debilidad, incluso en comparación con sus homólogos. “La deuda soberana en dólares anotó otro mes a la baja, en un contexto de alta volatilidad de tasas a nivel internacional. La renta fija internacional estuvo muy afectada en el último mes, especialmente en los países desarrollados y en el tramo largo de la curva (de 10 a 30 años). Este contexto no resultó positivo para los bonos argentinos, a pesar de que la deuda soberana emergente de alto rendimiento no fue la más afectada en ese periodo”, explican.
Además de las condiciones externas, la deuda argentina también enfrenta presiones por factores internos, entre los cuales la incertidumbre asociada al proceso electoral cobra relevancia. A medida que se acerca la fecha electoral, el mercado incorpora mayor precaución acerca de la evolución de la política económica y la continuidad del actual esquema en el mediano plazo.
Los inversores siguen de cerca las señales sobre la sostenibilidad del programa económico, el rumbo fiscal, la política cambiaria y la estrategia de financiamiento, variables decisivas que influyen en la percepción de riesgo sobre los activos argentinos. Esta incertidumbre se traduce en una prima de riesgo más alta para la deuda soberana. En un contexto donde existen diferentes trayectorias posibles en términos de políticas económicas, los inversores exigen un rendimiento superior para adquirir bonos argentinos, especialmente aquellos con vencimientos más prolongados.
Desde otra firma de análisis, se agrega que las tasas a futuro brindan información sobre los riesgos electorales, que se disparan al 16% en 2028. “Ese incremento indica que el riesgo electoral está teniendo un impacto en la presión reciente. Estos forwards son influenciados por los Bonar 28, que cotizan a precios particularmente bajos, pero incluso tomando esto en cuenta, reflejan que las probabilidades implícitas de default aumentan en 2028, justo después de las elecciones. Este movimiento resulta principalmente de una genuina expectativa de riesgo crediticio, impulsada por encuestas recientes, aunque es complicado separar ambos factores”, señalan.
Como resultado de esta incertidumbre, la deuda soberana opera con tasas en dólares más altas, lo cual implica precios de bonos más bajos y un mayor costo potencial de financiamiento para el país. Este efecto se nota especialmente en los títulos de mayor duración, que son más sensibles a las variaciones de tasas internacionales y a cambios en la percepción de riesgo local.
El mercado enfrenta dos presiones sobre la deuda argentina: un aumento en los rendimientos de los Treasuries que eleva la tasa de referencia global, y la incertidumbre interna vinculada al escenario electoral y la evaluación de la continuidad del programa económico.
Desde otra firma también se señala que el mercado ha comenzado a integrar riesgos electorales en la curva, resaltando que se sigue monitoreando la tasa implícita entre el bono AO27 (vencimiento en octubre de 2027) y el AO28 (vencimiento en octubre de 2028) como un indicador de la prima de riesgo político asociada al periodo posterior a 2027. Esta tasa creció de manera considerable durante agosto, pasando de cerca del 12% al 15%, pero desde entonces ha mantenido estabilidad en esos niveles.
Finalmente, analistas de otra entidad financiera destacan que tanto factores locales como externos pesan sobre la deuda argentina. “El riesgo país se amplió hasta situarse en torno a los 550 puntos básicos, su cifra más alta desde principios de mayo, cuando el Banco Central aceleró su programa de compra de reservas internacionales. Es crucial mencionar que esto ya no responde únicamente a la dinámica de los bonos del Tesoro de Estados Unidos; incluso en jornadas donde los Treasuries y la deuda de mercados emergentes operan casi sin cambios, los bonos argentinos continúan perdiendo valor”, comentan.
En el ámbito cambiario, el peso también mostró signos de depreciación, aunque alineada con la tendencia global. Durante septiembre, el peso argentino se depreció en un 1,07% frente al dólar, indicando un movimiento más moderado en comparación con muchas otras monedas de mercados emergentes. En el mismo período, el dólar aumentó un 6,38% frente al peso mexicano, un 4,20% respecto al peso chileno, un 3,30% en comparación con el franco suizo, un 3,26% frente al peso colombiano y un 2,63% ante el dólar canadiense.
Asimismo, el dólar se revalorizó un 2,33% frente al sol peruano y un 1,98% con respecto al índice dólar. El real brasileño también se devaluó, aunque de forma contenida, en un 0,75% durante el mismo período. Por lo tanto, es notable que, a pesar de la suba del dólar, el peso argentino se encuentra entre las monedas que menos se depreciaron frente al dólar en septiembre.
Esta conclusión es respaldada por las cotizaciones locales, ya que el tipo de cambio oficial acumuló aproximadamente un aumento del 1,1% mensual hacia finales de septiembre, mientras que el MEP avanzó un 1,2% y el CCL rebotó un 1,7% en el mismo mes.























