Algunos podrían pensar que esto es trivial, una simple disputa social. Sin embargo, hay que recordar que Javier Milei se ha forjado en el ámbito de las redes sociales; su ascenso comenzó desde su análisis en Intratables y la propagación de su mensaje en plataformas digitales. La controversia interna puede tener graves repercusiones.
Consciente de las implicaciones, el gobierno intentó ayer proyectar una imagen de reconciliación, presentando fotografías en las que miembros de ambos bandos aparecían unidos en la celebración del Día de la Patria.
El triángulo de hierro
Una de las imágenes más destacadas es la del mencionado triángulo de hierro. Muchos pensaban que ya no existía. En ella aparecen el Presidente, visiblemente complacido, junto a su hermana biológica y su hermano de la vida. Aquí se presenta un punto crucial: Milei debe asumir el liderazgo. Reconocer la influencia de su hermana en su vida, su apoyo emocional y su habilidad para organizar el espacio político es válido; sin embargo, él debe ser el máximo responsable.
Karina Milei no puede actuar como política porque es parte del conflicto. Si Javier se aparta, quedando solo en Olivos concentrándose en la economía junto a Toto Caputo, y delega la gestión política en su hermana, esta no podrá dirimir una disputa que le pueda incomodar. Para Milei, su hermana es un igual, y por eso visualizamos el triángulo. Es imperativo que Milei cierre esta brecha y tome el control, incluso respecto a su hermano de confianza.
No existen razones intelectuales ni vínculos emocionales que impidan a Milei imponer su autoridad y decir “aquí soy yo el que manda”. ¿Y por qué lo afirmo? Porque Argentina tiene un sistema presidencialista. La sociedad anhela un líder, una figura que brinde estabilidad en un país donde la economía es un constante sismo. La ciudadanía observa en términos binarios: ¿tiene el mando o no? ¿Le obedecen o no?
Las imágenes del día
Más allá del triángulo, el gobierno ha difundido otras imágenes que sugieren cohesión. Lule Menem aparece a la izquierda y Santiago Caputo -el conocido ‘Peaky Blinder’- se dan la mano con firmeza. ¿Acaso no hay conflicto? ¿No hay divisiones internas?
¿A quién intentan convencer con estas fotografías? A los argentinos, sin duda, pero también al mercado. Este último, aunque aprecia la dirección que se está tomando, se interroga sobre la solidez de quienes están al mando. ¿Pueden mantener un frente unido o las disensiones provocarán un desvío en el rumbo?
Por primera vez, Santiago Caputo asistió al Tedeum. En ediciones anteriores no había comparecido. Esa imagen sonriente junto a un miembro del bando contrario genera interrogantes.
La gran interrogante es quién puede garantizar que ciertos elementos relacionados con causas judiciales no provengan de conflictos personales. La posibilidad no puede descartarse. En medio de la tensión y la voluntad de desplazar al oponente por el control del poder o de los recursos, los ataques pueden superar la búsqueda de una transformación verdaderamente difícil.
Villarruel y Bullrich
El Tedeum marcó también la primera ausencia de Victoria Villarruel. Desde una perspectiva institucional, su falta en un evento tan significativo como el 25 de mayo es cuestionable. Desde un enfoque político, el gobierno no perdona su autonomía -su postura nacionalista, productivista y levemente peronista- y su imagen junto a figuras como Isabelita y sus coqueteos con Mayans generan desconfianza. Por ello, Karina Milei defirió su presencia: “No la invitamos al salón. Al Tedeum, no viene”. Y así fue.
Patricia Bullrich, quien también fue ubicada en una posición lejana antes de acercarse, ha sido objeto de especulaciones. No es parte integral de La Libertad Avanza, lo que alimenta la desconfianza por parte de Karina Milei. Sin embargo, su presencia es recíproca: Bullrich necesita este espacio y este lo requiere a ella.
Adorni, aunque presenta declaraciones juradas y asegura que todo está en orden, cuenta con una imagen bastante deteriorada. En cambio, Bullrich tiene buenas proyecciones en encuestas. Su figura podría ser clave tanto para la Ciudad como para el rol de vicepresidenta. Esto convierte su perfil en un activo valioso, especialmente cuando el gobierno ha visto mermar su imagen en los últimos tiempos.
Javier Milei participó del Tedeum en la Catedral Metropolitana, acompañado por su gabinete y, notablemente, sin la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Por eso, pueden relegarla y ubicarla detrás en el Tedeum. Mientras ella camina sola hacia el Cabildo, hay quienes le gritan “Patricia Presidenta”. Ella sonríe, se sonroja y disfruta del momento. Esto molesta al gobierno, ya que la idea de una contención en torno a ella genera inquietud. La mantienen alejada de los espacios privilegiados, sin advertencias directas. La distancia se siente.
Sin embargo, en el balcón de la Casa Rosada, símbolo de poder, la incluyeron. Esta dinámica de cercanía y lejanía ilustra el estado del gobierno y su intento de presentar un mensaje de unidad.
La importancia
Este gobierno tiene aspiraciones elevadas en un contexto argentino complicado. Se plantean transformaciones significativas y un ajuste considerable. Recordemos que Menem, para implementar los cambios que propició -modernización, privatizaciones y el aumento del desempleo asociado-, contó con un respaldo casi unánime. Tenía mayoría en el Congreso, controlaba el peronismo, había posicionado una Corte Suprema alineada y tenía la oposición desactivada.
Menem era consciente de que una eventual caída en popularidad lo dejaría sin apoyo, así que se procuró el respaldo del Poder Judicial, del Legislativo y de los sindicatos. Aunque en su gobierno había internas, logró mantener el orden y, a pesar de las sombras que también lo acompañaron, pudo avanzar. Así, puede observarse que el contexto actual presenta desafíos similares, pero la cohesión del gobierno se antoja más frágil.






















