Con el inicio de la siembra de granos gruesos a la vuelta de la esquina y la preocupación creciente por un posible fenómeno climático denominado “Súper Niño”, el meteorólogo Leonardo De Benedictis se propuso brindar tranquilidad al sector agropecuario. Durante su participación en el Congreso de Aapresid, apoyado por Expoagro, subrayó que este fenómeno no debería suscitar temor, sino más bien motivar una planificación cuidadosa. Afirmó que los productores deben basarse en información técnica para anticipar sus decisiones. Aunque indicó que el evento El Niño se desarrollará con gran intensidad y provocará lluvias superiores a los normales en varias regiones, advirtió que sus efectos serán diversos a lo largo del país. En este contexto, De Benedictis desmitificó el concepto de “Súper Niño”, que ha ganado popularidad en los últimos meses. “Súper Niño es un término acuñado por el marketing porque en realidad el evento se llama El Niño muy fuerte”, expresó. Detalló que, desde la perspectiva meteorológica, los fenómenos se clasifican como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes, y que la categoría “Súper Niño” no tiene fundamento. El experto señaló que el calentamiento extremo del océano Pacífico generará cambios significativos en la circulación atmosférica, lo que favorecerá precipitaciones superiores a los promedios en el Litoral, el sur de Brasil, el este de Paraguay y Uruguay. Sin embargo, enfatizó que el principal error sería generalizar este escenario a todo el país. “Lo peor que podemos hacer es generalizar”, remarcó. Aclaró que cada región responderá de manera diferente al fenómeno climático; así, mientras algunas áreas podrían experimentar un exceso de humedad, otras se enfrentarían a déficits. Informó que las zonas cercanas al río Paraná tienen un alto riesgo de excesos hídricos y posibles crecidas, mientras que el oeste de Santa Fe, Córdoba, el noroeste de Buenos Aires y el norte de La Pampa cuentan con perspectivas favorables para la producción, con lluvias suficientes para obtener buenos rendimientos sin que necesariamente se generen anegamientos generalizados. Por el contrario, provincias como San Luis, Mendoza y partes de Cuyo podrían sufrir déficits hídricos a lo largo de la campaña, mientras que el noreste argentino se presenta como una de las regiones con mayor probabilidad de lluvias extraordinarias. En cuanto a la zona núcleo, prevé un panorama intermedio, con algunos excesos locales pero un contexto general favorable para los cultivos de verano: “Es una zona que puede llegar a tener muy buenos rendimientos”. Dirigiéndose a los productores, De Benedictis dejó un mensaje claro: “No se dejen llevar por un titular y no tengan miedo”. Comentó que, durante sus recorridas en el noreste argentino, observó a muchos productores preocupados únicamente por el nombre del fenómeno. En lugar de actuar desde el miedo, instó a utilizar las predicciones climáticas como una herramienta para planificar sus campañas. “No hay que asustarse, sino que tienen que empezar a ocuparse y tomar decisiones con anticipación”, indicó. Usó como ejemplo la situación en las islas del Paraná, donde sugirió evaluar, desde ahora, alternativas productivas y logísticas antes de que posibles crecidas compliquen la actividad. De Benedictis destacó que esa es precisamente la finalidad de las proyecciones meteorológicas: “El pronóstico busca eso, ayudar a tomar decisiones con anticipación”. Por ello, insistió en que en la actualidad existen aplicaciones y herramientas suficientes para reducir la incertidumbre y mejorar la planificación. También animó a basar las decisiones en información técnica en lugar de dejarse influir por publicaciones que buscan impacto en redes sociales. “Mi mensaje y humilde consejo es que empiecen a no dejarse llevar por un titular de Meganiño o de Súper Niño”, manifestó. Asimismo, recomendó consultar información oficial y respaldada por instituciones y modelos meteorológicos, ya que frecuentemente se cometen errores debido a decisiones tomadas por sensaciones y no por datos. Entre otros temas abordados, explicó el efecto del fenómeno sobre las heladas, una variable crítica para la agricultura. Aclaró que hay una relación significativa entre la fase del ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) y la frecuencia de estos eventos. Indicó que durante los años de La Niña se suele presentar una mayor amplitud térmica, lo cual incrementa la frecuencia de heladas y el riesgo de heladas tardías. En contraste, en los años de El Niño se produce el fenómeno inverso, con menos frecuencia de heladas y, por ende, menores probabilidades de eventos de heladas tardías. De Benedictis también abordó una inquietud frecuente en el sector: el horizonte de proyección de un pronóstico con un grado razonable de certeza. Diferenció entre los pronósticos a corto plazo y las tendencias estacionales, mencionando que, si bien para saber si lloverá en un día específico el horizonte útil es de tres a cuatro días, para planificar una campaña agrícola se pueden utilizar proyecciones de entre cuatro y nueve meses, siempre actualizadas periódicamente. Precisó que el pronóstico para octubre se elaboró desde enero y fue ajustándose mes a mes. “Voy viendo la película del pronóstico”, explicó, resaltando que la confiabilidad aumenta cuando una misma tendencia se mantiene en sucesivas actualizaciones. No obstante, advirtió sobre la incertidumbre presente en la meteorología: “A veces tenemos mucha certeza sobre un pronóstico y otras veces tenemos que indicar que hay mucha dispersión”. Por eso destacó que el objetivo de los pronósticos estacionales no es anticipar un día concreto de lluvia, sino identificar regiones con mayor riesgo potencial. “El objetivo no es adivinar”, concluyó. Finalmente, reiteró que el comportamiento del fenómeno varía entre regiones, y que su impacto no significa que habrá lluvias superiores a lo normal durante todos los meses. Explicó que un año de El Niño a menudo alterna períodos relativamente normales con episodios de precipitaciones intensas que alteran el balance hídrico de la campaña. En el Litoral y el noreste argentino, precisó, esos eventos podrían concentrarse entre octubre y principios del verano, mientras que en provincias como Córdoba o Santiago del Estero se pueden observar varios meses con lluvias por debajo del promedio antes de que ocurran precipitaciones aisladas de gran magnitud entre noviembre y diciembre: “Probablemente tengan varios meses en los cuales la lluvia esté por debajo de los promedios, pero con un gran potencial de eventos de gran magnitud de forma más aislada.”
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Nº Edición: 75






















