El mensaje de Kirchner al entorno del gobernador bonaerense ha dado lugar a diversas interpretaciones. Para un sector, se trata de un avance relevante en medio de la incesante interna que perdura en la provincia; una prueba de que no todo está perdido. Para otros, sin embargo, representa más de lo mismo: un mensaje confuso, sin proyección, que evoca una intención subyacente de que el Gobernador se ajuste a las expectativas del cristinismo.
Kirchner fue directo en una entrevista en C5N cuando se le consultó acerca de sus diferencias ideológicas y programáticas con Kicillof. Negó de manera rotunda que existan tales diferencias y enfatizó que es Kicillof quien debe dar el primer paso para reanudar el diálogo. Lo expresó a su manera, dejando entrever otros mensajes nada sutiles.
“No. Estoy convencido que no. Compartimos el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Es el Gobernador y el presidente del PJ de la provincia. No creo que él tenga diferencias. Lo conozco. Fue ministro de Economía de Cristina. Hemos dado la pelea juntos contra los fondos buitres. Lo he destacado siempre. No sabría explicarlo”, afirmó.
A su vez, Kirchner declaró que “no hay una pelea en el conurbano” y que, en todo caso, “puede haber cruces de declaraciones”. También aludió a Kicillof al señalar: “hubo gente que adelantó una pelea que no entendí mucho”. Esta disputa a la que hace referencia se relaciona con el formato de la candidatura y el papel de la ex presidenta. Kicillof, decidido a competir por la presidencia, no desea esperar hasta 2027 en busca de la bendición de Cristina Kirchner, ni ser condicionado por el aparato cristinista en la etapa decisiva. Así, ha librado una discusión intensa contra quien lo ayudó en su crecimiento político: la historia del peronismo.
“Todas las veces que me convocaron a dialogar y a charlar, fui. No puedo entrar a lugares sin que me inviten. No soy el gobernador ni el presidente del PJ de la provincia de Buenos Aires. Soy un diputado nacional. Estoy preparado para dar discusiones internas, siempre y cuando esos debates no tengan que ver con los microposicionamientos de dirigentes que crecen con la división”, planteó.
Desde el cristinismo, se sostiene que la responsabilidad de avanzar recae en Kicillof; es él, en virtud de su rol como precandidato a presidente, gobernador de Buenos Aires y líder del PJ provincial, quien debe construir puentes para intentar forjar la unidad del peronismo. Este mensaje ha sido reiterado por el entorno del dirigente camporista, así como el propio legislador lo expresó en la entrevista.
Sin embargo, dentro del círculo más cercano a Kicillof, han sido contundentes respecto al mensaje de Kirchner: “No significa nada”. Esta respuesta revela el estado de ánimo del grupo, y la creciente desconfianza ha aplastado cualquier posibilidad de creer en la buena voluntad que intentó transmitir el hijo de la ex presidenta.
No se fían. No confían. No ven un futuro en esa relación. Tampoco logran visualizar un presente. Solo identifican las heridas del pasado reciente. Pese a ello, en La Plata suelen afirmar que, cuando llegue el momento de discutir temas concretos e importantes para la mayoría del espacio, estarán dispuestos a participar.
“La relación está muy rota y no hay manera de que ocurra algo bueno en el corto plazo. Hay un desgaste en Axel por todo lo que viene pasando desde hace tiempo. El día que tome la iniciativa, como ellos quieren, lo van a cagar igual. No hay manera”, sostuvo uno de los principales dirigentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF). Dentro del kicillofismo, creen que para establecer un acuerdo, la única forma es legitimarlo a través de los votos. La supremacía respaldada por la voluntad popular es la única que puede mantener el orden en la convivencia.
Fuera de la interna entre los Kirchner y Kicillof, una buena parte del peronismo ha comenzado a interpretar los mensajes de la sociedad a través de recientes encuestas. Dos estudios en particular han marcado la agenda política en los últimos cuatro días. Uno de ellos es el reconocido índice de confianza en el Gobierno, elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella, que registró una caída del 6,5% en comparación con junio.
La tendencia negativa para el gobierno de Milei se ha mantenido durante todo 2026, a excepción del mes de junio, donde se interrumpió esa caída. En enero, se observó una caída del 2,8%; en febrero del 0,6%; marzo reportó una disminución del 3,5%; en abril el descenso fue del 12,1%; y en mayo del 1,6%. Sin embargo, en junio hubo un incremento del 3,9%. Estos datos son desfavorables para la Casa Rosada y representan una clara señal para la oposición, que a su vez se encuentra inmersa en sus propios conflictos y divisiones, pero que también comprende que el tiempo avanza y que deben construir una alternativa con rapidez.
El peronismo evita caer en la tentación de plantear una salida segura del Gobierno en las próximas elecciones, pero percibe un margen más claro para llegar competitivos a los comicios. A pesar de que el orden en la macroeconomía se ha considerado un éxito, la microeconomía no parece recuperarse. Los salarios no crecen al ritmo de la inflación y el consumo también se ha estancado. Las pequeñas y medianas empresas siguen cerrando, la industria se encuentra en declive y la construcción no logra reactivarse. El comercio atraviesa un difícil momento, y el sector textil se encuentra en una situación peor. Ante este panorama, el peronismo reconoce que, en esta fase del año calendario, carece de la capacidad para constituir una opción seria. Este dilema han comenzado a evidenciarlo, ya que los datos de la realidad impulsan la necesidad de acercamientos en la esfera política.
El segundo estudio plantea un panorama aún más alarmante para la gestión libertaria. Una encuesta realizada por el Instituto Universitario CIAS reveló datos preocupantes para las proyecciones electorales del Gobierno. Uno de los hallazgos más significativos es que el 42% de los jóvenes que votaron a Milei no lo respaldarían en 2027. Este segmento de votantes se distribuiría entre otras fuerzas opositoras y el voto en blanco.
En contraste, el 76% de los jóvenes que apoyaron a Sergio Massa manifestaron su intención de volver a votar al peronismo, mientras que un 24% se dividiría en otras opciones electorales. Sin embargo, el dato más contundente proviene de los barrios populares, donde el 51% de los jóvenes que habitan estas zonas optarían por el peronismo, en comparación con solo un 20% que apoyaría a los libertarios.
Entre los jóvenes de entre 16 y 24 años encuestados, el estudio revela que el 75% percibe que, en el último año, la economía ha empeorado. Un 60% indicó que en sus hogares han tenido que reducir su consumo, y un 40% mencionó haber recortado la compra de alimentos. Un 57% señaló que debieron pedir dinero prestado para hacer frente a gastos cotidianos. El panorama es sumamente complicado.
Dentro de las filas del peronismo, los dirigentes son conscientes de la imperante necesidad de construir una alternativa sólida. Aunque no lo expresen de manera pública, saben que deben comenzar a brindar claridad sobre la edificación opositora. El tiempo de las elecciones se aproxima, y los conflictos de poder deben ser resueltos con responsabilidad. En algún momento, la interna deberá finalizar. Esta necesidad es reclamada no solo por los propios dirigentes del peronismo, sino también por una parte considerable de la sociedad, que no se siente inclinada a votar a Milei, pero que tampoco cuenta con una alternativa clara en la que confiar.























