Peter Kyle, secretario de Comercio del Reino Unido, criticó la acción de los futbolistas como “totalmente inapropiado” y exigió a la FIFA que “lleve a cabo una investigación exhaustiva”.
En declaraciones a la BBC, Kyle subrayó que “la política debe estar separada del fútbol”, reafirmando que “uno de los principios fundamentales del Mundial es que la política está separada del fútbol”. Agregó que “ahora corresponde a la FIFA” actuar al respecto.
Desde Downing Street, la residencia del primer ministro británico, se respaldaron las afirmaciones de Kyle. Un portavoz oficial enfatizó: “Puede que la Copa del Mundo no sea nuestra, pero las Islas Malvinas sí lo son. Nuestro compromiso con las Malvinas jamás flaqueará”.
Asimismo, aclaró que cualquier decisión sobre posibles sanciones recae únicamente en la FIFA, aunque resaltó que el primer ministro coincide con su gabinete en la necesidad de una investigación.
Hasta el momento, la FIFA no ha emitido comentarios sobre el asunto. Su código disciplinario permite abrir una investigación y sancionar tanto a los jugadores como a la federación por mensajes que se consideren inapropiados en un evento deportivo.
El artículo 34.3 del reglamento del torneo prohíbe de manera explícita que jugadores exhiban mensajes o consignas políticas antes, durante o después de los partidos.
En 2014, la FIFA ya había impuesto una multa a la Selección argentina por mostrar una pancarta con el mismo mensaje tras un amistoso contra Eslovenia, contemplando multas que oscilan entre 5.000 y 20.000 dólares por infracciones similares.
En el reciente Mundial de Qatar 2022, la federación serbia fue sancionada con 20.000 francos suizos por exhibir un cartel político referente a Kosovo en su vestuario antes de enfrentar a Brasil.
Al concluir el partido, Gonzalo Montiel fue cuestionado sobre el origen de la bandera y aclaró: “Justo cayó una ahí y los chicos la agarraron. Así que nada, contento”, dejando en claro que el plantel no la llevó al estadio de antemano.
Lisandro Martínez, consultado tras el encuentro, expresó que el gesto buscaba rendir homenaje a los veteranos de Malvinas: “No podíamos fallarle al pueblo argentino”, aseguró el defensor, quien juega en Inglaterra desde hace cuatro años.
Por su parte, Leandro Paredes destacó la emocionalidad del asunto: “Es una parte triste de nuestra historia, para todos los involucrados. Y duele. Sabíamos que jugábamos también por ellos”.
La rivalidad deportiva entre Argentina e Inglaterra se intensifica por el conflicto histórico sobre la soberanía de las Islas Malvinas, que el Reino Unido administra como territorio de ultramar, mientras que Argentina las reclama como propias desde 1833. La guerra de 1982 resultó en la muerte de 649 soldados argentinos, 255 británicos y tres isleños.























