La selección española demostró una confianza notable, incluso después de un empate poco satisfactorio ante Cabo Verde en las etapas iniciales del campeonato. Su juego fue en constante ascenso, potenciado por el regreso de Lamine Yamal, su estrella del Barcelona.
Yamal no oculta su determinación, que en ocasiones puede parecer arrogancia. No es eso, por supuesto, sino la confianza en un equipo que suma treintaisiete partidos sin conocer la derrota. Didier Deschamps había calificado a los españoles como favoritos, y sus palabras se confirmaron: Francia fue incapaz de reaccionar y no les dejaron desarrollar su juego.
¿Fue un mal partido para el subcampeón mundial? No, en realidad, se trató de una actuación magnífica de España, que desdibujó a los franceses, convirtiéndolos en un grupo de individualidades desorganizadas.
Los números indican que los futbolistas dirigidos por Luis de la Fuente serán los seguros ganadores de esta Copa del Mundo, tras haber dominado a un equipo que parecía inalcanzable. Sin embargo, este encuentro no es tan predecible; era una semifinal, no una final anticipada.
En cuanto al funcionamiento, las selecciones argentina e inglesa distan del nivel de juego exhibido por España hasta ahora. Sin embargo, en estas instancias se ponen en juego otros factores. Aunque, desde el punto de vista del juego, hasta el momento, nadie ha mostrado una calidad comparable a la de España.























