“El dinero no es un problema”, afirman aquellos con poder de decisión, aunque subrayan que los fondos están sujetos a un estricto manual de instrucciones centrado en la sostenibilidad ambiental.
En el corazón de esta estrategia se encuentra el Global Gateway, un ambicioso fondo europeo creado para competir con la Ruta de la Seda de China.
La concesión de recursos está condicionada a la estricta normatividad de descarbonización, una directriz que contrasta notablemente con el contexto energético de Argentina, especialmente en relación con los recursos de Vaca Muerta.
Para el gobierno argentino, Vaca Muerta representa una clave esencial para asegurar la autosuficiencia energética y generar divisas de manera masiva. No obstante, desde la perspectiva del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y otras entidades de fomento europeo, el gas y el petróleo son vistos como una relicta del pasado.
Altos funcionarios de la UE, bajo anonimato, indicaron que no se destinará un solo euro de fondos públicos europeos a financiar gasoductos, plantas de gas natural licuado (GNL) ni proyectos de infraestructura relacionados con el fracking.
La UE está sujeta a sus propias leyes ambientales y al Pacto Verde, lo que impide financiar infraestructura de combustibles fósiles fuera de sus fronteras. Sin embargo, no se descarta la participación de inversiones de riesgo privado.
Si bien la UE rechaza el gas, muestra interés por acceder al sector de la minería y los materiales estratégicos. “No todo tiene que ir a EE.UU.“, comentan, lo que resalta su atención hacia el “super RIGI”.
Europa tiene una necesidad apremiante de baterías para transformar su industria automotriz antes de que China monopolice el mercado global, lo que hace que Argentina se convierta en un socio clave.
El fondo Global Gateway enfoca su interés en el litio del norte de Argentina y el cobre de la cordillera, pero bajo un nuevo paradigma que se aleja del modelo extractivista tradicional.
Los diplomáticos europeos reafirman en los pasillos de la Cancillería: “No queremos la vieja lógica de venir, sacar el barro y dejar el pozo”. La cofinanciación de proyectos se condiciona a la creación de valor agregado local y a una trazabilidad sustentable.
Sin embargo, el verdadero yacimiento de valor a largo plazo radica en el hidrógeno verde. El viento en la Patagonia se presenta como el futuro proveedor de combustible limpio que Alemania o Francia necesitarán para sus industrias pesadas en las próximas décadas.
“El hidrógeno verde es el futuro, no hay duda, el tema es de quién será”, plantean interrogantes al respecto.
El contraste más notable de esta nueva era de relaciones bilaterales se observa en las ciudades. Reducir la huella de carbono en los centros urbanos del Cono Sur ofrece un impacto ambiental superior al de cualquier megaobrar de GNL. Por tal motivo, las agencias de Europa priorizan el financiamiento de la esperada Línea F de subte y la electrificación de las líneas ferroviarias metropolitanas.
A pesar del rechazo hacia los hidrocarburos, la UE mantiene un ambicioso plan para contribuir a la interconexión energética de América Latina, considerado un paso fundamental para integrar a la región en las cadenas de valor globales.
Europa no busca financiar proyectos aislados de un único país, sino estructurar un verdadero mercado eléctrico unificado a nivel regional que incluya a los socios del Mercosur y al resto del continente.
Según expertos europeos, América Latina enfrenta una crónica falta de infraestructura de transmisión que aísla los excedentes de generación y promueve que cada país actúe como una isla. “No es la falta de cables, son los bloqueos político-ideológicos de los gobiernos de turno lo que frena los proyectos a largo plazo”, explican fuentes diplomáticas.
Como ejemplo, mencionan las recurrentes tensiones bilaterales en represas binacionales clave como Itaipú, que generan disputas tarifarias que obstaculizan el potencial energético compartido.
Con la falta de experiencia en el trabajo conjunto, la visión europea sugiere que el Global Gateway podría servir como un incentivo.
La propuesta combina aportes tecnológicos con la transferencia de experiencia regulatoria. Para Bruselas, la interconexión transfronteriza regional, debatida en foros como la última Cumbre en Santa Marta, es el único modo de que Sudamérica pueda distribuir eficientemente sus nuevas energías renovables, ya que “sin esas grandes redes de alta tensión, el litio o el hidrógeno eólico quedarán bloqueados en el origen”.























