Este proyecto tuvo lugar en una propiedad situada en Mississippi, Estados Unidos, que abarca una superficie de 50 hectáreas, lo que equivale a cerca de 500.000 metros cuadrados.
Según relató en una entrevista en un programa de televisión, el actor inició este proyecto a los 77 años, cuando decidió trasladar 26 colmenas desde Arkansas hasta su rancho en Mississippi.
Una vez que las colmenas fueron instaladas, Freeman se encargó personalmente de alimentarlas con agua azucarada para facilitar su adaptación al nuevo entorno. Además, plantó especies como magnolias, lavanda y tréboles, que ofrecen néctar y polen a los insectos.
El propósito de Freeman no era la comercialización de miel, sino la protección de las abejas. Por ello, optó por no recolectar miel ni intervenir con frecuencia en las colmenas, permitiendo que las abejas utilizaran sus reservas para alimentarse y mantener su colonia.
“Hay un esfuerzo conjunto para devolver las abejas al planeta”, expresó en esa entrevista. También mencionó que se acercaba a los insectos sin utilizar un traje de protección y que, hasta ese momento, no había sido picado.
Como polinizadoras, las abejas juegan un papel crucial en el ecosistema. Se desplazan entre las flores, transportando polen y facilitando la reproducción de varias plantas, lo que a su vez produce frutos y genera semillas.
La presencia de abejas también favorece el ecosistema del rancho, ya que mejora la polinización, lo que a su vez promueve el crecimiento de la vegetación y ofrece alimento y refugio a diversas especies que habitan el terreno.
Así, con el traslado de 26 colmenas a su extensa propiedad, Freeman logró convertir su rancho en un entorno propicio para la vida de las abejas, contribuyendo a su cuidado mediante la plantación de árboles y flores, además de su decisión de no recolectar la miel que producen.























