La volatilidad se intensificó tras la destrucción por parte de Estados Unidos de cinco petroleros iraníes que transportaban crudo cerca de la isla de Kharg, a lo que Irán respondió atacando una base estadounidense en Jordania y varios buques en el estrecho de Ormuz. La Guardia Revolucionaria iraní comunicó que sus fuerzas habían atacado dos embarcaciones estadounidenses, ocho petroleros y numerosas naves en esa región, así como la base en jordana. Al mismo tiempo, los hutíes, aliados de Irán, tomaron control del puerto yemení de Mocha, lo que representa un nuevo desafío para la navegación en el mar Rojo.
El analista Simon-Peter Massabni, director de desarrollo empresarial de XS.com, subrayó que los ataques desde Yemen hacia instalaciones energéticas en Arabia Saudita representan ‘una nueva fuente de riesgo para el mercado’, ampliando las preocupaciones más allá de Irán y del estrecho de Ormuz. Según Massabni, la amenaza ‘ya no se limita a un único punto de estrangulamiento’, ya que también incorpora la posibilidad de que las interrupciones afecten rutas de exportación, instalaciones productivas de crudo y otras infraestructuras energéticas.
Un informe de S&P Global Energy advirtió que, ante la disminución de las probabilidades de resolución del conflicto y la reciente superación del Brent por encima de los USD 100, ‘los mercados del crudo están estableciéndose en una nueva normalidad prolongada donde el riesgo de interrupciones es constante, en lugar de episódico’.
La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ajustó a la baja su previsión de crecimiento de la demanda mundial de crudo para 2026, fijándola en 380.000 barriles diarios, representando su quinta revisión consecutiva en negativo. Sin embargo, se reportó un aumento del 1,6% en la producción de los países del Golfo Pérsico durante agosto.
El aumento en los precios globales se produce en un contexto especialmente crítico para el mercado local de combustibles. Entre abril y finales de junio, YPF, que controla más del 55% del mercado, implementó un mecanismo de amortiguación de precios para evitar que la volatilidad del Brent durante el conflicto entre Estados Unidos e Irán se tradujera directamente en los precios de los surtidores. Este sistema, utilizado por otras petroleras, logró mantener el precio de la nafta súper en torno a los $2.000 en esos meses.
No obstante, este esquema tenía una condición implícita: antes de reducir precios en los surtidores, las refinadoras necesitaban recuperar las ganancias perdidas durante el conflicto. Con la nueva alza del crudo, ese margen para la recuperación se limita o desaparece.
Daniel Dreizzen, director de Aleph Energy, había señalado en junio que, incluso ante una posible caída del crudo, los precios en las estaciones de servicio no disminuirían en el corto plazo y estimó un plazo mínimo de dos meses desde que el Brent comenzara a corregirse. La rapidez de dicho ajuste, indicó Dreizzen, dependería de la estabilización del crudo: si se mantiene cerca de los USD 70, el periodo de compensación sería menor; si se asienta alrededor de los USD 80 o USD 90, se prolongaría. Actualmente, con el crudo por encima de los USD 100, esa estimación ha quedado obsoleta.
El aumento en los precios ya ha impactado en el consumo. En los primeros siete meses de 2026, el despacho de combustibles alcanzó su nivel más bajo en dos años: 5.667 millones de litros entre enero y julio, lo que representa una caída del 5,26% en comparación con el mismo periodo de 2023, que había registrado 5.981,8 millones de litros, según un análisis del Instituto Argentina Grande (IAG). La venta de nafta premium sufrió la mayor caída, con un descenso del 7,3%, mientras que la nafta súper disminuyó en un 4,5%.
El dato de julio fue particularmente preocupante para el sector: las estaciones de servicio despacharon 1.368.722 metros cúbicos de combustibles, un 6,4% menos que en julio de 2025, según la Secretaría de Energía.
A la presión del crudo internacional se suma la carga tributaria interna. Según el IAG, el impuesto sobre la transferencia de combustibles se incrementó un 1.387% desde el cambio de gestión, muy por encima del 329% de inflación acumulada en el mismo periodo.
Este impuesto pasó de representar el 8,9% en noviembre de 2023 al 20,1% en agosto de 2026; de los $2.045 que cuesta hoy un litro de nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires, $411 corresponden a impuestos.
El 1° de septiembre debía implementarse un nuevo aumento de este tributo, pero un decreto reciente postergó la actualización hasta el 1° de octubre. Esta es la decimotercera postergación desde 2024. La justificación oficial, reiterada durante más de dos años, es ‘continuar estimulando el crecimiento de la economía a través de un sendero fiscal sostenible’.
Todos los distritos del país reportaron una disminución en la venta de nafta en 2026 comparado con 2023. Misiones se ubicó en la cima de la caída con un 32,48%, seguida por Formosa con 26,26%. Corrientes, La Rioja y Entre Ríos también mostraron descensos significativos.
El IAG atribuyó esta tendencia al fenómeno de la frontera: en las provincias limítrofes, el precio de la nafta ha superado el de los países vecinos, lo que ha llevado a un desvío de la demanda hacia el lado opuesto de la frontera. Buenos Aires y Neuquén mostraron las menores caídas, beneficiadas en parte por la actividad vinculada a Vaca Muerta.
A nivel internacional, el presidente Donald Trump advirtió que Estados Unidos podría ampliar sus operaciones militares, sugiriendo que la guerra podría extenderse más allá de las elecciones de mitad de mandato programadas para noviembre.
Algunos asesores de la Casa Blanca han indicado que el conflicto podría extenderse incluso más allá de la próxima toma de posesión presidencial prevista para enero de 2029.
Mientras persista el conflicto sin señales claras de resolución, cualquier expectativa sobre un descenso en los precios de la nafta en los surtidores argentinos queda en suspenso.























