Originarios de Inglaterra, estos perros fueron criados para la caza en grupo, lo que les confirió un sentido del olfato excepcional, orejas largas que facilitan la captación de olores y un cuerpo robusto. Su crianza tenía como finalidad la comunicación a distancia, tanto con otros perros como con los cazadores.
El Beagle es un compañero alegre y especialmente cariñoso con los niños, aunque requiere de paseos diarios y estimulación mental para canalizar su energía.
Su notable tendencia a aullar tiene una raíz casi científica: como sabuesos de rastro, utilizan el aullido y un ladrido corto como métodos de comunicación primordiales. Al hacerlo, alertan a su dueño o a su grupo sobre la presencia de una presa.
En el entorno familiar, este instinto puede activarse por diversos sonidos como sirenas, timbres, la llegada de visitantes o cuando se encuentran solos durante períodos prolongados. Aúllan, en esencia, porque es su forma de comunicarse.
La veterinaria Jessica Ennis explicó que este comportamiento está íntimamente ligado a la historia de la raza: “El aullido es un comportamiento de comunicación de los perros de rastro”, afirmó. Además, subrayó que “no se trata únicamente de un ladrido prolongado, sino de una forma diferente de expresarse”.
A pesar de su domesticación, la inclinación a aullar de los Beagle se mantiene. Factores como ruidos intensos o la cercanía de otros animales pueden provocar este comportamiento, que cesa una vez que el estímulo desaparece.
Si el aullido resulta perturbador, se sugiere ajustar el entorno para minimizar los factores desencadenantes o, de ser necesario, bloquear las fuentes de ruido.
Sin embargo, existe un tipo de estímulo complicado de manejar: la ansiedad por separación. Los Beagle suelen sentirse incómodos al estar solos, lo que puede llevarlos a aullar, deambular nerviosamente, babear en exceso o incluso causar daños en el hogar.
Castigarlos no es la solución; al contrario, puede intensificar el problema. Por ello, es recomendable proporcionarles juguetes interactivos que mantengan su mente ocupada durante la ausencia de sus dueños.
Para quienes tengan un Beagle, es fundamental tener paciencia, ser constantes y aplicar refuerzos positivos en el entrenamiento. Estimular su mente a través del olfato es clave, ya que un perro mentalmente fatigado tiene menor predisposición a ladrar o aullar por aburrimiento.
La mejor estrategia cuando un Beagle comienza a aullar en casa es ignorarlo por completo. Esto implica no prestarle atención, y premiarlo solo cuando se queda en silencio.
Además, familiarizar al perro con ruidos de fondo, como el de la televisión o la radio, puede ayudar a minimizar la reacción ante estímulos externos, reduciendo así el impacto de aquello que activa su instinto y provoca esos aullidos que, en ocasiones, resultan tan molestos.
Cabe señalar que, más allá del Beagle, otros perros también tienden a vocalizar en exceso. Existen aquellos que prefieren aullar y otros que ladran con frecuencia. Los primeros suelen estar más relacionados con sus antepasados lobunos, mientras que los segundos son típicos de razas de caza o alerta.
Ejemplos de perros que aúllan con frecuencia incluyen al Husky Siberiano, al Malamute de Alaska y al Samoyedo, los cuales también son propensos a sufrir de ansiedad por separación. No obstante, ninguno ha alcanzado la popularidad ni se ha adaptado a la vida doméstica como el Beagle.























