El secretario del Tesoro, Scott Bessent, había dejado claro que la intervención era un hecho. No obstante, el rally de la curva de bonos sigue su curso.
Bessent está llevando a cabo recompras de viejas emisiones de deuda, conforme a los términos que anunció, con el objetivo de mejorar la liquidez en la parte larga de la curva y reducir los diferenciales entre las emisiones antiguas y las más recientes.
Sin embargo, esto no detiene el repunte de toda la curva de bonos.
Este fenómeno se ha manifestado con intensidad. La semana pasada, se observó un brusco movimiento de veinte puntos base en un lapso de dos días, un proceso que aún continúa.
Este era el resultado que Bessent buscaba evitar.
Y logró mantenerlo bajo control hasta la semana pasada.
¿Qué ocurrió? Los vigilantes del mercado de bonos lo presionaron y él no ofreció resistencia. La pregunta que surge es: ¿quién tiene el poder aquí?
La Reserva Federal de Warsh elevó la tasa de interés a un día, impactando toda la curva de rendimiento. Es evidente que la determinación de Bessent no es la que establece el rumbo, mucho menos la de Trump.
Tal como solía decir James Carville, estratega de campaña de Bill Clinton, el mercado de bonos es el que traza la dirección, y en este momento, no está satisfecha.
Esto es un hecho. Sin embargo, la situación no es algo aleatorio. Los bonos se inspiran en la robustez de la economía y en las señales claras de aceleración, que se hicieron evidentes con el informe PMI difundido el miércoles pasado, el cual provocó una reacción inmediata en la curva.
Sin considerar en ningún momento la posibilidad de que Bessent pudiera contrarrestar dicha reacción.
Una vez que se revelaron las cartas, Bessent optó por mantenerse al margen, aunque anunció que David Zervos, un exestratega de Jefferies, se unirá a su equipo.
En tiempos de crisis, es útil tener refuerzos.
Las opciones que tenían Trump y Bessent incluían buscar una tregua con Irán, lo que podría haber aliviado los costos energéticos, pero no lo hicieron antes de la reunión de la Reserva. Además, rechazaron la oferta que presentó Teherán después. No está previsto que actúen antes de las elecciones del 3 de noviembre, lo que representa un alto riesgo, y ya se empiezan a notar las consecuencias.
Trump también desestimó la propuesta de Darío Amodei, de Anthropic, para desacelerar la expansión de la inteligencia artificial, a pesar de contar con el respaldo de Sam Altman (OpenAI) y Elon Musk.
La economía está en pleno auge y Trump mantiene su postura firme; no parece tener intención de disminuir la presión sobre Irán. Sabe que eso tendrá repercusiones en los precios del combustible. Intentó que la Reserva no interfiriese con un incremento de tasas, y frente a la visita de Xi Jinping, actuó con cautela.
Todo indica que las tasas de interés seguirán aumentando.
Con un crecimiento económico tan acelerado, no hay alternativa. O se modera el crecimiento o se produce un estallido, seguido de una posible estabilización.
O, taxativamente, Bessent se ve obligado a actuar. ¿Se animará a tomar decisiones antes de las elecciones? Posterior a eso, se espera que la situación se resuelva y que los precios del petróleo caigan drásticamente. La cuestión es si puede intervenir en este momento. ¿Dispone de los recursos suficientes? ¿O su postura es meramente una fachada?
Bessent tiene a su disposición 977 mil millones de dólares en la Reserva. Puede optar por lo mismo que en un cierre parcial del gobierno: dejar de colocar deuda. Sin embargo, debe asegurarse de que esa solución no sea más perjudicial que la propia enfermedad. No se dejó llevar por la presión de Trump, evitando el control de la curva o el establecimiento de un límite en las tasas. Lo más probable es que reduzca las emisiones a largo plazo, eliminando la colocación a 20 años y concentrándose en posiciones a 10 y 30 años. Si el momento es el adecuado, junto con un acuerdo con Irán, podría producirse un cambio significativo. La demanda está presente, ya que muchos fondos e instituciones buscan acumulaciones en niveles por encima del 5% que ya están en acción.
En tiempos adversos, la estrategia es esquivar el riesgo. Sin embargo, para mantener esta dirección, la Reserva Federal de Warsh necesita confirmar su independencia. El banco central debe proporcionar la estabilidad nominal necesaria; su determinación no puede estar sujeta a dudas durante momentos críticos como el actual.
¿Aún persiste la desconfianza en Warsh a pesar de la suba de tasas?
Esto será más evidente en la práctica. Es esencial cubrir el vacío dejado por la anulación de la forward guidance, ya que la volatilidad entre los bonos no es un buen sustituto. Durante las turbulencias, los mercados podrían elevarse de forma abrupta, y en caso de un colapso, podrían desplomarse con igual rapidez. La política monetaria no puede estar a merced de estos giros. Su reputación se verá afectada si no se actúa con base en razones válidas y se responde a demanda externa con ruido.
Las proyecciones de futuros contemplan múltiples aumentos de tasas, y la incertidumbre parece crecer. ¿Ese es el problema? Cada nuevo dato es un vaivén en las expectativas.
Contar con una postura informada, sostenida y que opere con criterios creíbles e independientes es la forma de evitar o mitigar las crisis. ¿Por qué la inflación se incrementa, mientras que la inflación esperada a mediano plazo se mantiene alineada con el objetivo del 2%, aunque este no fue cumplido desde 2021? Porque esa credibilidad, construida durante años, se sostiene. ¿Por qué no tuvo lugar la recesión en 2022, pese a que la inflación superó el 7% y la Reserva, al finalizar 2021, mantenía la tasa en cero y luego actuó con retrazo? Por la misma razón: la credibilidad actuó como ancla. En la actualidad, John Williams, de la Reserva Federal de Nueva York, está asumiendo ese rol, ofreciendo una brújula en medio del caos. “Es muy probable que un aumento más de tasa sea suficiente este año”, mencionó.
Esto brinda un mensaje tranquilizador.
Williams actúa como un punto de referencia en esta tempestad, y subraya que los deslices emocionales no deben guiar la política monetaria. La tarea de Warsh es restaurar lo que ha sido dañado.
En este caso, se refiere a los daños causados por él mismo.
Lo que Williams expresó, si lo hubiera dicho Warsh, parecería sacado de la Administración Trump. Es necesario recuperar la voz institucional, ya sea correcta o no, pero independientemente de los caprichos del poder y de las fluctuaciones del mercado. En esta época de cambios radicales, desde la tecnología hasta la geopolítica, la incertidumbre sobre si estamos ante un nuevo régimen de nominalidad es latente. Lo que se debe reafirmar es que no es así: el cambio de liderazgo en la institución no modifica su mandato. Para cumplir de manera óptima, no es necesario reinventar la pólvora ni actuar de manera improvisada.























