La secuencia de acontecimientos se inició en el cruce de la avenida Alvear y Juana Azurduy, en las afueras de Junín, donde la Policía Bonaerense acudió tras el aviso de un vecino que reportó la presencia sospechosa de un automóvil. Al llegar, los agentes identificaron un Volkswagen Vento gris con Salcedo en su interior y se acercaron para inspeccionar la situación, pero él, al notar la presencia policial, aceleró y emprendió la huida.
Durante la persecución que siguió por la Ruta Provincial 65, Salcedo demostró maniobras peligrosas y medidas evasivas durante aproximadamente 10 kilómetros, mientras era seguido de cerca por dos patrulleros. La persecución se detuvo finalmente frente al relleno sanitario de la zona, donde Salcedo colisionó con uno de los vehículos policiales y terminó volcando en una zanja. A pesar del accidente, resistió y continuó su escape a pie.
Desconociendo si el fugitivo portaba un arma o algún objeto peligroso, uno de los agentes se bajó del patrullero y disparó contra el Volkswagen. “¡No, lo mató, amigo! Le pegó un tiro en la cabeza“, narró un testigo que grabó la escena. Sin embargo, Salcedo logró seguir conduciendo durante unos kilómetros hasta que fue finalmente detenido por otro grupo policial.
Al ser arrestado, se registró su vehículo, donde se descubrieron un bidón de gasolina y dos botellas con trapos, listas como bombas molotov. La fiscal Vanina Lisazo, a cargo de la UFI N° 1 del Departamento Judicial Junín, acusó a Salcedo por daño calificado en flagrancia y resistencia a la autoridad. Además, se estableció una restricción perimetral por la denuncia de violencia presentada por su expareja.
Por otro lado, Lisazo no tomó medidas en contra del oficial que disparó, y la Auditoría General de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad de la provincia solo decidió que el policía debía someterse a una evaluación psicológica.






















