El decreto 588/2026, suscrito por el canciller Pablo Quirno, ordenó la conclusión de las funciones de Nimo, quien ocupaba el cargo de Agregado Especializado en el Área de Promoción de Inversiones y Comercio Internacional desde agosto de 2024. Su designación se realizó con el objetivo de atraer capital europeo, dado que había sido reconocido por poseer “las condiciones de idoneidad profesional necesarias para desempeñar dicho cargo”.
La administración actual arguyó que había que “lograr una mejor eficiencia del funcionamiento” de la representación argentina en Madrid. En el texto oficial, se subrayó que “el ejercicio de las funciones asignadas exige una actuación acorde con los lineamientos, directrices e instrucciones impartidos por el Estado Nacional en materia de política exterior”.
La elección de Nimo, quien se describía como un “mileista, menemista y guerrero de la Batalla Cultural”, fue justificada destacando la necesidad de “fortalecer la presencia” del Estado argentino en el exterior para “acompañar las proyecciones de las políticas comerciales y económicas” del Gobierno, especialmente en comercio internacional e inversiones. Al recibir su nombramiento, Nimo tuvo el rango de Consejero de Embajada y Cónsul General de forma protocolar mientras ejerciera su labor.
La discordia entre Nimo y Bunge Saravia se hizo evidente tres meses antes de la oficialización de su cese. El conflicto se intensificó cuando el embajador decidió retirar a Nimo su despacho en la sede diplomática situada en la calle Fernando El Santo 15, en el barrio de Salamanca, Madrid.
Según datos confirmados en ese momento, dicha medida era parte de una reestructuración interna, ya que la Embajada Argentina no renovaría el alquiler del lugar donde operaba el Consulado General y se debía redistribuir el espacio entre el personal, lo cual fue comunicado a través de un memo enviado a los más de 40 empleados de la sede.
Nimo no aceptó esta explicación y, a través de la red social X, expuso su perspectiva: “Quiero aclarar que no se trata de que me hayan desplazado del cargo, sino que simplemente, por decisión del embajador Bunge, me han quitado el despacho en el que trabajaba y atendía a los empresarios que invierten en Argentina”, manifestó. En ese mismo mensaje, agregó que esa oficina “se había convertido en un símbolo y un sitio de convergencia” para quienes apoyan las ideas del presidente Javier Milei, concluyendo que “deshacerse de mi oficina no fue deshacerse de mí. Fue deshacerse de un símbolo.”
Este comentario se transformó en una crítica política directa hacia el embajador al expresar su preocupación por la falta de compromiso en la reducción del Estado y en el cumplimiento de las pautas de responsabilidad fiscal promovidas por el presidente. Además, mencionó que había intentado presentarle sugerencias para optimizar los gastos de la misión diplomática, sin recibir respuesta.
El conflicto estaba alimentado por una acumulación de tensiones durante meses. Nimo, un abogado alineado con el ideario libertario y discípulo del economista español Jesús Huerta de Soto, había desarrollado en Madrid una agenda paralela de reuniones con empresarios, estableciendo vínculos en los sectores alimentario y ferroviario y compromisos de inversión que superaban los 2.500 millones de euros. Esta actividad, que coexistía con la agenda institucional de la embajada, generó desavenencias debido a la superposición de interlocutores y la autonomía en la organización de reuniones.
La situación alcanzó un nuevo nivel de tensión tras una entrevista que Nimo realizó con un influencer en redes sociales, donde defendió la política de austeridad fiscal del Gobierno argentino, destacó la “batalla cultural” y criticó la administración de Pedro Sánchez.























