Durante años, Argentina y Brasil compartieron el mismo fusil de combate: el emblemático FAL. Este arma, fabricada bajo licencia en ambos países, fue diseñada por la empresa belga FN Herstal y se convirtió en un ícono de la Guerra Fría, sirviendo como el fusil reglamentario de las Fuerzas Armadas de ambas naciones por más de medio siglo. Sin embargo, al momento de modernizar sus arsenales, ambos países tomaron caminos divergentes: mientras Brasil logró desarrollar un fusil propio que está siendo incorporado a su Ejército, Argentina no pudo concretar la producción del FARA 83. Este fue el tema central de la columna de Andrei Serbin Pont, quien en una conversación con Maru Duffard examinó la historia del FAL y las decisiones políticas e industriales que definieron cada uno de estos proyectos. El especialista destacó que el FAL fue denominado “el brazo derecho del mundo libre durante toda la Guerra Fría”, lo que refleja su importancia en los ejércitos occidentales desde finales de la década de 1950. Ambos países, en Sudamérica, produjeron el fusil e incorporaron miles de unidades a sus inventarios. Con el avance de la tecnología, la adopción del calibre 5,56×45 milímetros y la necesidad de contar con armas más ligeras, modulares y adaptadas a los estándares actuales, surgió la imperiosa necesidad de pensar en un nuevo fusil. Fue en este contexto que comenzaron a manifestarse las diferencias entre Argentina y Brasil. En nuestro país, el principal intento de reemplazo llegó con el FARA 83, desarrollado por Fabricaciones Militares a inicios de la década de 1980. Según Serbin Pont, “era un fusil moderno en calibre 5,56 que no prosperó por las condiciones económicas y políticas de principios de los años noventa y quedó en el abandono”. El proyecto nunca avanzó más allá de una producción limitada, lo que llevó al Ejército a continuar utilizando el FAL junto a distintos programas de modernización, pero sin contar con un sustituto nacional. En contrapartida, Brasil, según el analista, “sí logró continuar esa discusión” y mantuvo una política de desarrollo estable para su industria de defensa a lo largo del tiempo. Un actor clave en este proceso fue IMBEL (Indústria de Material Bélico do Brasil), la empresa estatal encargada de producir gran parte del armamento utilizado por las Fuerzas Armadas brasileñas. Aunque sus raíces se remontan a una fábrica de pólvora creada en 1808, desde la década de 1970 se ha consolidado como uno de los pilares de la industria militar en Brasil. Aprovechando la experiencia adquirida con el FAL, IMBEL desarrolló la familia de fusiles MD, que incluye los modelos MD1, MD2 y MD3, culminando en el MD97, un armamento que implementó soluciones técnicas modernas y fue adoptado por varias fuerzas policiales. “Este fusil fue ampliamente recibido, particularmente en sus versiones de carabina, por aquellas fuerzas que necesitaban aumentar su capacidad de fuego”, precisó Serbin Pont. No obstante, el Ejército brasileño consideró que el MD97 no era un reemplazo definitivo para el FAL y decidió desarrollar un armamento completamente nuevo, dando paso al IA2, presentado en 2010, homologado en 2012 y oficialmente adoptado al año siguiente. “En 2013 se realizó la adopción formal y comenzó un proceso gradual de reemplazo”, indicó el especialista. Este nuevo fusil se produce en versiones de 5,56×45 mm y 7,62×51 mm, una decisión que permitió conservar la potencia del calibre tradicional del FAL mientras se incorporaba un diseño adaptado a los estándares contemporáneos de ergonomía y modularidad. Para respaldar esta transición, Brasil asignó cerca de diez millones de dólares para expandir la capacidad industrial de IMBEL y mejorar sus cinco plantas clave, con el objetivo de alcanzar una producción cercana a diez mil fusiles anuales. Aunque el avance ha sido más lento de lo anticipado, el IA2 ha sido gradualmente incorporado en las unidades del Ejército. “Hoy en día existen numerosos IA2 en servicio, al igual que aún hay bastantes FAL en uso”, sostuvo Serbin Pont, quien describió una transición en curso mientras el fusil histórico sigue presente en parte del acervo. El experto enfatizó que este cambio no debe considerarse solamente la llegada de un nuevo fusil, sino el resultado de una política industrial estable durante décadas. En este sentido, aclaró que IMBEL produce actualmente desde armas individuales hasta municiones de artillería, explosivos y sistemas electrónicos de defensa, además de abastecer a diversas fuerzas de seguridad brasileñas. Por ejemplo, en la planta de Itajubá, se produce la nueva pistola MD1 GC, que se basa en la plataforma 1911 y está adaptada al calibre 9 milímetros, reemplazando modelos anteriores de servicio. Este modelo fue elegido tras una competencia “par a par con opciones extranjeras y privadas”, reafirmando el rol estratégico de la empresa estatal como proveedor del Estado brasileño. La experiencia brasileña contrasta marcadamente con la situación argentina. Más de cuarenta años después de que ambos países comenzaran la búsqueda de un sucesor para el FAL, Brasil cumplió con su objetivo convirtiéndolo en un programa industrial continuo que equipa a sus Fuerzas Armadas con un fusil desarrollado nacionalmente. Por su parte, Argentina no logró avanzar con el FARA 83 y desconfía de sucesivas modernizaciones del FAL. “Argentina no buscó con el FARA 83 convertir el FAL, sino que se inspiró en diseños como el HK33 alemán”, aclaró Serbin Pont. Para él, la disparidad entre ambos casos no radica únicamente en las características técnicas de los fusiles, sino en la capacidad de mantener durante décadas una política de desarrollo en la industria de defensa.
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