El nuevo esquema establece un período de carencia de 12 meses durante el cual se acumulan los aportes de los empleadores, pero los recursos aún no son rescatables. Además, existe un requisito adicional relacionado con el tiempo de registro del trabajador: este deberá haber estado registrado durante al menos 12 meses antes de su desvinculación para que su indemnización sea cubierta por el FAL.
Nahuel Bernués, fundador y CEO de una consultora, indicó que los primeros aportes se registrarán en enero de 2027. Dado que la carencia comienza a contarse desde que ARCA registra el primer ingreso, los fondos podrán empezar a ser utilizados recién a principios de 2028.
Durante 12 meses consecutivos, los aportes se acumulan sin posibilidad de ser retirados. Por lo tanto, una empresa que comience a aportar desde el inicio del régimen no tendrá acceso a esos recursos para cubrir indemnizaciones durante el año 2027, y solo podrá utilizarlos a partir de 2028.
Adicionalmente, para que una indemnización sea pagada desde el FAL, se debe también considerar el tiempo que el trabajador ha estado registrado. Si una persona es contratada en marzo de 2027 y despedida en enero de 2028, tendrá apenas 10 meses de antigüedad. A pesar de que el período de carencia del FAL haya finalizado, la empresa será responsable de afrontar la indemnización por su cuenta.
Para que el mecanismo funcione adecuadamente, deben cumplirse dos condiciones: que el fondo haya cumplido su período de carencia y que el trabajador cuente con al menos 12 meses de registro. Durante la fase de carencia, si una empresa decide despedir empleados, deberá cubrir las indemnizaciones con su propio capital.
Mientras los aportes al FAL continúan ingresando mensualmente, la empresa deberá contar con liquidez para afrontar cualquier desvinculación. Así, el FAL no elimina la necesidad inmediata de tener recursos disponibles para pagar indemnizaciones.
Una vez transcurridos los dos períodos de 12 meses, la empresa deberá verificar que la causa de la desvinculación esté dentro de las que permiten el uso del fondo, como el despido sin causa, el preaviso, mutuo acuerdo y fallecimiento.
Cuando corresponde utilizar los fondos, la empresa presenta una declaración jurada electrónica y la entidad administradora transfiere el dinero al trabajador en un máximo de cinco días hábiles. La cobertura está limitada al monto disponible, y si no es suficiente, el empleador debe completar la diferencia.
Las empresas deberán elegir entre dos vehículos para canalizar sus aportes al FAL: Fondos Comunes de Inversión (FCI) o fideicomisos financieros. Bernués resalta que ambos instrumentos son equivalentes en aspectos esenciales, pueden invertir en los mismos activos y tienen costos similares.
En un FCI, una sociedad gerente toma las decisiones de inversión y una entidad depositaria se encarga de conservar activos y realizar pagos. Las empresas reciben cuotapartes que denotan su participación en un fondo compartido. En un fideicomiso financiero, es un fiduciario quien administra bienes conforme a un contrato, y las empresas reciben certificados de participación. Cada compañía puede tener su propia cuenta y política de inversión dentro del fideicomiso, y se exige que el fiduciario publique un informe de valuación mensual.
En resumen, mientras que el FCI presenta un enfoque más estandarizado, el fideicomiso proporciona un esquema más personalizado, siendo este último potencialmente ventajoso para grandes empresas o grupos corporativos. La rentabilidad no debería ser el único criterio al seleccionar un fondo; es crucial asegurarse de que la entidad esté registrada ante la CNV como administradora habilitada para operar FAL, y que ninguna empresa posea más del 10% de su capital.
También es recomendable comparar la información periódica de cada fondo a través de factsheets, que son informes mensuales donde se detalla la inversión, el patrimonio administrado y el rendimiento en distintos períodos. Dado que todos los fondos tienen acceso al mismo menú de activos en pesos, se espera que los rendimientos sean relativamente similares, con las diferencias radicando en la duración promedio de las inversiones y la liquidez de cada fondo.
Bernués señala: “Una empresa con mucha rotación de personal necesita un fondo que pueda pagar rápido. A una empresa con nómina estable le puede servir un plazo algo más largo.”























