Durante la conversación, Sordo subrayó una definición clave: “El amor propio verdadero es humilde y compasivo”. La autora señala que esta noción a menudo se confunde con el egoísmo o la soberbia, cuando en realidad representa un ejercicio de honestidad interna. Según Sordo, este tipo de amor propio es el cimiento que permite a las personas proyectar autenticidad hacia el exterior. Sin un proceso previo de autoexamen sin filtros, es inviable mantener relaciones genuinas con los demás, ya que la contradicción inevitablemente terminará por manifestarse.
La psicóloga advierte que el panorama actual, marcado por las redes sociales, complica la autenticidad al imponer estándares de perfección que son inalcanzables. La constante comparación y la búsqueda de aprobación social a través de “me gusta” constituyen barreras que fragmentan la identidad personal. “Hoy estamos inmersos en una concepción del mundo que nos lleva a estar insatisfechos”, resalta Sordo, quien además observa que la ansiedad contemporánea es un síntoma directo de un entorno hiperconectado que obstaculiza el silencio y la reflexión personal.
Respecto a las relaciones auténticas, la autora rechaza la idea de que estas deben ser perfectas o libres de errores. Defiende que un vínculo saludable es aquel que no teme a las conversaciones difíciles, que incorpora el sentido del humor y que se fundamenta en la lealtad. La sinceridad, según su perspectiva, debe ir acompañada de compasión; no se trata de expresar cada pensamiento sin consideración, sino de comunicar las emociones de manera responsable, evitando culpar al otro y buscando la empatía como vía de conexión.
En relación con las emociones, Sordo critica el término gestión emocional, ya que lo asocia con un control excesivo. En su lugar, sugiere cultivar una mayor libertad emocional, permitiendo que la tristeza, la alegría o la ira broten. “La cagas y después, en esa misma autenticidad, reconoces que la cagas”, afirma al explicar que cometer errores es parte natural de la dinámica de los vínculos. La paz, para la psicóloga, no es un objetivo que se alcanza tras lograr el éxito, sino el resultado de tomar decisiones cotidianas coherentes con uno mismo. Detenerse a observar el propio diálogo interno es, en su opinión, la estrategia más efectiva para lograr bienestar mental.
Finalmente, la autora sostiene que el verdadero desafío de la vida radica en aprender a vivir de manera exponencial, es decir, con plena conciencia. Esto implica elegir acciones simples pero poderosas, como moderar el uso del celular, optar por una alimentación saludable y practicar momentos de silencio diario. La auténtica libertad humana reside en la actitud con la que cada persona decide afrontar las circunstancias que le corresponden, transformando así su entorno y sus relaciones.























