La presentación ante el RIGI representa un avance significativo en un proyecto que, al entrar en operación, podría generar exportaciones por USD 10.000 millones anuales durante 20 años y que se sostiene en el nuevo marco regulatorio. Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, subrayó: “Sin RIGI hoy no hay LNG. Lo dije al principio y lo sigo diciendo. Era muy necesario ese cambio y esa apertura a los negocios.”
La infraestructura requerida para este proyecto será de dimensiones sin precedentes en Argentina. El plan incluye la construcción de un gasoducto de 527 kilómetros que conectará Meseta Buena Esperanza, en Neuquén, con Sierra Grande, en Río Negro, con un diámetro de 48 pulgadas y una capacidad prevista de aproximadamente 100 millones de metros cúbicos diarios. Asimismo, se prevé la construcción de un poliducto para el transporte de líquidos asociados al gas, plantas de tratamiento y al menos dos barcos de licuefacción en el Golfo San Matías, marca un hito, ya que un gasoducto de ese diámetro no existe en el país.
El financiamiento del proyecto se configura como el mayor esquema de project finance en América Latina. Se estima que el desarrollo total requerirá cerca de USD 51.000 millones, distribuidos entre las fases de upstream, midstream y downstream, donde un 70% será cubierto por créditos internacionales y el 30% restante será aportado directamente por los socios. La prioridad es asegurar la financiación de la primera etapa, que asciende a USD 15.500 millones, con JP Morgan a cargo del diseño financiero. Hasta la fecha, 47 bancos han presentado propuestas, alcanzando un total que duplica lo requerido. “Cuando tienes un book que excede tus necesidades, eso significa mayor plazo y menos tasa”, aclaró Marín. Entre las entidades que participarían se encuentra Santander.
El esquema de inversiones contempla un desembolso total de USD 51.000 millones a lo largo de la totalidad del proyecto. Hasta 2031, se prevé una inversión cercana a USD 29.000 millones, con aproximadamente USD 24.000 millones destinados a infraestructura estratégica —que incluye complejos industriales, ductos, instalaciones portuarias y las dos unidades FLNG— y unos USD 5.000 millones para el desarrollo del upstream y perforación de pozos.
Los bloques que sustentarán el proyecto ya han sido definidos. Tras adquirir Meseta Buena Esperanza I y II, Aguada Villanueva Norte y Las Tacanas I y II, previamente en partes iguales entre YPF y Pluspetrol, un acuerdo de activos resultó en una distribución del 36% para YPF y 32% para cada uno de los socios internacionales. UPCO ARLNG I S.A.U., sociedad creada especialmente para el proyecto, gestionará estas áreas.
El impacto en el empleo también es un compromiso clave del proyecto. Durante la etapa de construcción, entre 2026 y 2030, Argentina LNG generará aproximadamente 20.000 puestos de trabajo anuales, alcanzando picos de hasta 40.000 trabajadores en momentos de mayor actividad. En la fase de operación, se proyecta que se mantendrán unos 8.000 empleos anuales, tanto directos como indirectos. Además, se estima una contratación de USD 15.000 millones en bienes y servicios con proveedores locales, lo que fomentaría el desarrollo de la industria en Neuquén, Río Negro y a lo largo de la cadena de valor energético nacional.
Uno de los puntos más esperados por la industria será la licitación de los caños para el gasoducto debido al volumen y la magnitud del contrato. Tenaris está evaluando realizar inversiones para participar, al menos, en el revestimiento, aunque la fabricación completa en el país resulta inviable por el diámetro necesario. El holding que dirige Paolo Rocca busca revertir su situación tras haber perdido la última licitación de caños frente a un competidor indio, que se impuso en el contrato para otro proyecto de GNL en el país, Southern Energy (SESA), cuyo liderato corresponde a Pan American Energy (PAE).
SESA ya firmó un acuerdo por USD 7.000 millones con una empresa estatal alemana para exportar 2 millones de toneladas anuales de GNL durante ocho años, comenzando a fines de 2027. Este volumen cubrirá aproximadamente el 80% de la capacidad del primer buque licuador, el Hilli Episeyo. Los buques de SESA cuentan con entre un 40% y un 60% menos de capacidad en comparación con los previstos para Argentina LNG, cuya fecha de inicio de operaciones está proyectada entre 2029 y 2031.























