Los videos, testimonios y la declaración de Uziel, el único sobreviviente de los mellizos, se han convertido en elementos cruciales para la investigación. La familia Ríos sostiene que el adolescente de 16 años que se presentó ante la Justicia podría no ser el responsable del ataque, y que en realidad su hermano mayor pudo haber agredido a Uziel, mientras que otro joven, identificado mediante grabaciones, sería quien apuñaló a Uriel.
Uriel Ríos Echegaray, de 17 años, estuvo en la fiesta organizada por varios colegios en un salón de Pocitos, a aproximadamente 20 kilómetros de su hogar. Uziel, también herido en el pecho y un brazo, logró sobrevivir, mientras que su familia denuncia que el ataque fue ejecutado por un grupo y que el asesino permanece en libertad.
En la madrugada del 22 de septiembre, Javier y su esposa Vanesa acompañaron a ambos hijos en ambulancias distintas tras recibir la noticia de sus graves estado. Tienen otros dos hijos, Franco y Milagros. Uriel estaba cursando el quinto año en el colegio Santa Teresita del Niño Jesús y se encontraba ansioso por su viaje de egresados y otras celebraciones relacionadas, como la elección del buzo. “Era fanático de Boca, veíamos los partidos juntos. Desde chico soñaba con jugar en la Bombonera”, recordó su padre.
La fiesta tuvo lugar en un salón llamado Quinta San Pedro, donde los hermanos llegaron en Uber. La trifulca comenzó cuando intentaban marcharse en una camioneta, conducida por la madre de una compañera que había ofrecido llevar a varios jóvenes a sus hogares. Según el relato del padre, sus hijos no habrían sido los instigadores del conflicto, que se originó entre otros chicos; cuando Uriel, Uziel y sus amigos intentaron irse, fueron alcanzados por los que participaban en la confrontación.
La fiesta concluyó alrededor de las 3.40 de la madrugada, tras una serie de incidentes que llevaron al dueño a apagar la música y encender las luces. Los adolescentes comenzaron a reunirse en las calles adyacentes. A las 4.10, uno de ellos amenazó con lanzar un ladrillo a la camioneta de los mellizos, lo que provocó que ambos descendieran para defenderse, iniciando así un nuevo altercado.
La familia Ríos cree que sus hijos podrían haber sido involuntarios participantes en una confrontación ajena y que incluso podrían haber sido confundidos con otros. Según diversos videos, el verdadero agresor no sería el menor que ha sido demorado, sino un hermano mayor y otro joven que participaron en el ataque, que fue quien asestó a Uriel la fatal puñalada.
La familia sostiene que el ataque involucró al menos dos cuchillos y múltiples agresores. “El verdadero asesino debe aparecer”, reiteró el padre. Un joven de 16 años se presentó ante la Justicia acompañado de un abogado y se abstuvo de declarar tras ser indagado.
A medida que avanzaba la investigación, comenzaron a surgir videos, imágenes y testimonios que hicieron dudar a la familia Ríos respecto a la culpabilidad del menor. Javier sostiene que podría haber un hermano mayor del adolescente detrás del ataque y teme que el menor asuma una responsabilidad que corresponde a otra persona, debido a que, por su edad, enfrenta un régimen penal diferente.
Esto constituye por ahora una hipótesis familiar que requiere verificación judicial. El abogado de los Ríos pidió ser aceptado como querellante para intervenir activamente en el caso y aportar información relevante. Buscan esclarecer quién empuñaba cada cuchillo y quién causó la herida mortal de Uriel.
Uziel es una figura clave en la investigación, y ofrecerá su testimonio en una Cámara Gesell. El mellizo necesita alrededor de 25 puntos en un brazo y su padre informó que una de las heridas estuvo cerca de perforarle un pulmón. Uziel continúa bajo tratamiento y evaluaciones médicas. Pero los efectos del ataque no se limitan a lo físico. Javier relató que su hijo se siente culpable por lo sucedido. “Yo no quería que fueran allí”, mencionó.
El padre expresó cómo ha cambiado el ambiente familiar y la tristeza que persiste por la ausencia de Uriel. “La casa ya no es la misma”, reflexionó. Las conversaciones familiares a menudo terminan en lágrimas y la realidad de su pérdida es omnipresente.
Javier solo pide a Dios que le brinde fuerzas para afrontar lo que viene. Ha exigido que los responsables sean llevados ante la Justicia y que ninguna otra familia viva la misma tragedia. Asimismo, cuestionó las condiciones en las que se realizan algunas fiestas privadas para adolescentes. “Había chicos de 14 años. Debe haber ambulancia y médicos. Pasan incidentes y se desentienden”, advirtió.
En medio de la inmensurable tristeza y preocupación por el hijo que sobrevive, la familia Ríos se aferra a la esperanza de conocer toda la verdad y que los culpables enfrenten las consecuencias de sus acciones.























