Desde entonces, la diferencia de tasas ha crecido en alrededor de 200 puntos básicos, un aumento cercano al 50 por ciento. La elevación del riesgo país se debe a una confluencia de factores internacionales desafiantes y a las dudas de los inversores sobre la economía nacional y la sostenibilidad de los pagos futuros.
Entre los factores internacionales se destaca que un riesgo país por encima de los 600 puntos básicos, junto con rendimientos del 5% (500 puntos básicos) para los bonos de Estados Unidos, implica que el Gobierno argentino debería aceptar tasas de alrededor del 11% anual (1.100 puntos básicos) para emitir nueva deuda en los mercados globales. Esta tasa resulta inviable para el país, implicando un alto costo de repago que lo sitúa al margen de esta vía de financiamiento, obligándolo a hacer frente a los vencimientos de capital e intereses de la deuda en dólares efectivos.
Analistas de Mills Capital señalaron que la subida del riesgo país “refleja una combinación de factores externos e internos. A la situación particular de Argentina se le suma un entorno internacional más complicado, marcado por tensiones geopolíticas y el aumento de las tasas estadounidenses, que afecta especialmente a los mercados emergentes”.
El análisis destaca que “no se debe interpretar necesariamente como un cambio en los fundamentos de Argentina, sino como una fase de mayor volatilidad en la que el mercado asigna un mayor riesgo. Los fundamentos continúan siendo un apoyo: la acumulación de reservas, el superávit fiscal y la mejora en el frente externo son factores relevantes”.
Desde Mills Capital también consideraron que la evolución futura del riesgo país dependerá de la estabilidad de estos fundamentos y de cómo se resuelvan las incertidumbres políticas. Si el contexto internacional se normaliza y Argentina sigue mejorando sus indicadores fundamentales, podría haber un espacio para una compresión de esta prima de riesgo.
Por su parte, expertos de IEB mencionaron que “la economía estadounidense mantiene su fortaleza”, aunque también advirtieron que la tasa a 10 años del Tesoro ha superado nuevamente el 5% -lo que no ocurría desde 2007- y que existe una creciente probabilidad de un nuevo aumento por parte de la Reserva Federal en octubre (64%). El fortalecimiento del dólar afecta a los mercados emergentes. En el caso de Argentina, el efecto se limita al riesgo país y la valoración de activos, mientras que el tipo de cambio, las tasas, las reservas y la inflación se mantienen controladas gracias a las medidas fiscales. Con un mercado interno relativamente tranquilo, la atención se desplaza hacia la política en vistas a las elecciones de 2027.
A nivel local, la cautela de los inversores es evidente ante un ritmo de adquisiciones más lento por parte del Banco Central y el estancamiento de la actividad económica. En este contexto, los bonos soberanos en dólares con vencimiento corto han mostrado mayor resistencia, mientras que las opciones a mediano y largo plazo han sufrido mayores bajas, según observó Ignacio Morales, Director de Inversiones de Wise Capital.
El economista Gustavo Ber destacó que “los activos domésticos atraviesan un período de debilidad y, cada vez más, tienen dificultades para ajustarse a momentos de mayor apetito global por el riesgo, incluso cuando Wall Street se encuentra cerca de sus máximos. Esto se debe a que los inversores parecen optar por un enfoque defensivo de cara a un largo proceso electoral: aunque reconocen que las valuaciones en bonos y acciones son atractivas, aún no están dispuestos a incrementar sus posiciones en sus carteras.























