A pesar de su avanzada edad, Sneed mantiene una rutina activa. Asiste tres veces por semana a clases de ejercicio en un centro de Columbus, Georgia. Su rutina incluye diferentes circuitos y ejercicios cardiovasculares utilizando pesas y bandas de resistencia, lo que demuestra su compromiso con el bienestar físico.
Durante una reciente entrevista, Sneed recordó una frase que aprendió de uno de sus maestros en su infancia en Shiloh, un pequeño pueblo de menos de 400 habitantes en Alabama. Esta enseñanza, que escuchó por primera vez alrededor de 1932, ha guiado su vida hasta el presente. “Bueno, mejor, excelente: nunca te conformes. Hasta que lo bueno se vuelva mejor y lo mejor se vuelva excelente”, recordó con claridad.
Más de noventa años después de haber escuchado esa frase, Sneed aún aplica este lema a su vida diaria. Aunque no puede realizar todos los ejercicios al ritmo de sus compañeros más jóvenes, hace lo “suficiente para salir adelante y mejorar cada día”. Su determinación resalta en su enfoque hacia el ejercicio y el autocuidado, manteniéndose siempre en busca del progreso.
Su vida militar comenzó mientras aún cursaba la escuela secundaria, cuando el director informó sobre el ataque a Pearl Harbor, la base naval estadounidense en Hawái que fue bombardeada por la Armada Imperial Japonesa. Luego de graduarse, caminó 24 kilómetros hasta un juzgado para alistarse, incorporándose al Ejército el mismo día que cumplió 18 años. En la Prueba de Clasificación General, logró alcanzar 135 puntos sobre 150, lo que le permitió integrarse a la categoría más alta, destinada a puestos técnicos y de liderazgo.
“El sargento me dijo: ‘Sacaste 135 en esa prueba. Te voy a dar uno de esos tanques que están ahí afuera’”, recordaba con una sonrisa.
Después de su entrenamiento en Fort Clark, Texas, Sneed fue enviado al norte de África, Italia y la frontera con Suiza. Cuando se le preguntó si alguna vez sintió miedo por su vida, Sneed respondió: “¿Quién no lo tendría? Todos esos aviones lanzando bombas y la sirena sonando todo el tiempo. No podías dormir. No tenías a quién recurrir más que al buen Dios de arriba”. Esta reflexión muestra la ansiedad que vivió en tiempos de guerra y su fe como un ancla en medio del caos.
Al finalizar la guerra, su historia refleja una realidad amarga, ya que los soldados negros fueron retirados de los tanques para que los soldados blancos ocuparan sus posiciones durante las fotografías de victoria, hecho que fue transmitido por su hija Janet. Esta situación pone de manifiesto las tensiones raciales que persistieron incluso en momentos de celebraciones.
Una vez regresó a Alabama, logró conseguir empleo. “Mientras pueda trabajar con mis manos, soy feliz”, aseguró Sneed. En ese período, sus ingresos variaban entre 50 y 75 centavos diarios. Con esmero y dedicación, logró construir una casa para su familia, tabla por tabla, lo que refleja su carácter perseverante.
Aunque no tuvo la oportunidad de asistir a la universidad, se aseguró de que sus cinco hijos tuvieran la educación que él no pudo recibir. Su esfuerzo y dedicación dieron sus frutos, ya que todos lograron graduarse.
Su esposa, Minnie, se destacó en su comunidad al convertirse en una de las primeras docentes negras en las escuelas para estudiantes blancos del distrito. Sin embargo, a pesar de su valía y capacidades, el superintendente local le impidió su contratación, obligándola a aceptar un puesto en un condado vecino.
Por otra parte, Sneed contribuyó activamente a la filial local de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color. Formó parte de un grupo que ayudó a la contratación del primer policía estatal afroamericano de Alabama y fue testigo de tiempos difíciles, pasando noches vigilando una iglesia ante amenazas de incendio.
Cuando cumplió 100 años, Sneed se mudó a Columbus para vivir con su hija Janet. Esta decisión surgió de su preocupación por el impacto del paso del tiempo en la salud de su padre, quien decidió llevarlo a la YMCA para que se mantuviera activo. “Fue lo mejor que hicimos”, sostiene Janet, reflejando la importancia del ejercicio en la longevidad y el bienestar de su padre.
Desde su incorporación a la YMCA, Sneed se ha convertido en el miembro más veterano de la comunidad. Brittany Brown, trabajadora de la organización, expresa: “La gente viene y dice: ‘Soy demasiado viejo para hacer ejercicio’. Siempre les respondo: ‘Tenemos aquí a alguien de 103 años. No hay excusas’”.
Finalmente, al reflexionar sobre las dificultades que ha enfrentado a lo largo de su vida, Sneed enfatiza que es fundamental no concentrarse en aquello que uno no puede controlar. “Tuve muchas decepciones, claro. Pero me mantengo activo, tranquilo y hago lo que Dios me dice, y entonces nada me molesta”, concluyó, demostrando cómo su fe y determinación han sido claves en su vida.























