Un informe del IERAL, centro de estudios de la Fundación Mediterránea, revela que este indicador se encuentra un 6% por debajo de lo registrado hace diez años. En otras palabras, la economía ha asignado más trabajo y capital a la producción, pero no ha logrado un crecimiento equivalente en la oferta de bienes y servicios. Si bien cada hora trabajada utiliza un 3% más de capital que en 2016, el rendimiento general de los recursos ha disminuido.
Uno de los aspectos que explica esta situación es la evolución de la productividad total de los factores (PTF), que ha caído un 7% en el mismo período. Este indicador refleja la parte del crecimiento de la producción que no se atribuye directamente a la cantidad de trabajo y capital empleados, sino que está relacionado con factores como el avance tecnológico, la innovación, la calidad de la gestión y la organización de los procesos productivos.
Desde 2016, se ha registrado una tendencia a la baja en la PTF. Esto señala que la mera incorporación de recursos no garantiza un aumento en la producción; la eficiencia en la combinación y aprovechamiento de esos recursos es igualmente crucial.
La caída promedio del 6% en la productividad laboral entre 2016 y 2025 oculta variaciones significativas entre diferentes sectores económicos. Hoteles y restaurantes lideraron los descensos con una baja del 16%, seguidos por el comercio con un 15% y la construcción con un 11%. También reportaron descensos los sectores de electricidad, gas y agua (-10%), industria (-9%) y pesca (-8%). En contraste, minería e intermediación financiera lograron aumentos del 21% y 14%, respectivamente.
Desde 2023, la productividad por hora trabajada ha mostrado una recuperación moderada, ubicándose un 2% por encima de los niveles de ese año. Sin embargo, este avance se ha concentrado en un número reducido de actividades. El sector agro ha destacado con un incremento del 41%, aunque gran parte de este crecimiento responde al rebote tras la sequía de 2023. Le siguieron la intermediación financiera, con un 24%, y la minería, con un 23%.
Por el contrario, la construcción ha acumulado una caída del 8% desde 2023, mientras que el comercio ha retrocedido un 6% e industria un 4,5%. Así, diversos sectores continúan enfrentando pérdidas de productividad que arrastran desde 2016.
El IERAL subrayó que la recuperación sigue siendo limitada. Los avances en algunos sectores no son suficientes para compensar las pérdidas acumuladas y contrastan con la evolución de las actividades que concentran la mayor parte del empleo. Se destacó que los sectores cuya productividad laboral disminuyó entre 2023 y el último año concentran el 71% de las horas trabajadas en el primer trimestre de 2026, lo que indica que la mayor parte del tiempo asignado a la actividad económica proviene de rubros que aún no recuperaron los niveles de productividad de 2023.
En contraste, las actividades con mayores aumentos desde 2023 —agro, minería e intermediación financiera— representan apenas el 8% de las horas trabajadas. Esta disparidad pone de relieve las dificultades para que las mejoras en un número limitado de sectores impulsen una recuperación generalizada.
La evolución de la productividad laboral también influye en los ingresos y la competitividad de la economía. Sin incrementos sostenidos en la producción por hora trabajada, se complica la posibilidad de mantener aumentos salariales sin elevar los costos por unidad producida.
Revertir esta tendencia requiere una mejora en la productividad total de los factores (PTF). Las empresas juegan un papel central en este proceso al incorporar tecnologías, innovar y definir cómo organizar la producción. Sin embargo, su capacidad para mejorar la eficiencia no solo depende de decisiones individuales, sino también de contar con instituciones sólidas y un marco regulatorio que fomente la inversión, la innovación y la competencia.
El informe asocia este desafío con la posibilidad de que Argentina avance hacia un tipo de cambio real más bajo, impulsado por el ingreso de divisas de las exportaciones de recursos naturales. En este contexto, lograr mejoras en productividad se vuelve esencial para mantener la competitividad sin depender de una reducción en los costos laborales.
El IERAL concluyó que el objetivo debe ser crear condiciones que permitan a las empresas aprovechar mejor sus recursos, de modo que estas mejoras se traduzcan en salarios más altos y una economía más competitiva.






















