Este convenio es notablemente inusual, ya que, por lo general, el gobierno de Estados Unidos delega la exploración y producción de petróleo a compañías privadas, sin optar por participación directa en esos negocios. Además, se trata de un proyecto ambicioso que probablemente requerirá años para dar resultados debido a la deteriorada infraestructura, la corrupción generalizada y la inestabilidad política en Venezuela.
Venezuela dispone de una vasta cantidad de petróleo.
Con más de 300.000 millones (300 millardos) de barriles de “reservas probadas de petróleo”, definidas como aquellos recursos que podrían extraerse de forma rentable, Venezuela es el país que concentra la mayor cantidad de petróleo en el mundo, según datos del Oil & Gas Journal, que agrupa información proporcionada por gobiernos globales.
En contraste, Estados Unidos, el país líder en producción petrolera, contaba con 81 millardos de barriles de reservas durante el pasado año, según dicha publicación.
No obstante, varios especialistas consideran que las estimaciones sobre las reservas venezolanas son excesivamente optimistas, al basarse en supuestos poco realistas sobre la viabilidad de extraer petróleo. Sin embargo, hay consenso en la industria sobre la existencia de abundantes recursos petroleros en el país.
Desde la nacionalización de la industria en la década de 1970, el gobierno venezolano ha controlado estas reservas. Sin embargo, Petróleos de Venezuela (PDVSA), la empresa estatal, ha enfrentado dificultades para explotar esos recursos, según lo manifestado por Miguel Tinker Salas, profesor de historia latinoamericana en el Pomona College.
“Existía una corrupción desenfrenada, hasta el punto en que los trabajadores sustraían equipos y los vendían en el mercado negro porque no recibían su salario”, comentó. “Además, las sanciones de Estados Unidos no deben subestimarse, ya que Venezuela se vio imposibilitada de obtener créditos en el mercado internacional”.
Venezuela llegó a producir más de tres millones de barriles diarios entre las décadas de 1970 y 1990. No obstante, en julio de este año, su producción se estimó en 1,12 millones de barriles diarios, de acuerdo a datos de la Agencia Internacional de Energía.
La relación entre EE. UU. y el petróleo venezolano ha sido compleja.
Históricamente, Estados Unidos fue el mayor comprador del petróleo venezolano, pero esta dinámica se alteró en 2019, cuando el gobierno de Trump implementó sanciones más severas. A partir de 2023, los envíos se reanudaron y aumentaron tras la captura de Nicolás Maduro, el líder venezolano, por parte de fuerzas estadounidenses en enero; sin embargo, las cantidades se mantienen relativamente bajas si se comparan con estándares históricos. En años recientes, prácticamente todo el crudo venezolano se ha destinado a China.
El petróleo en Venezuela es distinto al que se extrae en EE. UU.: posee características más viscosas y densas. Para su refinación se necesita más energía y equipo, aunque muchas refinerías estadounidenses están preparadas para procesar este tipo de crudo.
La política de Venezuela ha oscilado entre abrirse a la inversión privada y mantener el control estatal sobre la producción petrolera. En la década de 1990, el país permitió la inversión extranjera, pero en 2007, bajo la presidencia de Hugo Chávez, exigió a las petroleras que reduzcan su participación en proyectos sin ofrecer compensación. Algunas empresas, como Chevron, renegociaron sus contratos, mientras que otras, como ConocoPhillips y Exxon Mobil, optaron por retirarse y luego intentaron recuperar compensaciones, aunque con escaso éxito.
A pesar de las dificultades, las compañías que permanecieron han apostado a que sus inversiones en Venezuela resultarán rentables a largo plazo.
Chevron se encuentra en negociaciones avanzadas para ampliar su presencia en el país, representando aproximadamente el 25% de la producción nacional.
¿Qué implica el nuevo acuerdo de Trump para Venezuela y los precios del petróleo?
El acuerdo anunciado señala que Estados Unidos podría adquirir un 35% de participación en la segunda petrolera privada más extensa de Venezuela, North American Blue Energy Partners (NABEP). Asimismo, el gobierno estadounidense tendría el derecho de comprar el 20% del petróleo producido en las instalaciones de NABEP a precio de costo, además de la opción de adquirir el 80% restante.
El gobierno venezolano ha asegurado que este acuerdo generará un incremento de 200 millardos de dólares en ingresos fiscales. NABEP, por su parte, proyecta invertir 100 millardos de dólares para elevar la producción petrolera.
No obstante, muchos ciudadanos venezolanos se muestran escépticos respecto a este convenio, manifestando su preocupación. Actualmente, NABEP produce alrededor de 200.000 barriles diarios, y lograr una producción superior a un millón de barriles podría llevar varios años. Por ende, es improbable que el acuerdo tenga un impacto inmediato en los precios del petróleo o en combustibles como gasolina y diésel.






















