El símbolo que Javier Milei eligió para representar su presidencia, una motosierra, ha evolucionado hacia la figura de un serrucho. Esta herramienta, con su trayectoria de dientes en zig zag, ilustra tanto la actividad económica que lucha por despegar como el comportamiento de la inflación, que en los últimos meses se ha visto atrapada en una dinámica fluctuante de aumentos y descensos. La preocupación se reavivó el jueves, cuando se dio a conocer que la inflación de julio alcanzó el 2,1%, tras el 1,9% registrado en junio, que había marcado la tercera disminución consecutiva desde el 3,8% de marzo pasado. A pesar de que los expertos anticipan una ligera disminución de la inflación en la segunda mitad del año, el índice continúa mostrando variaciones. Existen cuatro aspectos clave que ayudan a entender esta situación. En el índice de julio jugaron un papel importante los precios estacionales, especialmente los asociados a recreación y hotelería durante las vacaciones de invierno, así como ciertos productos como las verduras que experimentaron aumentos significativos. El aumento más destacado correspondió al zapallo anco, que se encareció un 55% en el mes. Según la consultora LCG, en julio “los estacionales presionaron al alza general pero fueron compensados por menores aumentos en Regulados. Así, podría pensarse que la aceleración de la inflación correspondió enteramente a una mayor inflación núcleo, que pasó de 1,6% a 1,8% en julio. El rubro de Alimentos y Bebidas pasó de 1,3% a 2%”. La variación también se vio afectada por la subida del 5% en el dólar en junio. Aunque desde el Banco Central se sostiene que el tipo de cambio y la inflación se han desacoplado, su impacto no puede ser ignorado. Julio Neufeld, economista de la Fundación Libertad y Progreso, afirmó: “Tuvimos una mayor incidencia del rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas en relación con el mes pasado. La depreciación del tipo de cambio mayorista entre mayo y julio rondó el 6%, como consecuencia los bienes transables sufren del efecto de pass through, con este rubro como primer damnificado”. Otro factor que afecta la evolución de los precios es el costo del combustible. En este sentido, Luis Caputo mencionó que, debido al conflicto en Medio Oriente, “el precio del petróleo se duplicó en los últimos ocho meses. Todos los países están sufriendo una mayor inflación y un menor crecimiento”. A pesar de que el Gobierno implementó un esquema denominado buffer para mitigar el impacto directo del aumento del crudo en los precios, la nafta subió un 24% entre febrero y julio, lo que repercutió en el transporte y la logística. El cuarto elemento se refiere a los ajustes tarifarios, un componente clave en la estrategia del Gobierno para reducir subsidios y mantener el equilibrio fiscal. Además, el aumento del dólar también incide en las facturas. Desde ACM se sostiene que “para lo que sigue del 2026 se espera que los bienes continúen actuando como principal ancla del proceso de desinflación, en un contexto de tipo de cambio relativamente estable y mayor apertura comercial, factores que vienen moderando la dinámica de los precios transables. En contraste, la inflación en servicios, y particularmente en tarifas de servicios públicos, seguiría mostrando mayor empuje, impulsada por la continuidad en la corrección de precios relativos y la reducción de subsidios”. A pesar de esta trayectoria fluctuante, las expectativas de los economistas privados apuntan a que la inflación seguirá un camino a la baja. La Fundación Libertad y Progreso prevé que “de cara al futuro, esperamos volver a transitar el sendero desinflacionario en el que nos habíamos embarcado. Con los fundamentals fiscales en línea y la contención de la base monetaria, la inflación debería tender a la baja en el mediano y largo plazo”. Su pronóstico para agosto es una inflación del 1,8%, con un índice que se desacelerará en el resto del semestre. Para Eric Ritondale, economista jefe de Puente, “hacia adelante, la previsión es que el proceso de desinflación continúe en los próximos meses. Sin embargo, la trayectoria de la inflación no será un proceso estrictamente lineal, sino que mostrará cierta volatilidad mensual dada la estacionalidad propia de ciertos rubros y las readecuaciones de precios relativos.
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Nº Edición: 75























