En una reciente entrevista, el exministro de Economía criticó la tendencia de la Casa Rosada a simplificar los debates mediante una polarización extrema. “Ponen todo blanco o negro. Entonces, cuando cuestionás, te desacreditan con insultos. Por ejemplo, si decís que subió la mora, te dicen, ‘ah no, es porque vos querés darle a la maquinita’”, ilustró.
Lacunza también destacó que el Gobierno adopta un “enfoque dogmático y fanático”, lo que lo lleva a cuestionar la sostenibilidad del programa económico en el largo plazo. Recalcó que se prioriza demasiado la previsibilidad de precios y el rédito electoral inmediato, en detrimento de cuestiones fundamentales como la producción y el empleo.
Acto seguido, lanzó una advertencia: “Me asusta. Tengo miedo de que termine mal, yo vi otros programas que empezaban bien y terminaron mal por no reconocer a tiempo los matices y los cambios”.
En ese sentido, subrayó: “Porque podés bajar la inflación de 200% a 30% pero ir del 30% a 0% es más difícil: antes vas a tener un problema social y electoral. Y ese es el verdadero riesgo del kirchnerismo”.
Desde su perspectiva, el Gobierno ha experimentado una notable caída en su popularidad desde el inicio de su gestión. “Si sigue en ese rumbo y se deshilacha, va a ganar el kirchnerismo de nuevo”, aseguró.
Frente a esta coyuntura, el economista instó a construir una propuesta de “centro derecha liberal republicana” y diferenció esta iniciativa de la de La Libertad Avanza: “Tiene que abrir el mercado pero al mismo tiempo le salten las alarmas si 30.000 empresas desaparecen o baja el empleo”.
“Yo no quiero asistir a un nuevo naufragio de una propuesta, por más bien intencionada que esté, por más claro que tenga el norte. El camino importa”, insistió.
Argumentó que, aunque el Gobierno tiene razón al afirmar que no hay crecimiento sin estabilidad, esta última resulta insuficiente si no se traduce en desarrollo. “Sin crecimiento, la estabilidad no dura, porque naufraga socialmente primero y políticamente después”, enfatizó.
Finalmente, Lacunza consideró que las reformas estructurales, como la disminución de impuestos, requieren consensos y pactos fiscales con las provincias. “Eso no lo vas a lograr con insultos y con látigos, necesitás las instituciones”, concluyó.























