Casi dos décadas más tarde, la presencia de robots en el ámbito quirúrgico ha crecido de forma constante. “Desde principios de 2025, Argentina ha comenzado a mostrar indicadores de crecimiento en la instalación de esta tecnología, similares a los que presentan otros países de América Latina. En el último año, se han instalado robots quirúrgicos en diversos centros de AMBA, Mar del Plata, Misiones, Córdoba, Santa Fe, Catamarca, Tucumán, Río Negro y Chubut, alcanzando más de 25 dispositivos quirúrgicos endoscópicos que ya están en funcionamiento o próximos a serlo”, expone Gustavo García Fornari.
Este médico es el jefe del área de Cirugía Robótica del Hospital Italiano, que se destaca por ser el primer centro de salud del país en desarrollar un programa permanente en este campo desde 2008, cuando incorporaron su primer robot Da Vinci. Desde esa fecha, han realizado más de 2.500 cirugías, de las cuales el 95% han sido urológicas.
Para comprender el funcionamiento de un robot en el quirófano, es crucial señalar que el cirujano sigue siendo el principal responsable de la operación. El robot actúa como un aliado, proporcionando una herramienta adicional que permite mayor precisión y eficiencia en la realización de los procedimientos. “El robot cumple un rol fundamental en la planificación previa de la cirugía y en la ejecución de los cortes necesarios para la colocación de componentes protésicos. Sin embargo, es el cirujano experto quien supervisa y dirige todos sus movimientos”, remarca Ricardo Munafó, director del centro de Cirugía de Cadera y Rodilla de la Trinidad Palermo, que ha incorporado recientemente un robot Rosa.
Las ventajas de la cirugía robótica son numerosas en comparación con la cirugía tradicional o laparoscópica. “En primer lugar, se cuenta con una visión tridimensional supermagnificada. Las pinzas del robot, a diferencia de las rígidas utilizadas en laparoscopía, se mueven como si fueran una mano. Manejas el joystick y la pinza se mueve exactamente igual que tu mano, lo que te otorga mucha más precisión en tus movimientos, sobre todo en espacios reducidos”, explica Patricio Cal, cirujano bariátrico del Hospital Churruca, donde efectúan cirugías robóticas desde 2016.
En Argentina, actualmente existen cinco marcas de robots quirúrgicos, que se dividen en dos grandes grupos. “Desde hace más de una década, el Da Vinci ha sido una opción para cirugía general, urológica, de tórax, ginecológica y colorrectal, y ha perdido la exclusividad de su patente; existen copias en el mundo, como el Toumai, que está logrando más aceptación en Argentina. Este sistema robótico sustituye a la laparoscopía o torascopía. Para la cirugía de reemplazo articular protésico de cadera y rodilla, el primer sistema desarrollado fue el Mako en 2011. Posteriormente, las grandes empresas de ortopedia a nivel mundial comenzaron a fabricar sus propios sistemas, como el Rosa o el Cori”, explica Andrés Anania, traumatólogo especializado en cirugía robótica que opera con el robot Mako en el Sanatorio Finochietto.
En ambos casos, el robot replica el movimiento de la mano humana de manera superior. “Incrementa los ángulos de movilidad y elimina el temblor natural presente en cualquier ser humano, y lo hace a escala mucho más pequeña, lo que le confiere una precisión milimétrica en el momento de realizar un corte”, sintetiza Diego Belisle, director del Programa de Cirugía Robótica del Sanatorio Allende de Córdoba, que ha alcanzado las 120 intervenciones de este tipo en apenas ocho meses. Para Belisle, esta exactitud resulta beneficiosa para las cirugías oncológicas, pues permite preservar la mayor cantidad de tejido sano alrededor de la lesión que se pretende extirpar.
En las operaciones de cadera y rodilla, el robot facilita la colocación del implante con una precisión mucho mayor en comparación con la cirugía ortopédica convencional. Anania enfatiza que el Mako, además, cuenta con capacidades tomográficas en 3D y se alimenta de una base de datos universal anonimizada que incluye cirugías realizadas anteriormente con este sistema, “lo que permite planificar y ejecutar la cirugía siguiente con un mayor volumen de información”.
“Es fundamental comprender el contexto en el que la robótica compite según la especialidad”, aclara Sebastián Defranchi, director médico del Hospital Universitario Fundación Favaloro, que empezó a realizar sus primeras intervenciones de cirugía cardíaca en diciembre y ya ha realizado alrededor de 30. En estas prácticas, señala, la cirugía convencional con apertura del esternón sigue siendo la más habitual.
“En cambio, en especialidades como cirugía torácica, colorrectal o urología, los abordajes mínimamente invasivos como la videotoracoscopía y la laparoscopía se han convertido en el estándar desde hace años. En esos casos, la robótica amplía las capacidades que esas técnicas ya ofrecen, pero con una precisión superior”.
La tendencia global señala que los robots continúan ganando terreno como parte de los procedimientos mínimamente invasivos, mientras que la frecuencia de las cirugías abiertas va disminuyendo. Las ventajas son evidentes para los cirujanos. Pero, ¿qué beneficios encuentran los pacientes? Todos los especialistas coinciden en que las cirugías resultan más seguras, además de que, al ser mínimamente invasivas, presentan un menor riesgo de complicaciones, un tiempo de recuperación más ágil, un menor dolor postoperatorio, una reducción en la necesidad de analgésicos, estancias hospitalarias más cortas y una mayor eficacia en las terapias kinésicas tras las cirugías ortopédicas.
“La cirugía robótica ha dejado de ser una tecnología lejana o experimental. Se ha convertido en una herramienta que forma parte de la evolución natural de la medicina moderna. Cada vez más pacientes demandan procedimientos menos invasivos que impliquen recuperaciones rápidas y mejores resultados funcionales. En este marco, la cirugía robótica se presenta como una alternativa viable, sobre todo en centros de alta complejidad”, comenta Pablo Contreras, médico del Servicio de Urología del Hospital Alemán, donde realizan aproximadamente 40 procedimientos al mes, especialmente para el tratamiento de cálculos renales.
El desembolso económico necesario para que un centro de salud cuente con un equipamiento de esta índole es considerable. Comprar un robot de alta tecnología puede rondar los dos millones de dólares. Este elevado costo explica, en gran medida, la razón por la que la mayoría de estos equipos se encuentran en centros privados. En el sistema público, los hospitales Madariaga de Posadas y el Churruca son los únicos que actualmente mantienen programas de cirugía robótica, siendo este último un establecimiento público que atiende también a personal policial.
El hospital Madariaga fue pionero en el sistema público al adquirir su primer robot en 2012, y desde entonces ha realizado más de 2.000 cirugías, con un promedio actual de 100 al año. “La cirugía robótica puede aplicarse prácticamente a todas las intervenciones mínimamente invasivas. Sin embargo, debido a su complejidad y a los costos asociados, en nuestro hospital está destinada prioritariamente a intervenciones oncológicas y otros procedimientos laparoscópicos complejos”, explica David Rywaka, ginecólogo y jefe de Robótica.
Este profesional sostiene que la experiencia de Misiones podría servir como un modelo a seguir para otras provincias. A pesar de que la inversión inicial para la adquisición de un sistema robótico es elevada, “cuando se evalúa el proceso asistencial completo, la cirugía robótica demuestra ser una tecnología costo-efectiva para pacientes cuidadosamente seleccionados”.
Al reducir el riesgo de complicaciones y acortar la estancia hospitalaria, “se optimiza la utilización de los recursos, mejorando la disponibilidad de camas y permitiendo ofrecer una atención de mejor calidad y eficiencia”, añade el médico.
Además del aspecto financiero, el avance de la robótica enfrenta otro desafío crítico: el recurso humano, ya que es fundamental que los profesionales reciban capacitación específica para el manejo de estas tecnologías.
Igualmente, el acceso a esta innovación es un tema que no puede ser ignorado. En el ámbito privado, en algunos casos, la obra social o prepaga cubre la totalidad de los costos y en otras ocasiones, existen modalidades híbridas donde se autoriza la cirugía y el paciente abona un cargo adicional si se trata de un procedimiento robótico. ¿Cuánto puede ser ese costo adicional? Varía significativamente según la complejidad de la cirugía y los materiales requeridos por el robot, con montos que pueden oscillarse entre 3.000 y 17.000 dólares.
“La cobertura por parte de los financieros irá evolucionando con el tiempo, al igual que sucedió previamente en otros países”, estima Norberto Bernardo, profesor titular de la Cátedra de Urología de la UBA y cirujano robótico que opera con el Da Vinci en el Sanatorio Finochietto. Bernardo antepone que “el futuro de la cirugía mínimamente invasiva será predominantemente robótica” y hace hincapié en que en Norteamérica, Europa y ciertos centros de Asia, este procedimiento ya es el estándar de atención.
¿Es posible que eso mismo ocurra en Argentina, por ejemplo, en diez años? Para Defranchi, la respuesta es afirmativa, pero sugiere que deben cumplirse ciertas condiciones. “El costo del equipamiento y de los insumos tiene que disminuir, la cobertura financiera debe ampliarse y deben existir más centros con el volumen adecuado para formar cirujanos competentes. No basta con tener el robot: se requiere construir un ecosistema”, resalta. Y concluye: “Argentina cuenta con instituciones con la capacidad real de emprender este camino; el desafío es que la cirugía robótica no se convierta en una tecnología exclusiva de élite.”























