Existen dos enfoques generales según el apetito de riesgo de cada persona. El contexto actual del mercado favorece esta estrategia, ya que la agencia calificadora Moody’s elevó la calificación de la deuda argentina de ‘Caa1’ a ‘B3’ y ajustó el pronóstico a positivo. Esta decisión se basó en la mejora de la consolidación fiscal, la reducción de la inflación, el menor riesgo de incumplimiento y la fortaleza en las exportaciones de energía y minería. Como consecuencia inmediata, el riesgo país (EMBIGD) disminuyó en 11 puntos básicos, alcanzando los 410 puntos, aunque luego repuntó a 450 puntos.
Los rendimientos también reflejan esta situación. El AL30, uno de los bonos soberanos más transaccionados, ofrece un rendimiento cercano al 7% anual en dólares, en comparación con el 12% que llegó a ofrecer a inicios de año. Este bono, emitido bajo legislación argentina, tiene un vencimiento programado para julio de 2030 y paga intereses semestralmente. Su estructura permite prever un retorno aproximado del 10% anual en dólares, sumando el cobro de cupones y una posible apreciación del capital si el panorama macroeconómico sigue mejorando. Dado que su vencimiento se da varios años después de las elecciones de 2027, su desempeño queda vinculado al resultado de ese proceso electoral.
Por otro lado, el AO27 presenta una estructura diferente: en lugar de abonar intereses cada seis meses, ofrece pagos mensuales de cupones y devolverá el capital total al vencimiento, que ocurre un día después de las elecciones presidencial de 2027, permitiendo la recuperación del capital casi al final del proceso electoral. Actualmente, ofrece una TIR del 3,55%, que es más baja que la de otros títulos en este análisis.
El AO29 también realiza pagos mensuales de intereses y amortiza el capital en su totalidad al vencimiento, programado para el 31 de octubre de 2029, durante el próximo gobierno, dos años tras las elecciones de 2027. Según el jefe de Estrategia e Inversiones de Mills Capital, este bono, a pesar de tener un vencimiento un año posterior al AO28, mantiene la misma metodología de pagos con un rendimiento del 6% anual, lo que lo convierte en una opción atractiva para los inversores minoristas. Actualmente, su TIR es cercana al 8%.
La variable que más distingue a estos tres instrumentos es su plazo respecto a las elecciones de 2027. Según estimaciones, en un escenario donde el oficialismo no sostenga su posición en los comicios, un bono con un plazo más extenso como el AL35 podría experimentar una caída de aproximadamente el 31%, ofreciendo así una TIR del 15%, evidenciando la sensibilidad de los precios de los títulos a las proyecciones políticas.
Adicionalmente, el universo de deuda soberana en dólares se clasifica en dos grandes categorías: los Bonares, que se rigen por ley argentina (como el AL29, AL30, AL35, AL41, AN29 y AO27), y los Globales, que se rigen por la ley de Nueva York (como el GD29, GD30, GD35, GD38, GD41 y GD46).
No solo la jurisdicción marca la diferencia entre ambas, sino que, en términos generales, los bonos Globales suelen ofrecer mayor protección legal al inversor en caso de un eventual default, aunque el spread ha disminuido a medida que el riesgo país se ha reducido. En cuanto a su estructura, bonos como el AL30 distribuyen intereses semestralmente y amortizan el capital en cuotas, mientras que los instrumentos como el AO27 distribuyen intereses cada mes y devuelven el capital en su totalidad al vencimiento.
Como en muchas decisiones relacionadas con la renta fija en pesos y dólares durante el presente año, el desenlace de las elecciones presidenciales de 2027 se manifiesta como un factor crítico: los bonos con vencimiento antes de esa fecha, o justo después, como el AO27, enfrentan un menor riesgo político, mientras que aquellos que vencen en 2029 o más adelante están más expuestos a las decisiones que el mercado tome en relación con la continuidad del rumbo económico actual.























