La apertura estuvo a cargo del bonaerense Silvio Zurzolo, quien pidió un plan productivo sin rodeos. El cierre lo encabezó el presidente de la UIA, Martín Rappallini, que rompió con la actitud de no cuestionar al Gobierno que había predominado durante estos tres años y planteó que “la competitividad no depende del esfuerzo de cada empresa, sino también de las condiciones que ofrece el país. La apertura económica y la competitividad tienen que avanzar juntas, y el Estado tiene que generar las condiciones para que podamos hacerlo”. También expresó preocupación por la necesidad de “sostener la producción y el empleo formal” y recordó que detrás de las empresas hay personas y familias.
La respuesta del ministro de Economía incluyó consignas políticas, referencias a la campaña de 2027 y medidas que, en lugar de revertir la crisis industrial, buscan prolongar su supervivencia.
Caputo inició su exposición con un discurso alejado del reclamo de los presentes. Afirmó que está claro “dónde la gente no quiere volver” y que “los datos convalidan” el éxito del programa económico. Eligió cifras de las gestiones de Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández para sostener que los resultados de Milei son mejores en todos los aspectos. También dijo que “se triplicaron las jubilaciones en dólares y recuperaron un 40 por ciento de lo que perdieron”. Luego afirmó que la economía creció 16,4 por ciento, una cifra presentada como falsa en la nota.
Para entonces, el ministro cosechaba apenas aplausos moderados. Incluso intentó asociar a Rappallini con su campaña política: “Yo hablo mucho con Martin y se que volver atrás no es la visión de la UIA, y la gran mayoría abrumadora de los empresarios no tiene ningún asidero volver a este pasado”, expresó. La respuesta de los industriales fue el silencio, mientras esperaban soluciones.
Después, reconoció que la crisis afecta a la Argentina, aunque atribuyó el problema a factores externos y no a la política económica. “Con el shock externo el nivel de crecimiento bajó, lo mismo pasó en Chile y Uruguay. Ya veo mucha gente perdiendo la convicción, diciendo que hay que poner plata en la calle, en la gente. Un shock negativo no se combate con un shock de demanda positivo”, diagnosticó, sin responder, según el planteo de la nota, a lo que reclama la UIA.
Al terminar esa explicación, añadió: “no sé si se entendió… alguno haga así, plis”. Se refería a que los asistentes movieran la cabeza para asentir. Solo unos pocos lo hicieron.
Paliativos para una industria herida
En ese marco, Caputo anunció medidas de alivio que, según la nota, reflejan que reconoce el deterioro de la industria, pero solo ofrece respuestas de corto alcance. Entre ellas, dispuso suspender los embargos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) hasta mayo de 2027 y extender el plan de pago de deudas en 18 cuotas. La propuesta permitirá incluir obligaciones vencidas hasta el 31 de octubre, cuando el límite anterior era el 30 de junio.
Las pequeñas y medianas empresas podrán aplicar la totalidad de los saldos a favor por exportaciones o por el impuesto al valor agregado vinculado con exportaciones al pago de deudas aduaneras. Además, el ministro anticipó que el Banco Nación ofrecerá créditos de tres a cinco años, a una tasa fija cercana al 20 por ciento, para comprar automóviles cero kilómetro. La nota señala que el problema es la falta de ventas, causada por la escasez de dinero entre los consumidores y la caída de la actividad, y no la falta de crédito.
Caputo apunta a las empresas “no rentables”
En otro tramo de su discurso, Caputo insistió en que la crisis no es consecuencia del modelo económico, sino de la falta de creatividad de algunas empresas.
“Cuando me dicen la industria no es rentable, yo digo que eso depende de la decisión empresarial”, afirmó. Luego agregó: “por ejemplo, ¿neumáticos si o no?, Porque el los producía los cobraba cuatro veces lo que valían”. La frase fue un dardo dirigido a Javier Madanes Quintanilla, dueño de FATE, uno de los grandes fabricantes que cerraron en medio de la crisis durante el gobierno de Milei.
En la misma línea, sostuvo que “no sabemos si esa empresa puede ser competitiva o no. Lumilagro podía tomar la misma actitud y no lo hizo, produce y exporta”. La empresa de termos, afín a la apertura económica, dejó de fabricar y pasó a importar. Caputo presentó esa decisión como conveniente ante empresarios que buscan sostener la producción nacional.
Madanes no fue el único aludido. Sin mencionarlos, el ministro también se refirió a los Karagozian, propietarios de una de las mayores empresas textiles del país, que está en concurso de acreedores. “Al mismo tiempo que algunos se presentaron en concurso, Algodonera del Valle se transformó en una de las más modernas del mundo”. Caputo había visitado esa firma en Catamarca. Es propiedad de Luis Tendlarz, uno de los vicepresidentes de la UIA. “Dos casos dentro de la misma industria, uno toma una actitud y otro toma otra”, concluyó, sin considerar, según la nota, la falta de una política destinada al sector fabril como trasfondo de la situación.























