En su nuevo cargo, Bernstein planea reunirse con las filiales locales y sus voluntarios para definir los próximos pasos. “La filial de Toronto, en Canadá, es la más importante, y la de Argentina, la más grande de América Latina. Realmente estoy sorprendido por el trabajo que hacen los que forman parte de B’nai B’rith, aquí, especialmente su líder Ricardo Reisin, un neurólogo muy reconocido”, afirma.
Consultado sobre la misión de la entidad, responde: “Ser la voz de la comunidad para unir a la gente en general, judía y no judía, porque no somos una organización puntualmente religiosa, ya que congregamos gente religiosa, no religiosa, laica. Por eso es importante tener una red que funcione en más de 50 países con voluntarios que vayan en el mismo sentido”. Bernstein nació en Connecticut, se graduó en Harvard y vive en Washington, donde está la sede central de B’nai B’rith. El nombre de la organización significa “Hijos del Pacto” y fue fundada en Nueva York en 1843 por inmigrantes judíos alemanes.
Bernstein se define como un agente de cambio. “Yo llego a este nuevo rol como agente de cambio. Hasta ahora, la persona que estaba en esta posición, Daniel Mariaschin, se enfocaba en lo macro, en las políticas internacionales. Ahora quiero poner énfasis en el trabajo de los voluntarios en cada una de las sedes del mundo para ayudar y unir a la gente de la comunidad que lo necesite”, dice durante una conversación en el Hotel Park Tower.
El antisemitismo aparece pronto entre los temas de la charla. Sobre la situación local, Bernstein sostiene: “Sin dudas lo que se está viviendo aquí es especial. Ha bajado mucho el nivel de agresiones antisemitas en comparación con muchos países del mundo. Argentina tiene un gobierno como el de Javier Milei que es muy amigable y apoya a la comunidad judía. Ojalá hubiera más gobiernos que respalden como lo hace el argentino. Hoy es más fácil ser judío en Argentina que en la mayoría de los países del mundo”.
Tras su estadía en Buenos Aires, el director ejecutivo viajará a Bruselas, París, Londres y Dublín. “Te aseguro que en estos lugares la situación para la comunidad judía es mucho más difícil y mucho tiene que ver con la inmigración de musulmanes radicales que está cambiando el ADN europeo, algo que no sucede con Argentina, donde el judío puede expresarse libremente. En cuanto a ciudades, Buenos Aires, quizás junto a Miami, son de las más seguras del mundo”.
Mientras toma un café, Bernstein hace una pausa antes de continuar: “No conozco ninguna otra religión en el mundo que tenga que hacer tanto para protegerse como la comunidad judía. Hay que tener en cuenta que sólo representa un 0,2 por ciento de la población mundial, sin embargo, parece que el judío es el malo de la película, el depositario de todos los males. Vemos lo que sucede en sociedades modernas como en España, Italia, Alemania, Inglaterra, donde los ataques son constantes”.
Al referirse a Estados Unidos, afirma que el antisemitismo “está cercano al que se vivía en la década del ’30, cuando la política tenía en el partido nazi a uno de los frentes más fuertes y el judaísmo enfrentaba el antisemitismo de derecha, con referentes como Henry Ford y el Klu Klux Klan. Pero hoy la situación es más compleja, porque las redes sociales lo están cambiando todo, adoctrinan y entonces tenés antisemitismo de ultraderecha y de extrema izquierda. Lo único que la izquierda y la derecha radicales tienen en común es su odio al judío”.
Luego retoma la evolución de las cifras en el país: “En los años ’60, en Estados Unidos, el antisemitismo era del 21 por ciento, mientras que en 2020, ese porcentaje cayó al 13. ¿Qué significa un 13 por ciento de la sociedad norteamericana? Casi 45 millones de habitantes que hoy se comunican de una manera que en los ’60 no se podía. Lo que hacen las redes sociales es amplificar ese odio, porque hoy cualquiera baja línea. Por otra parte ya no hay más gente moderada, los que lo eran se polarizaron en los extremos. Para la izquierda somos colonizadores, genocidas, sionistas y no se nos considera una minoría; para la derecha somos los que controlamos los bancos, los avaros, los que tenemos cuernos”.
Bernstein describe las redes sociales como “gasolina” y cuestiona el apoyo que, según dice, reciben Gaza y Hamás en distintas marchas. “Claro que sorprende y llama la atención la gente que en distintas marchas apoya a Gaza y a Hamás… Me refiero a la comunidad gay, el activismo LGBT+, el movimiento feminista, que flamean la bandera de Palestina en cada ocasión… Muchos de ellos no sobrevivirían ni un día en lugares como la Franja de Gaza. ¿A qué se debe ese apoyo? Creo que el mundo antisemita hizo un trabajo puntilloso en los últimos años, incluso antes del 7 de octubre de 2023, dejando un mensaje claro y sencillo. Mientras ellos jugaban al ajedrez, nosotros lo hacíamos a las damas”, dice, en una reflexión autocrítica.
El ataque del 7 de octubre, señala, marcó “un antes y un después, una bisagra que lo ha cambiado todo para el pueblo judío. Estamos en una situación muy similar a la que nos encontrábamos en el pre-holocausto, en la década del ’30, pero creo que es un momento aún más complejo por las redes sociales que hicieron aflorar distintos tipos de antisemitismo”.
Después comparte una experiencia familiar. “Tuve una infancia y adolescencia tranquilas, pero mis hijos no la van a pasar bien. Yo debí cambiar de colegio este año a mi hijo de 16 años, por el acoso que estuvo sufriendo. Estudiantes de derecha y de izquierda agrediendo diariamente a mi hijo, sin ningún tipo de apoyo de la escuela”.
Tras el 7 de octubre, agrega, “el patriotismo y el ‘ser judío’ se intensificó en muchas personas, pero también otra gente empezó a sentir miedo y a evitar mostrar su judaísmo fuera de Israel. Siento, también, que el pro Israel, fuera del país, no está lo suficientemente unido. Para ser el 0,2 por ciento de la población mundial deberíamos estar más unidos y como líder judío me parte el corazón, no podemos permitirnos ese lujo en este momento. En Israel, donde tengo parte de mi familia, hay muchos debates y discusiones sobre la guerra, la política, la religión, la conducción de Netanyahu, lo que no quita que el ciudadano esté orgulloso de ser israelí”.























