¿Cuáles son las lecciones que se pueden extraer de este resultado? Primero, la importancia de contar con un instrumento político-electoral bien organizado y capaz de movilizar a la ciudadanía. La tasa de abstención en esta segunda vuelta fue del 19.2 %, una notable disminución respecto al 21.2 % de la primera vuelta, marcando el nivel más bajo desde 2006. Para lograr esto, el Partido de los Trabajadores (PT) debió abandonar su enfoque tradicional y salir a conectar con los votantes en las calles, a diferencia de la primera vuelta, donde muchos votantes se quedaron en casa, confiando en un triunfo inminente. Sin embargo, ante la amenaza de Bolsonaro, decidieron ir a votar y los resultados reflejan esta decisión.
El concepto de “territorio” es esencial en cualquier proceso electoral y no puede ser dejado de lado en favor de estudios televisivos o mediáticos. Este error fue uno de los más significativos del PT en la primera vuelta.
La segunda enseñanza se refiere a los “otros territorios” donde se libran batallas en la actualidad. Las redes sociales se han convertido en un espacio crucial, controlado por un grupo reducido de magnates tecnológicos que manipulan las percepciones mediante algoritmos. El pesimismo de amplios sectores de la izquierda respecto a esta situación se basaba en la idea errónea de que los ciudadanos estaban indefensos ante las manipulaciones digitales. La sorprendente remontada de Lula desmiente este planteamiento pesimista, demostrando que, aunque plataformas como Meta y X pueden influir en la opinión pública, su poder no es absoluto y puede ser contrarrestado mediante estrategias adecuadas por parte de movimientos populares. Esto requiere la creación de un amplio contingente de activistas digitales dispuestos a intervenir en el ámbito digital.
El PT y Lula no tomaron en cuenta este aspecto en la primera vuelta, pero ajustaron su estrategia en la segunda, lo que se tradujo en resultados positivos. La revelación de la importancia del ámbito digital llegó tras el éxito de Ana Elisa Santos Silva, una joven afrobrasileña de 21 años que, al ser elegida diputada federal por Minas Gerais, obtuvo la mayor cantidad de votos en la historia sin contar con el respaldo de su partido, gracias a su dedicación en las redes sociales y a una impresionante cantidad de seguidores en Instagram. Su éxito generó un fuerte impacto en la dirigencia del PT y llevó a Lula a reconocer la pérdida del control en este espacio.
Otro joven, el diputado federal André Janones, quien ya tenía una fuerte presencia en redes sociales pero no contaba con el apoyo del liderazgo partidario, se inspiró en el logro de Ana Elisa y organizó en WhatsApp un “Ejército de Lula”, creando en pocas semanas un grupo de diez millones de voluntarios. Estas experiencias resaltan la necesidad de reconectar con el territorio físico y abordar el espacio digital como parte integral de la estrategia electoral.
La relevancia de esta victoria se analizará en futuras notas, pero ya se puede resaltar una conclusión: el imperialismo no es invencible, y resignarse ante sus amenazas sería un grave error. A pesar de los intentos de Trump por torpedear el triunfo de Lula, la voluntad popular fue decisiva. Su apoyo a los Bolsonaro no fue suficiente para revertir el deseo de cambio en el pueblo brasileño, y resultó en una derrota significativa. Tanto Brasil como Latinoamérica no serán relegadas a ser un “patio trasero del imperio.” La idea de que el imperialismo es invulnerable debe ser desechada.
La oleada ultraderechista que amenazaba con arrasar la región se estrelló contra el patriotismo del pueblo brasileño. Ahora, con Brasil y México como puntos de resistencia, es fundamental que Argentina se una a este movimiento y ponga fin al proyecto colonizador representado por el actual referente de la extrema derecha y sus aliados.























