La presencia del Sumo Pontífice ha estimulado a la comunidad católica que participa en esta tradición, y muchos de los que marchan comparten sus expectativas al respecto.
María Luján Oribe, de 23 años, se destaca entre los peregrinos. Para ella, esta experiencia es particularmente significativa, ya que es la primera vez que se une a la peregrinación, impulsada por la visita del Papa.
El vínculo que tiene con la Basílica de Luján se remonta a muchos años atrás. Con una sonrisa, cuenta: “Mi nombre no es casual. Mis papás fueron a peregrinar hace 24 años para pedir por mí”.
Relata que su madre no podía tener hijos, mientras que su padre sí lo podría hacer. Ella le propuso a su esposo ir a Luján para pedir un hijo. Llegaron exhaustos por la caminata, y al mes recibieron la noticia esperada: la llegada de María Luján.
“Mis padres pensaron que sería un varón, pero cuando supieron que sería una niña no dudaron en ponerme el nombre de la Virgen”, señala.
Ahora, María Luján sigue el mismo camino que sus padres. “Mis papás tenían mi edad cuando peregrinaron por primera vez. Veintitrés años después, soy yo la que lo hace”, agrega.
Para ella, este año tiene un significado adicional debido a la llegada del Papa. Esa visita fue un factor determinante en su decisión de caminar hasta la Basílica. También viene a agradecer y a solicitar algo personal que prefiere no revelar, con la esperanza de que se cumpla. “Estoy muy entusiasmada por su llegada. Decidí venir porque creo que este es un momento especial. Es la primera vez que conoceré a un Papa. Será una lluvia de bendiciones. Creo que iré al Cottolengo”, anticipa.
María no está sola en su travesía; la acompaña su amiga Verónica Bustamante, de 32 años, quien también tiene una razón personal para participar. “Vengo a agradecer porque gracias a Jesús y a la Virgen, logré curarme de momentos difíciles de mi vida. Quiero expresarles mi gratitud, ya que fue como renacer”, explica.
Verónica también espera con ansias la llegada del Papa. “Estoy muy entusiasmada porque creo que su llegada traerá paz al país. Para mí, su presencia en esta época es una enorme bendición”, agrega.
Laura Sanguino, de 46 años, representa la tradición, ya que esta será su 31° peregrinación. Comenzó a caminar por primera vez a los 15 años, motivada por la salud de su padre, un camionero que había estado involucrado en varios accidentes.
“Tenía 15 años cuando vine por primera vez debido a mi papá. Le pedí mucho a la Virgen para que lo cuidara porque tenía miedo de perderlo”, relata, conmovida.
El llanto se hace presente cuando comienza a relatar la historia que definió su vida. “Me costó muchísimo tener a mi hijo. Perdí dos embarazos después de él. Le pedí tanto a la Virgen”, recuerda mientras las lágrimas surcan su rostro.
Su amiga, que la acompaña, toma su mano, también emocionada por la historia conocida. “Me detectaron células cancerígenas. Me tenía que operar, pero el médico me dijo que había que hacerme una prueba de embarazo. Dije que no era necesario, porque no podía quedar embarazada, pero me hice la prueba y el resultado fue positivo”, comparte.
La alegría de la noticia pronto se transformó en temor, ya que el médico le advirtió que el bebé podía no sobrevivir. “Estuve embarazada con ese miedo todo el tiempo”, relata Laura.
Mientras enfrentaba esa difícil etapa, su esposo peregrinó a Luján. “Mi marido fue a pedir y le dieron el aceite de la lámpara de la Virgen. Yo rezaba todas las noches y me pasaba el aceite por la panza”, rememora.
El médico con el que trató le dijo: “Esto es un milagro, no puede estar vivo”. Hoy su hijo, Manuel, tiene 10 años, en honor al negrito Manuel de la Virgen.
Laura vuelve a caminar, atesorando un vínculo que comenzó hace años. “El Papa llega en un momento importante. Todos están atravesando dificultades. Su llegada es crucial para nosotros, los fieles”, sostiene.
Ethel Beatriz Romero, de 46 años, también comparte su historia. “Comencé a peregrinar cuando era adolescente”, menciona. Su camino a Luján fue motivado por un pedido relacionado con la salud de su familia, que sufrió una intoxicación grave.
Desde entonces, ha regresado en múltiples ocasiones, y ahora espera ansiosamente conocer al Papa. “La llegada del Papa es emocionante para todos, especialmente en un momento complicado como el actual”, concluye.
A medida que Ethel habla, la lluvia se intensifica. Los vendedores ambulantes continúan ofreciendo pilotos, y los peregrinos se preparan para enfrentar el desafío. Ajustan sus zapatillas, protegen sus pies con bolsas y se colocan capuchas. Todos comparten el mismo destino: 60 kilómetros hacia Luján.























